Los estudios lo comprueban: vivimos
en una época de estrés y velocidad en donde queremos todo en el momento y hemos
dejado de lado las cosas que realmente importan en la vida. Eduardo Massé aún
tiene esperanza en los ciudadanos del mundo y ha desarrollado, junto con
colegas de universidades como Harvard y Oxford, un método para vivir en
bienestar: lo llaman la ciencia aplicada del bienestar integra.
“Llevo más de 22 años estudiando el
tema del desarrollo humano. Tuve la oportunidad de trabajar siete años con un
fenómeno de la transformación en Estados Unidos que se llama Anthony Robbins.
Después llegué a Harvard con Tal-Ben Shahar y ahí cambió mi rumbo de vida”,
cuenta Massé, y habla de cómo Shahar lo animó a dedicarse a eso que lo apasionaba:
ayudar a las personas.

FOTO: Antonio Cruz
Muchos autores, filósofos y sabios
han hablado durante años sobre la importancia del bienestar y de cómo
alcanzarlo. En realidad, lo que Massé hace es agregar a estas teorías
espirituales una base científica en la que se deben modificar hábitos para que existan
cambios químicos, celulares y de pensamiento en las personas que deciden poner
en práctica la ciencia aplicada del bienestar integral.
“Siempre hay una base científica.
Cuando trabajamos con empresas empezamos a aplicar la estructura con los
líderes y vamos descendiendo al resto del equipo de trabajo. La gente se va
metiendo en el tema, lo aplican, ven resultados y el mentor pasa a segundo
plano porque el resultado que ves en los compañeros con los que convives día a
día funciona como motivación”, explica en una soleada terraza de Polanco. “Eso
significa que si trabajo con una empresa de mil empleados estoy impactando a
mil familias, es contagioso, se multiplica”.

FOTO: Antonio Cruz
Para quienes viven en ciudades como
la Ciudad de México puede parecer complicado vivir bien: tránsito pesado,
problemas, políticos corruptos, inestabilidad laboral y muchos otros factores.
“Yo creo que, como país, estamos a
punto de estrellarnos contra una pared”, opina Massé. “Las empresas en México
son parte del problema porque, cuando el cerebro se siente amenazado, rechazado
y aislado, ¿qué pasa? buscamos sobrevivir y acumulamos grasa. En este país el
trabajador no siente estabilidad laboral, sufre acosos, bullying de diferentes
formas, no gana un salario justo en comparación con otros países y eso genera
estrés y obesidad”.
Añade Eduardo Massé que somos el
país más obeso del mundo, que el fármaco que más se consume son los
antidepresivos, que la diabetes es la causa número uno de muertes naturales en
el país, que es la nación en donde más horas al año se trabaja y, aun así,
seguimos en el puesto número 51 de productividad. Con este tipo de estadísticas
parece obvio que algo no estamos haciendo bien.

FOTO: Antonio Cruz
“Las familias ya dejaron de ser lo
que eran antes, las escuelas son solo un paso en la vida, pero en realidad los
individuos empiezan a formarse en las empresas: en México pasas de 8 a 14 horas
en la oficina y el ambiente al que llegues, la cultura que se practique en esa
organización va terminar impactándote. Si esa empresa se enfoca en el bienestar
del individuo para provocar el bienestar del grupo es una empresa que te va
ayudar a ser mejor persona, pero si es lo contrario (y en México casi siempre lo
es) terminas con gente más enferma, más estresada, más desmotivada”, así
explica Eduardo una de las principales razones por las que su programa juega un
papel tan importante en las empresas que han decidido ponerlo en práctica.
Es común que confundamos el
bienestar con la felicidad, pero para Massé son dos estadios muy distintos: “La
felicidad no es una meta en la vida, es una emoción, es una alegría que
necesita un propósito. Puedo ser feliz consumiendo drogas o jugando videojuegos,
pero va a llegar un momento en que esa sensación de felicidad pierde
significado y se siente un vacío”.
Las metas a las que se refiere
nuestro entrevistado son pocas: salud, bienestar, significado y seguridad. Todo
lo que hacemos debe estar en función de buscar esto. “Si todo lo que hacemos
está en función de buscar ese propósito es como tener una brújula, y aunque me
desvío algunas veces, sé a dónde voy”, explica.
Vivimos en una época que cambia
constantemente a una velocidad que no es fácil de seguir. Lo que comemos, lo
que pensamos y lo que consumimos determina la personalidad de una sociedad. Por
eso Massé recalca la importancia de encontrar nuestro propósito, de saber lo
que queremos. “De lo contrario, terminamos dedicándonos a algo que no nos
gusta, comprando cosas que no necesitamos para interesarle a gente a la que no
le importamos”, señala.

FOTO: Antonio Cuz
“En Estados Unidos hay cuatro o
cinco empresas con el monopolio de los alimentos, y el bienestar del individuo
pasa a segundo plano, después del bienestar del bolsillo”, comenta un hombre
que pasó los primeros 35 años de su vida dedicado al mundo corporativo.
Otro punto importante que toca
Massé es que ahora, con los avances de la tecnología, la ciencia y la medicina,
la esperanza de vida de las personas es de hasta cien años, de lo cual surge la
pregunta: ¿cómo los quieres vivir? “Yo sostengo que voy a vivir 120 años, me
quedan siete décadas por vivir y todo lo que he prendido es para prepararme a
eso. Hay que reestructurar los hábitos para durar. A los 50 somos candidatos
perfectos para las farmacéuticas, ahora que viviremos cien años el mercado de
las medicinas se dobló con la ventaja de que, mientras mayor eres, más caros
son los medicamentos. La cama más cara es la del hospital, y si no entiendes lo
que está pasando y no tomas conciencia de lo que ocurre, el que paga el precio
eres tú, tu familia, la sociedad y, al final, el país”.
Y añade que ahora que la edad de
retiro de los mexicanos ha subido diez años, el costo del Seguro Social en las
próximas dos décadas será insostenible.
Regresando al tema de las empresas,
Massé explica que “el liderazgo del futuro es el de la persona con la que
sientas más confianza, la que te aporta más y no la que te inspira respeto por
el cargo. Si no te tomas el tiempo para pensar qué es lo que quieres, para
saber a dónde vas, para saber qué hacer con eso que te ofrecen, estarás a merced
de vivir en un mundo muy superficial, sin ningún propósito ni significado y buscando
la felicidad que supuestamente te da comprar un suéter o un reloj, aunque sea
algo que no necesitas. Y yo me pregunto: ¿en qué momento pasamos de ser cultivadores
a buscadores? ¿Por qué la gente está buscando respuestas afuera cuando deberían
de cultivar lo que tienen y encontrar el bienestar en ellos mismos?”.