La invasión doméstica radiactiva

En 2010, Gail
Orcutt recibió el diagnóstico de cáncer pulmonar. La noticia fue una sorpresa
terrible para la no fumadora, a quien hubo que extirpar todo el pulmón
izquierdo. No tenía idea de cómo pudo haber desarrollado la enfermedad hasta
que topó con un artículo sobre el radón, y descubrió que era la causa principal
de cáncer entre no fumadores. También se enteró de que su estado, Iowa, tenía
niveles particularmente elevados de radón, así que, de inmediato, hizo que
analizaran su casa, donde hallaron niveles elevados del gas. La remediación
–retirar el radón de su casa- fue un proceso sencillo que demoró un día, y la
dejó anhelando haberlo hecho hace años.

La mayoría no
sabe que sus hogares podrían estar amenazando su salud de la misma manera. El
radón es un gas radiactivo que ocurre naturalmente. Es inodoro, insípido e
invisible, y la única manera de saber si lo tienes en tu casa es haciendo una
prueba. Producto de la descomposición del uranio, el gas radón se infiltra en
el suelo, y entra en las casas por grietas y orificios de los cimientos.
Alcanza mayores concentraciones en interiores que en exteriores, y los niveles
fluctúan dependiendo de la circulación de aire por la vivienda. Según la
Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en
inglés), el radón es la principal causa de cáncer pulmonar (después del
tabaquismo), y mata a unos 21,000 estadounidenses al año, muchos de ellos sin
saber que fueron envenenados en sus casas.

EPA ha contado
con un presupuesto limitado para educar al público sobre la amenaza del radón,
pero hasta esos fondos podrían desaparecer muy pronto. Hace poco, el sitio Web
de la Asociación Nacional de Agencias de Aire Limpio publicó los recortes
presupuestales que el presidente Donald Trump ha propuesto para EPA; semejante
medida eliminaría el Programa para Radón en el Aire de Interiores y las
subvenciones estatales para radón en interiores.

Los científicos
vincularon por primera vez el radón con el cáncer pulmonar en las décadas de
1940 y 1950, cuando notaron que los trabajadores expuestos al radón en minas
subterráneas de uranio tenían una elevada incidencia de muerte por cáncer
pulmonar. A mediados de la década de 1980, investigaciones adicionales
descubrieron la presencia de radón en viviendas cuando se construyó una planta
de energía nuclear en Pensilvania. Incluso antes que la planta entrara en
operación, un trabajador activaba alarmas de radiación constantemente, lo cual
hizo que un equipo de investigadores revisara su casa, hallando niveles
pasmosos de radón.

“Si diagnostico
cáncer pulmonar en un no fumador, sugiero que hagan pruebas de radón en su
casa”, dice el Dr. Chandler Park, oncólogo de Kentucky, el estado con la mayor
incidencia de cáncer pulmonar. “Podemos hacer estudios para determinar si hay
radón en la sangre. De hallarlo, y si las pruebas domésticas son positivas para
niveles elevados de radón, sabemos que el radón probablemente causó daños en el
ADN, los cuales condujeron al cáncer de pulmón”.

El radón crea
una partícula alfa radiactiva que, al inhalarla, causa daño en las células del
tejido pulmonar, el cual puede derivar en cáncer de pulmón. Park explica que la
mayoría tenemos dos copias de las enzimas reparadoras de ADN que, normalmente,
podrían corregir el daño, pero algunos individuos solo tienen una copia, la
cual no basta para inhibir la manifestación de las células cancerosas. Esto
explicaría por qué, si cuatro miembros de una familia viven en una casa con
niveles elevados de radón, no todos corren el mismo riesgo.

El Mapa de Zonas
de Radón de EPA identifica los diversos niveles de radón en todo el país como
un esfuerzo para informar a las organizaciones nacionales, estatales y locales
hacia dónde dirigir sus recursos y dónde implementar códigos de construcción
con resistencia al radón. Sin embargo, se han encontrado viviendas con niveles
elevados de radón en las tres zonas, razón por la que EPA recomienda que se
hagan pruebas en todas las casas no obstante su localización geográfica. Si se
determina que el nivel es superior a 4pCi/L, deberán tomarse medidas de
remediación.

“El problema
real”, según EPA, “es que no hay suficientes personas haciendo algo al
respecto. Cada año se construyen, en Estados Unidos, cientos de miles de casas
nuevas en áreas con alto potencial de radón, sin seguir las técnicas de
resistencia al radón que recomienda EPA. Millones de viviendas tienen un nivel
de radón preocupante que no se ha corregido. Es relativamente fácil construir
viviendas con técnicas de resistencia al radón y corregir las viviendas
existentes”.

Puedes conseguir
un estuche que envían por correo por apenas 15 dólares, más la cuota para
analizar la muestra. La prueba instantánea puede hacerse con monitores, como
Wave, de Airthings, que produce resultados en cuestión de dos horas. Estos
monitores, operados a baterías, cuestan alrededor de 200 dólares, pero rastrean
continuamente los cambios en la calidad del aire, e informan al instante sobre
picos de niveles insalubres.

Según el
Instituto de Legislación Ambiental (ELI, por sus siglas en inglés), las
políticas públicas en los niveles federal, estatal y local pueden ser
catalizadores para mayores logros en la eliminación de los riesgos del radón.
En 2011, los líderes de nueve agencias federales se reunieron en el primer
esfuerzo multi-agencias, el Plan Federal de Acción para el Radón (FRAP, por sus
siglas en inglés), con la finalidad de resaltar el problema de este gas y
encontrar los medios de combatirlo dentro de las políticas y los programas
federales existentes. En 2012, ELI emitió un informe haciendo tres
recomendaciones precisas para abandonar el sistema “pasivo” frente al radón e
incorporar requisitos en los códigos de construcción, proporcionando
información de riesgo como parte de las transacciones de bienes raíces y
estableciendo requisitos de certificación para radón.

En 2015, a fin
de expandir los esfuerzos FRAP, los sectores federal, privado y no lucrativo
sumaron esfuerzos para establecer el Plan Nacional de Acción contra el Radón
(NRAP, por sus siglas en inglés), cuyo objetivo a largo plazo es eliminar el
cáncer pulmonar evitable e inducido por el gas. Janice Nolen es la
vicepresidenta de políticas nacionales en la Asociación Estadounidense del
Pulmón y encabeza al equipo NRAP. Pese a los años de esfuerzo, reconoce que no
existe el impulso esencial para un cambio transformador frente al radón. “Dado
que es invisible, es fácil que el público ignore al radón”, comenta.
“Necesitamos que la gente entienda que se trata de una radiación doméstica, y
que es un grave riesgo para la salud. Pero al mismo tiempo, puede corregirse”.

En junio de
2016, solo ocho estados habían incorporado requisitos obligatorios para el
control de radón en sus códigos de construcción residenciales. Y el recorte
presupuestal propuesto para EPA no mejorará la situación.

La economía
personal también es una consideración, pues la remediación puede costar hasta
1,500 dólares; pero, como señala Gail Orcutt, “eso es nada, comparado con el
tratamiento para el cáncer”.

Publicado en
cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek