Para la gente que se pregunta a dónde van sus pagos médicos
extras, dos estudios nuevos tienen algunas pistas sólidas. En un artículo, Ian
Larkin y colegas suyos de la Universidad de California, campus Los Ángeles,
compararon las recetas escritas por médicos en 19 centros de salud de EE UU que
limitan las interacciones con los agentes farmacéuticos de ventas con aquellas
escritas por médicos sin dichas restricciones. El análisis involucró más de
25,000 médicos de todo el país, 262 medicamentos en ocho importantes categorías
farmacéuticas y más de 60,000 millones de dólares de ventas totales.
Según el informe, publicado en mayo en JAMA (antes The
Journal of the American Medical Association), cuando los agentes de ventas no
tenían un acceso irrestricto a los médicos —y no podían ofrecer, por ejemplo,
regalos o comidas y bebidas gratuitas a cambio de algún tiempo en persona—,
esos médicos tenían más probabilidades de recetar medicamentos genéricos en vez
de aquellos más costosos de marca comercial. El instituir normas que limitan
las llamadas de mercadeo llevó a un aumento de hasta 10 por ciento en los
médicos que favorecían las medicinas genéricas más baratas en vez de aquellas
más caras de marca. Esa cifra podrá parecer modesta, pero “pequeñas diferencias
significan grandes diferencias cuando se considera la población más grande”,
dice Susannah Rose, investigadora de la Clínica Cleveland quien estudia
conflictos de interés en la atención médica. (Ella no estuvo involucrada en el
estudio.) El estudio también mostró que el cambio sucedió rápidamente después
de que los centros médicos instituyeron restricciones de mercadeo.
Rose y Larkin conceden que algunos médicos y agentes de la
industria dicen que permitirles a los empleados de compañías farmacéuticas
ofrecerles comidas gratuitas a los médicos facilita las conversaciones sobre
nuevas medicinas vitales para el cuidado de los pacientes. Un artículo en la
edición actual de JAMA apoya esa afirmación, y Rose concede que las relaciones
con la industria pueden ser útiles, pero ella duda de la necesidad de comidas
gratuitas.
El otro estudio, por Jona Hattangadi-Gluth y colegas suyos
en la Universidad de California, campus San Diego, revisó los pagos hechos por
las grandes farmacéuticas a los médicos: qué especialidades recibían más pagos,
qué tipos de pagos eran más comunes y cómo se dividían estos pagos entre géneros
(alerta de spoiler: los hombres reciben más efectivo).
El estudio usó datos reportados públicamente sobre pagos a
médicos conservados por los Centros de Servicios de Medicaid y Medicare,
conocidos como Pagos Abiertos. Según el informe de Pagos Abiertos de 2015, 48
por ciento de los médicos de EE UU recibió 2,400 millones de dólares de la
industria farmacéutica. Según el estudio, la mayoría de los pagos se dio en
forma de comida, bebidas y pequeños regalos —piense en las plumas y libretas
con logos—, aun cuando las cantidades en dólares de dichos artículos son
relativamente pequeñas.
Las sumas más grandes se pagaron por consultoría y regalías
o licencias. Los especialistas recibieron la mayoría de ese dinero, más
notablemente los cirujanos y neurocirujanos; 60 por ciento de los
neurocirujanos aceptó alguna forma de pago en 2015. Las cantidades recibidas
variaron ampliamente: la media fue 486 dólares, pero la mayor cantidad pagada
fue —agárrese— 17.8 millones de dólares. “Hay casos atípicos quienes parecen
recibir la mayoría de los pagos”, dice Hattangadi-Gluth. Alrededor de 12 por
ciento de los médicos especialistas recibió 10,000 dólares o más. Los médicos
quienes reciben grandes pagos probablemente contribuyeron a una invención, como
un nuevo dispositivo quirúrgico, de allí la cuota de licencia o regalía, aun
cuando el estudio no da detalles exactos de cuál fue el pago. Los individuos
que quieran descubrir qué pagos farmacéuticos recibieron sus médicos pueden
buscar por nombre en el sitio web de Pagos Abiertos (OpenPaymentsData.cms.gov).
Otra suposición confirmada por el estudio: dentro de cada
especialidad, los hombres tenían más probabilidades que las mujeres de recibir
pagos. Hattangadi-Gluth dice que la discrepancia podría deberse al hecho de que
los hombres tienen más patentes y tienen más probabilidades que las mujeres de
comercializarlas —y por lo tanto, recibir más pagos por regalías— y a
diferentes enfoques en las visitas de ventas. “Las médicas están más enfocadas
en el paciente”, dice ella.
La industria farmacéutica refuta la idea de que sus pagos
perturban la atención médica. Holly Campbell, portavoz de PhRMA, la principal
organización defensora de la industria, dice: “La comunicación entre las
compañías biofarmacéuticas y los médicos asegura que se comparta información
importante con respecto a los medicamentos”. Ella también señala que muchos
factores influyen en qué medicinas recetan los médicos.
Ninguno de los estudios presume que los pagos farmacéuticos
sean corruptos. Más bien, buscan acercarnos a saber los efectos que dicho
dinero tiene en los médicos y, a su vez, en los pacientes. “Los autores no
pudieron determinar causa y efecto”, dice Rose, “pero están acercándose”.
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Publicado
en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek