Revelan métodos de tortura del Estado Islámico

Como cabe suponer, las condiciones al interior del sistema carcelario del Estado Islámico (EI) son terroríficas, pero los métodos de tortura revelados en un nuevo informe llevan a otro nivel la depravación del grupo yihadista en el territorio que controla en Irak y Siria, y ponen de manifiesto la sofisticación de su proceso de interrogatorio y encarcelamiento.

Un nuevo informe del Centro Internacional para el Estudio del Extremismo Violento, con autoría de expertos que incluyen a Ahmet S. Yayla, ex director de la división de operaciones y contraterrorismo de la policía turca, detalla la presión psicológica que ejercen los militantes del grupo en los rehenes que tienen bajo su control.

Las prisiones del Estado Islámico son administradas por diversas secciones del grupo, incluidas su policía islámica, lahisbah (policía moral), Emni (las fuerzas de seguridad) y la policía militar. La tortura física a que están sometidos los prisioneros consiste de siete métodos citados en el informe: flagelación, baño de combustible,bisat al-rih (alfombra voladora),shabeh (el fantasma), la silla alemana, el mordedor y el neumático.

El neumático, la silla alemana y el fantasma son métodos para contorsionar al rehén y exponer una parte del cuerpo para la flagelación. El grupo utiliza el combustible como un método de tortura psicológica, mediante el cual esposan al rehén y lo bañan con gasolina, amenazándolo con prenderle fuego si no confiesa presuntos crímenes. Los prisioneros sometidos al fantasma quedan colgados del techo o el marco de una puerta durante días.

Un sirio de 33 años detalló su experiencia con un interrogador tunecino, quien lo acusaba de haber sido miembro del grupo rebelde Ejército Libre Sirio (ELS) y sin más, procedió a prenderle fuego. “Llegó con un bidón de un galón y me bañó con petróleo, del pecho hacia abajo. Dijo que confesara o me quemaría”, reveló. “Pensé que intentaba asustarme. Nunca imaginé que lo haría. Lo siguiente que recuerdo es despertar en un hospital”. El ataque dejó sus genitales gravemente quemados.

La alfombra voladora es un método que utiliza el Estado Islámico, en el cual colocan al prisionero sobre dos tablas articuladas que los combatientes pueden doblar, mientras las piernas y los brazos del rehén se encuentran atadas a la parte posterior de las tablas, contorsionando su cuerpo. “En esta postura de V, los pies y la cabeza de la víctima se acercan, causando lesiones graves y a menudo, permanentes, en la columna vertebral”, afirma el informe. Los combatientes también golpean y electrocutan a los prisioneros atados a las tablas.

En el caso de las mujeres, es común que utilicen al mordedor, una herramienta consistente en grandes tenazas o mandíbulas de metal con que los miembros del Estado Islámico aprietan los senos de las rehenes, causándoles un dolor insoportable. Esto corría a cargo de las mujeres que formaban parte de lahisbah del grupo. Una mujer de 63 años detalló la experiencia y el sufrimiento que padeció a manos de la policía moral en la ciudad de Al Raqa, en el oriente de Siria.

“Lloré y supliqué que me perdonaran. Una de ellas [una carcelera del Estado Islámico] dijo que me callara. Entonces me miró un seno y preguntó qué había pasado. Respondí que había tenido cáncer. Dijo que dejaría el otro con el mismo aspecto”, recordó. “Entonces preguntó si había oído hablar del mordedor. Solo pude llorar. Cuando me mordió con aquella cosa, grité con la esperanza de que la gente de Al Raqa me escuchara”.

Una de las formas de tortura psicológica más despiadadas que el grupo aplicaba a los prisioneros era el uso de cabezas cercenadas. En su relato para el informe, una mujer contó a los investigadores que vio la cabeza cortada de un hombre en la jaula de una prisionera. Resultó que aquella cabeza cortada era del hermano de la rehén.

“Aparté la mirada. No quería ver la cabeza”, dijo. “La [prisionera, inconsciente] despertó y retrocedió a un rincón de su pequeña jaula, apartándose tanto como pudo de la cabeza. Miraba en derredor, jadeando fuertemente… La giró hacia sí para ver la cara”.

“Y cuando vio el rostro, empezó a lanzar alaridos. Gritó con todas sus fuerzas, durante mucho tiempo. No dejaba de golpearse la cara mientras gritaba. Me pareció que lo conocía. Al día siguiente, fueron a llevarse la cabeza. Una de las mujeres de lahisbah nos dijo que la cabeza pertenecía al hermano infiel de la mujer. La prisionera no comió ni pronunció palabra en dos días”, aseguró.

Otro detalle del informe es que los prisioneros que compartían celdas tenían que participar en cursos sharia, donde estudiaban la versión del islam ultraconservador del grupo. Uno de los cursos se llamaba “Redención”, y el objetivo de las lecciones era “adoctrinar a los detenidos en la ideología del Estado Islámico antes de liberarlos”, asegura el informe. Las clases eran impartidas por los funcionarios sharia de mayor rango dentro de la organización.

En cuanto a su comercio de esclavas sexuales, el Estado Islámico no se limitaba a las mujeres yazidíes, a quienes raptó y violó de manera sistemática luego de invadir la región iraquí de Sinyar, en 2014; también capturaba a las esposas e hijas de combatientes ELS y del Frente Al-Nusra, un afiliado de Al-Qaeda en Siria, hoy conocido como Jabhat Fateh al-Sham.

Quienes sobreviven a los métodos de tortura tienen la opción de marcharse, pero con la condición de que paguen al grupo por su libertad o bien, si reúnen las destrezas requeridas, deben quedarse a trabajar para el grupo en alguna de sus unidades. Sin embargo, si los prisioneros no pueden pagar o no son diestros, los militantes del grupo “intentan presionar a los exdetenidos… para que participen en operaciones suicidas”.

Los autores obtuvieron los detalles durante entrevistas con 72 prisioneros, desertores del grupo, y fuentes del frente, a lo largo de 18 meses.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek