Al parecer,
decir palabrotas te vuelve más fuerte, según han descubierto varios científicos.
En dos experimentos, los investigadores descubrieron que decir palabrotas
aumenta el desempeño físico hasta en ocho por ciento, aparentemente al hacer
que las personas se vuelvan más tolerantes al dolor.
Sigue siendo un
misterio por qué decimos palabrotas. Los psicólogos dicen que tiene que ver con
una liberación emocional, la cual permite que las personas expresen
intensamente un sentimiento específico. Sin embargo, Richard Stephens, de la
Universidad Keele, en el Reino Unido, piensa que las palabrotas sirven a un
propósito físico.
En
investigaciones anteriores, Stephens y sus colegas descubrieron que decir
palabrotas ayuda a manejar la ira: “Hicimos un estudio hace algunos años para
investigar por qué las personas maldicen cuando se lastiman, y encontramos que
eso les ayuda a hacer frente al dolor; quienes lo hacen, pueden afrontar el
dolor durante más tiempo”, declaró a Newsweek. “Esas personas mostraron
un incremento en su ritmo cardíaco, lo que nos hace pensar que el mecanismo de
alivio del dolor se relaciona con el estrés agudo y con la respuesta de luchar
o huir”.
Para ampliar
este estudio y poner a prueba la idea de que si decir palabrotas desencadena la
respuesta de luchar o huir, entonces también debería mejorar el desempeño
físico, los científicos pidieron a los participantes que llevaran a cabo dos
ejercicios. Al hacerlo, se les pidió que repitieran o una palabrota o una
palabra neutral. Los participantes podían escoger su propia palabrota.
En la primera
prueba intervinieron 29 participantes ejercitándose en una bicicleta durante un
periodo breve pero intenso. En este experimento, los investigadores
descubrieron que los participantes mostraban una mayor fortaleza cuando decían
la palabrota que cuando mencionaban la palabra neutral. “En una medición de
poder durante los primeros cinco segundos, hubo un aumento de cuatro por ciento
en el grupo que dijo palabrotas, en comparación con el que no lo hizo, y
durante todo el periodo de 30 segundos, se produjo un aumento de alrededor de
dos por ciento”, señala Stephens.
En el segundo
ejercicio, 52 participantes realizaron una prueba de agarre. “Esta prueba
también mide el desempeño, pero no es tan extrema. En la prueba de agarre,
quienes maldijeron mostraron un agarre alrededor de ocho por ciento más fuerte
que quienes no lo hicieron”, explica Stephens.
Pero, ¿por qué
es útil maldecir? A diferencia de su hipótesis inicial, Stephens señala que no
hubo ningún indicador físico que mostrara la activación de la respuesta de
luchar o huir, lo que significa que debe haber otro mecanismo involucrado.
“La razón por la
que realizamos este estudio fue que esperábamos obtener esta respuesta de
luchar o huir. Sin embargo, nuestros datos realmente no apoyan ese argumento.
Por ello, no sabemos realmente [cuál es el resultado de decir palabrotas].
Podría relacionarse con la tolerancia al dolor. Si analizamos la bibliografía
sobre el dolor, veremos que existen muchas estrategias que las personas pueden
emplear para disminuir su percepción del dolor. Incluso distraer a una persona
puede reducir su dolor; si una persona aliviar su dolor, entonces ello podría
permitirle desempeñarse mejor.
“Sin embargo,
también consideramos la posibilidad que se trate de lo que los psicólogos
denominan inhibición generalizada. En otras palabras, cuando una persona
maldice, las cosas simplemente no le importan tanto. Uno no es tan
autoconsciente. Podría ser eso. Podría ser interesante porque ello implicaría
que decir palabrotas podría ayudar más allá de las tareas físicas”.
El estudio se encuentra
actualmente en el proceso de revisión por pares. El equipo ahora planea retomar
un estudio anterior sobre las palabrotas y tratar de comprender mejor los
mecanismos que intervienen en el proceso. “Pienso que las personas maldicen por
una razón”, dice Stephens. “No es sólo un tic mecánico en el lenguaje”.