La maestra que cimbró Atlacomulco

DELFINA GOMEZ avanza entre la gente repartiendo sonrisas. Estrecha las manos que se extienden a su paso y dedica frases de agradecimiento y vuelve a sonreír, un gesto que se ha vuelto distintivo en esta maestra de 54 años. “Gracias, gracias”, dice en medio de la euforia que ha despertado su campaña en el Estado de México. La candidata de Morena, el partido de Andrés Manuel López Obrador, le ha plantado cara al establishment político mexiquense, y ha provocado una sensación de incomodidad entre la clase política que se ha repartido el poder en el estado en los últimos años.

Delfina Gómez ha logrado en los últimos meses lo que dos poderosas estructuras políticas no pudieron lograr en las últimas décadas: cimbrar a la aristocracia política del PRI, en el poder desde hace 88 años.

PAN y PRD han conseguido triunfos en municipios importantes del estado, pero jamás habían puesto nerviosos a los jerarcas del PRI. Las encuestas y la percepción social de una candidatura que avanza considerablemente han convertido a Gómez en el enemigo a vencer este 4 de junio.

Ella lo sabe, y ríe, siempre ríe. Estrecha la mano de jóvenes y ancianos mientras avanza rumbo al estrado desde donde dirigirá un discurso. Le sigue los pasos a Andrés Manuel López Obrador, su mentor político y prácticamente compañero de fórmula en las elecciones, que hace lo propio frente a los teléfonos celulares de los simpatizantes que buscan una selfie con el líder de Morena.

Ya en el entarimado de madera, Delfina se desenvuelve con soltura, pero con una dosis de ingenuidad y sencillez en el discurso. La candidata se presenta ante el electorado como una simple maestra de origen humilde que solo quiere el bienestar del pueblo. “Escucho: ¡Delfina! ¡Delfina!, y yo digo: ¡Ustedes! ¡Ustedes!, porque para mí eso es lo más importante”, dice, y muestra de nueva cuenta su amplia sonrisa.

Unos pasos atrás, Andrés Manuel López Obrador la observa con atención y deja ver gestos de aprobación cada vez que la maestra conecta con el público. “Veo gente libre”, dice la candidata y provoca gritos y aplausos de la gente reunida en el mitin mientras López Obrador asiente en medio de una risilla cómplice.

Del mitin en Zinacantepec, ubicado a unos minutos de Toluca, corazón del grupo Atlacomulco, la maestra se traslada a Naucalpan, uno de los bastiones panistas en el Estado de México. Ahí, Delfina Gómez repite el guion de su discurso. “Yo escucho: ¡Delfina! ¡Delfina!, y yo digo: ¡Ustedes! ¡Ustedes!”. Y Andrés Manuel hace lo propio. “La maestra es una mujer honesta”, dice, y critica a la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, y al candidato del PRI, Alfredo del Mazo. “No hay nadie más rico que Arturo Montiel en el Estado de México”, dice el político tabasqueño al lanzar una diatriba en contra de la corrupción y poner sobre la mesa el ejemplo del exgobernador mexiquense, uno de los jerarcas del grupo Atlacomulco al que pertenece el candidato priista.

En Tlalnepantla, uno de los municipios más importantes del Edomex, una mujer observa desde su azotea un acto de campaña de la candidata de Morena. FOTO: ANTONIO
CRUZ/NW NOTICIAS

Alfredo del Mazo es el heredero de los ancestrales señalamientos de corrupción a su partido y Josefina Vázquez Mota ha tenido que enfrentar una oscura trama de entrega de recursos públicos a una fundación que encabezó no hace mucho tiempo.

Delfina Gómez no ha estado exenta de señalamientos, y en el fragor de la batalla electoral surgen versiones de contratos que habría entregado a empresarios conocidos cuando era la titular del municipio de Texcoco. “Yo no voy a darle explicaciones a Josefina Vázquez Mota o Alfredo del Mazo”, dice la maestra frente a sus seguidores. “Mi compromiso es con la gente y mis explicaciones son para la gente”, dice mientras niega la veracidad de las acusaciones.

A 17 días de la elección, Delfina Gómez se siente cómoda con la posición de puntera junto a Alfredo del Mazo en una elección clave para las ambiciones políticas de Morena en 2018. La maestra sabe que representa una candidatura singular para su partido y está consciente de su meteórico ascenso en el escenario político. Sabe que ya cimbró al grupo Atlacomulco y pareciera que la adrenalina de esa certeza la impulsa en la campaña.

¿Optimista?, le pregunto a bordo de la camioneta que la traslada en los recorridos. “Me siento muy optimista, pero, sobre todo, muy orgullosa de la ciudadanía”, dice mientras se acomoda en el asiento de la Suburban y voltea nuevamente hacia la ventana al escuchar los saludos de la gente que la reconoce. Gira sobre su asiento y baja el vidrio de la ventana. “Gracias, gracias, qué bueno que vinieron”, dice mientras estrecha las manos que se extienden hacia ella. Algunos piden una fotografía y ella ríe con naturalidad mientras estira la cabeza para salir en la selfie.

“La ciudadanía ahora es muy activa y no solo viene a conocer y aplaudir a la candidata, sino que expresa sus inquietudes y su malestar”, dice Delfina Gómez al retomar la conversación acomodándose nuevamente en el asiento de la camioneta.

Hace seis años el PRI ganó la elección en el Estado de México con 3 millones de votos, equivalente al 62 por ciento de la votación, mientras la izquierda obtuvo 1 millón de sufragios y el PAN, 600,000, algo así como el 21 y 12 por ciento, respectivamente.

¿Cuántos votos garantiza para ganarle al PRI? Delfina Gómez no titubea en la respuesta, conoce los resultados de hace seis años. “Vamos por más de 3 millones de votos para legitimar el triunfo y no tener que ir a tribunales”, dice con un rostro de seriedad calculada.

¿Para qué quiere ser gobernadora?

“Quiero servir a la gente y demostrar que se puede gobernar de diferente manera”.


Delfina Gómez avanza entre la gente repartiendo sonrisas. Estrecha las manos que se extienden a su paso y dedica frases de agradecimiento. FOTO: ANTONIO CRUZ/NW NOTICIAS

Ya fue presidenta municipal y diputada, ¿le gustó el poder?

“¡Sí me gustó el poder!”, dice sin titubeos, pero matiza de inmediato la respuesta. “Como una manera de ayudar a la gente”.

Si le gana al PRI va a adquirir mucho poder, ¿está preparada?

“Sí, porque afortunadamente no se me sube el poder, hasta ahorita, y creo que ya a mi edad estoy más allá del bien y del mal”.

Delfina ríe, siempre ríe, pero muestra también cierta melancolía en su respuesta. “Debemos regresarle al pueblo un poquito de justicia social; les han robado mucho la esperanza”.

La corrupción ha sido un tema que ha salpicado la campaña en el Estado de México, y Delfina Gómez no ha estado exenta de señalamientos. La pregunta es obligada. ¿Benefició a empresas de sus amigos con contratos millonarios? Delfina ahora solo sonríe. “Mira, efectivamente hubo un proceso de muchísimas obras, hicimos mucha obra en la administración porque hubo un buen manejo de los recursos. No se gastó en cosas que no fueran prioritarias. Fueron más de 800 obras y todas las empresas que participaron fueron de Texcoco, porque fue uno de los compromisos que hice como candidata. Quieren dar la imagen a la ciudadanía de que yo también soy corrupta, de que yo también practico el nepotismo, y todo eso es mentira”.

¿Pero algunas empresas eran de sus amigos?

“Mis amigos son maestros, yo no tengo amigos empresarios, nunca he tenido amigos empresarios ni amigos millonarios, todos mis amigos son gente del barrio”, dice Delfina Gómez mientras recupera el semblante de entusiasmo y vuelve a reír.

¿Entonces no se entregaron licitaciones a amigos o a empresas de amigos o conocidos políticos?

“No, fíjate que lo que se hizo fue de acuerdo con la ley; sí hubo licitaciones, pero como lo marca la ley”.

Si gana ¿va a investigar al gobernador Eruviel Ávila?

“Mira, tanto como investigarlo no, pero sí hay un proceso cuando recibes la administración, y ahí tendré que solicitar el apoyo del equipo y si sale algo pues tendría que dar respuesta. No voy a una cacería de brujas, porque no se trata de eso, pero tampoco voy a permitir la impunidad, la gente quiere saber la verdad, quiere justicia, y creo que vale la pena dársela”.

¿La está apoyando Elba Esther Gordillo?

“No, no la conozco, no tengo ninguna conexión con ella”.


FOTO: ANTONIO CRUZ/NW NOTICIAS

Pero es público que hay gente muy cercana a Elba Esther que la está apoyando; esto lo sabe, ¿verdad?

“Sí, y creo que me están brindando el apoyo como a cualquier maestro”.

A su campaña se han sumado militantes y exdirigentes del PRI, ¿hay que ganar a como dé lugar la elección?

“Pues a mí en lo personal sí me interesa ganarla, pero no a como dé lugar”.

Delfina Gómez se acomoda en el asiento, el traslado se complica por el tráfico de la ciudad. Ya va tarde a un evento en Tlalnepantla. Es el último del día, y Andrés Manuel López Obrador ya la espera en el estrado. Su equipo le informa que ya están un poco inquietos porque no llega. “¿Ya está hablando el licenciado?”, pregunta. Le dicen que sí, que Andrés Manuel ya alargó el discurso. Pero el tráfico no cede. ¿Qué pasa si no llega?, le pregunto. La maestra ríe. “Nunca nos había pasado esto”, dice. Pero no muestra signos de inquietud, como si no le preocupara incumplir un compromiso político ante el líder de su partido.

Delfina Gómez se relaja y vuelve a la conversación. Cuenta que ella buscó la candidatura de Morena al gobierno del estado. “Nadie me la ofreció, yo la busqué”, dice. Bromeo y le digo que ya me doy cuenta de que sí le gusta el poder. Como respuesta se ríe y rememora su incursión en la política. Dice que a Andrés Manuel lo trató hasta hace muy poco. “El licenciado es muy serio; cuando terminan los mítines solo me dice ‘échele ganas’, y se va”.

Durante algunos segundos permanecemos en silencio. La observo. Delfina Gómez me devuelve la mirada y sonríe. ¿Está preparada para lo que viene, para lo que sea? “Sí, estoy lista”, responde con naturalidad. ¿Está preparada para perder? Lo piensa, parece desconcertada. “Sí, aunque si eso pasa me deprimiría un poco”, dice, y dibuja en sus labios una sonrisa más personal, más auténtica.

Suena el teléfono. Le informan que Andrés Manuel terminó de hablar. El evento ya está cerca, a unas calles. “La gente sigue esperando, no se han ido”, me dice con cierto orgullo.

Maestra, la van a seguir atacando. “Sí”, responde Delfina Gómez. Y vuelve a reír.