TENÍA TRES MESES de nacido y las secuelas de poliomielitis lo habían postrado en una silla de ruedas. Huérfano de padre y con nueve hermanos, Rosendo González no pudo durante su infancia estudiar como correspondía, pero, resuelto a abrirse paso en la vida, a los 15 años pisó las aulas de unas escuelas nocturnas para concluir su educación primaria y, luego, la secundaria.
Siempre sonriente, Rosendo narra a Newsweek en Español que hubo muchos momentos de su vida en los que quiso renunciar a todo. En especial por el rechazo social patente en su día a día y, en este punto, recuerda especialmente la falta de sensibilidad de los transportistas que siempre lo ignoraban cuando trataba de trasladarse de un lugar a otro, cuando trabajaba en Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México, de donde es originario.
No obstante los obstáculos, siguió adelante y concluyó el bachillerato. Su carrera de contaduría pública no tuvo el mismo final y la dejó trunca: y es que tenía que trabajar para obtener ingresos y poder mantenerse.
Durante casi 30 años estuvo tocando puertas para encontrar un trabajo, pero no tuvo éxito. Fue taxista, comerciante e, incluso, abrió un despacho contable que no prosperó. Sin embargo, su vida dio un giro de 180 grados cuando, hace 10 años, decidió mudarse a la Ciudad de México.
En la capital mexicana encontró un “mundo distinto”, dice, con mayor infraestructura y acceso para personas con discapacidad en las calles y edificios.
A nivel nacional, la Ciudad de México es pionera en cuanto a la apertura de espacios de inclusión. La administración de Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno de la Ciudad de México, fue la que inició un programa de inclusión laboral para discapacitados, único en el país, el cual establece los ejes rectores para transformar la perspectiva de atención a un sector de la población que aglutina a unas 500,000 personas en la Ciudad de México.
Desde su octavo mes como jefe del gobierno capitalino, Mancera puso en marcha políticas de inclusión para que mediante un esquema de desarrollo se permitiera la integración de miles de discapacitados. Hace tres años entró en operación la estrategia “Empodérate”, que se integra por cinco componentes: empleo temporal, capacitación, autoempleo, empleo permanente y certificación educativa.
También se creó la bolsa de empleo “Abriendo espacios”, vinculada a una red de empresas con las que el gobierno capitalino tiene contacto y logra colocar a personas con discapacidad.
Al presentar el Programa para la Integración al Desarrollo de las Personas con Discapacidad 2014-2018, Mancera destacó que “la discapacidad no es una limitante para quienes la padecen y sí lo son la discriminación y la ausencia de oportunidades”. Desde entonces él ha instruido que se inicien una serie de proyectos a fin de hacer una capital social incluyente.
Muestra de ello es la implementación del Programa Especial de Talentos para Trabajadores del Gobierno de la Ciudad de México en Condición de Discapacidad que, a tráves de la Subsecretaría de Administración y Capital Humano, arrancó su operación en mayo pasado. Este programa permite identificar talentos naturales o desarrollados de los trabajadores en Condición de Discapacidad del Gobierno de la CDMX a través de un diagnóstico especializado de acuerdo con la discapacidad del trabajador. Esto sirve para que se puedan identificar las áreas de oportunidad a fortalecer por medio de una capacitación especializada. Ello no solo incide en una mejora de la fuerza de trabajo, sino que contribuye a transformar los hábitos de los trabajadores con una cultura eficiente, aumentando la motivación, la comunicación asertiva en el entorno laboral, el trabajo en equipo, el liderazgo y el cumplimiento de objetivos.
Todo esto se logra a través de convenios de colaboración con instituciones especializadas en la inclusión laboral para personas con discapacidad. Entre ellas está la FHADI (que provee atención para la discapacidad motora), la Fundación Villar Lledias I.A.P. ILUMINA (que trata la discapacidad visual) y Casita de San Ángel I.A.P. (que aborda la discapacidad intelectual). Estas fundaciones cuentan con las herramientas necesarias para dar cumplimiento al Programa Especial de Talentos para Trabajadores en condición de discapacidad. Los programas que conforman su modelo están diseñados para abordar la problemática de la discapacidad en todas sus vertientes.
De ello han sido testigos centenas de beneficiarios que, como Rosendo, tienen un panorama de vida distinto al obtener un trabajo formal que les otorga todas las prestaciones de ley. “En la vida cuando nos falta algo físico se tiene que luchar para conseguir todo eso”, dice.
Ahora, Rosendo, con dos hijos jóvenes, busca terminar su carrera de contabilidad, pues su empleo en el Gobierno de la Ciudad de México le ha permitido desarrollarse en otros aspectos de su vida, incluyendo vínculos familiares, pues ahora tiene más tiempo para disfrutar con su esposa e hijos.
Llegar a este punto no ha sido fácil. Tuvo que recurrir a ayuda psicológica —que también incluyen los programas laborales de la Ciudad de México— por ser una parte fundamental para el desarrollo de los discapacitados. En muchos casos no salen de sus casas por sobreprotección familiar y su inclusión laboral es más difícil, cuenta Carolina Elizabeth González Hernández, directora general de Desarrollo Humano y Profesionalización del gobierno capitalino, responsable de llevar a cabo el Programa Especial de Talentos para trabajadores del Gobierno de la Ciudad de México en condición de discapacidad.
Además, otra de las ventajas que mejoraron las condiciones de los trabajadores del programa de inclusión laboral capitalino fue el incorporar a estas personas al Sindicato Único de Trabajadores del Gobierno de la Ciudad de México. Esta medida, que entró en vigor el 1 de junio, permite a ese personal de base ser sindicalizado y aumentar en 35 por ciento sus beneficios salariales, entre ellos: apoyo a la canasta básica, días sindicales y vales, entre otras prestaciones.

Rosendo González cuenta con un trabajo administrativo de base en el Gobierno de la Ciudad de México, obtenido a través de los programas de inclusión laboral. FOTO: CDMX
Nuevas historias de vida
Las cifras de personas en condición de discapacidad son variables. El número más reciente de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica del INEGI de 2014 registra a casi 7.2 millones, equivalente al 6 por ciento de la población. Se trata de un aumento significativo sobre el censo de población 2010, que contabilizó a 5.7 millones.
En la Ciudad de México, las personas con discapacidad rondan las 500,000, y entre las principales causas por las que se adquiere la discapacidad (30 por ciento) figuran enfermedades derivadas de la hipertensión arterial, la diabetes y el sedentarismo. Otro porcentaje (20 por ciento) se deriva de accidentes. Y otro más atañe a la depresión. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) la depresión es la primera causa de discapacidad laboral en el mundo. En México afecta a casi 10 millones de personas, una quinta parte de las cuales desarrolla etapas crónicas que, de no tratarse, puede derivar en actos de autodestrucción, adicciones y suicidio.
Pero de tratarse de forma adecuada una discapacidad de este tipo, y de contar con el andamiaje institucional indicado, otra historia se puede escribir para un ser humano.
Es el caso de Roxana Isela González Lucio. En la actualidad trabaja como auxiliar administrativo en la delegación Xochimilco. Su condición depresiva ha tenido un destino muy distinto luego de que se acogió a los programas especiales de talento de la Ciudad de México. Los mismos forman parte de un sistema conducido por la Dirección General de Desarrollo Humano y Profesionalización de la Subsecretaría de Administración y Capital Humano de la CDMX, por instrucciones de Miguel Ángel Mancera, que identifica y potencializa los talentos de los discapacitados en sus áreas de trabajo.
La joven de 23 años narra que, desde hace seis años, comenzó a padecer depresión severa. Todo el tiempo se sentía triste y sin ganas de hacer nada, pasaba los días durmiendo. Esta condición de vida le impidió hacer muchas cosas, como terminar sus estudios de secundaria y preparatoria.
Su vida tomó un rumbo distinto desde que comenzó a trabajar, hace ocho meses. Roxana Isela hoy se siente más “segura para la vida, con energía y con ganas de seguir adelante”. Dejó de ser una chica solitaria, tiene novio y disfruta salir de paseo, ir al cine o comer. También se trazó metas a corto y largo plazo: quiere comprar un carro, hacer viajes e independizarse.
El trabajo le ha permitido ponerse en pie cada mañana y ha evitado recaídas, tercia su madre, llamada Rosana: “Estos programas son una oportunidad de superación para muchos jóvenes en condiciones parecidas, muchas de las cuales han sufrido el rechazo social”.
Los programas laborales de la Ciudad de México han corrido de boca en boca. Rosana se enteró de ellos en el Metro, mientras ayudaba a una señora sin brazos a cargar grandes bolsas que llevaba a cuestas. Ahí Rosana vio la oportunidad de contar que tenía una hija con discapacidad. Con un breve cruce de palabras se enteró de que existía una bolsa de trabajo para personas con condición de discapacidad.
“Como papás nos sentimos más seguros, nuestros hijos se quedan con buena vida, felices, obtienen mucha seguridad. Mi hija ya hasta es capaz de vivir fuera de casa, no como antes”, cuenta.
Con su nuevo empleo, Roxana Isela se ha convertido en otra fuente de ingresos en su familia, lo que la hace sentir feliz.
Esta veinteñera con su vida actual rompe el mito de que los discapacitados son enfermos. Por el contrario, hoy es un sujeto activo, productivo, que cuenta con derechos y aspiraciones como cualquier persona.

La falta de información y conocimiento suelen marginar a las personas con discapacidad y alejarlas de la sociedad, considera González Hernández. FOTO: CDMX
Capital incluyente
La falta de información y conocimiento suele marginar a las personas con discapacidad y alejarlas de la sociedad. Por ello, los programas de inclusión laboral y capacitación son nodales para motivarlos y potencializar sus talentos. Así lo sostiene Carolina Elizabeth González Hernández.
La directora general de Desarrollo Humano y Profesionalización del gobierno capitalino sostiene que este tipo de programas ha generado un cambio profundo en las personas beneficiadas, porque la mayor parte de trabajadores empleados se sienten útiles, independientes y productivos.
Es el caso de Rosendo González quien cuenta con un trabajo administrativo de base en el Gobierno de la Ciudad de México, obtenido a través de estos programas. Hace apenas un año se deslizaba por las calles de Coyoacán en su silla de ruedas para vender botanas que “en tiempos de lluvias, como ahora, significaba fuertes dolores de brazos y regresar sin un peso a casa”, cuenta.
Pero ahora este hombre de 50 años reconoce que los avances de inclusión para las personas con discapacidad han sido progresivos en la capital mexicana. En su caso demoró tres décadas en conseguir un trabajo estable que le permitiera satisfacer sus necesidades. En la actualidad se desempeña como auxiliar administrativo de la Secretaría de Medio Ambiente (SEDEMA), donde junto con personas con diferentes discapacidades continúa capacitándose para obtener mejores condiciones laborales. Comenta que al fin cuenta con el trabajo que siempre buscó.
Resulta imperioso que las historias de Rosendo y Roxana se multipliquen. En esta lógica, el gobierno de la Ciudad de México ha invertido invertido más de 90 millones de pesos a favor de las personas con discapacidad. Recientemente, Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno de la CDMX, informó que en el mes de septiembre se abrirán otras 200 plazas en el gobierno capitalino para personas con discapacidad, lo que supondrá un 20 por ciento más de inversión para dichos programas. Esa así como la Ciudad de México se coloca a la vanguardia a nivel nacional en esta materia.
La directora general de Desarrollo Humano y Profesionalización de la Subsecretaría de Administración y Capital Humano del gobierno capitalino refrenda que se continuará identificando habilidades y destrezas de cada individuo para posteriormente vincularlos a los puestos de trabajo para los que sean más aptos. La implementación de estos programas quedaron establecidos en el reglamento interior del Gobierno de la CDMX, lo que significa que los subsecuentes administraciones locales estarán obligados a mantener la inclusión de las personas con discapacidad.
Y más aún, pone de relieve cómo se avanza en la construcción de “una Capital Social incluyente”, que deja de lado una visión asistencialista al considerar a todos sus ciudadanos como sujetos de derechos y combatir la discriminación. Así lo expresa Verónica Olvera Aguilar, otra de las beneficiarias de estos programas: “En la CDMX tenemos un jefe de Gobierno que ¡no es político, sino humano!”.