MATT URAM, policía del estado de Pensilvania, charlaba en julio de 2009 con su esposa en una fiesta por el Día de la Independencia de Estados Unidos cuando un chorro de gasolina mal dirigido voló de una fogata vecina y le prendió fuego. Las llamas cubrieron todo el lado derecho de su cuerpo, y mientras el rodaba por el suelo para sofocarlas, su mujer extinguía con las manos desnudas su cabello ardiente. Pasada la conmoción y el efecto de la adrenalina, comenzó a sentir dolor de camino a la sala de emergencias. “Era muy intenso”, recuerda. “Si puedes imaginar cómo se sienten las punzadas de los alfileres, entonces cambia los alfileres por cerillas”.
El hospital envió a Uram al Centro para Quemados Mercy de Pittsburg, donde los médicos retiraron toda la piel dañada y vendaron sus heridas.Tenía quemaduras de entre segundo y tercer grado, y le dijeron que se preparara para varios meses de dolor, y deformidades permanentes. Sin embargo, poco después de esta evaluación,un doctor preguntó a Uram si estaría dispuesto a participar en el ensayo clínico experimental de un nuevo dispositivo.
El tratamiento, desarrollado por un investigador alemán, el Dr. Jörg Gerlach, era el primero del mundo que utilizaba células madre del paciente para curar directamente la piel. De ser exitoso, el dispositivo sanaría las lesiones de Uram aprovechando la capacidad de su cuerpo para regenerar una piel completamente funcional. Uram aceptó el procedimiento sin pensarlo dos veces.
Cinco días después del accidente, un equipo de cirujanos extirpó una pequeña sección de piel sana del muslo derecho de Uram —como del tamaño de una estampilla postal— y lo usó para crear una suspensión líquida de células madre, la cual rociaron en una delgada capa sobre la piel dañada.Tres días más tarde, cuando llegó el momento de retirar los vendajes y revisar las heridas, su médico se sorprendió ante lo que vio. Las quemaduras estaban casi completamente curadas, y había desaparecido cualquier riesgo de infección o cicatrices.
Un estudio, publicado después enla revista científicaBurns, describió que el aerosol era capaz de regenerar la piel de una quemadura al esparcir miles de pequeñas “islas” regenerativas minúsculas, en vez de forzar a que la herida sanara del borde al interior. La técnica pretendía “reducir el tiempo de curación” y “minimizar las complicaciones”, con “resultados estética y funcionalmente satisfactorios”, afirmó el artículo.
Tras el procedimiento de Uram, se utilizó el aerosol para tratar, exitosamente, a otras docenas de víctimas de quemaduras en Alemania y Estados Unidos, y en 2014, Gerlach vendió su tratamiento a RenovaCare. La startup de tecnología médica ha transformado el dispositivo para prueba de concepto de un prototipo complicado en un producto fácil de usar llamado SkinGun, con la esperanza de que los clínicos puedan utilizarlo fuera del ámbito experimental. Para tal fin, RenovaCare está preparando estudios clínicos que iniciará en fecha posterior de este año, con la finalidad de que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) apruebe su SkinGun.
Una vez superados los obstáculos, el CEO de RenovaCare, Thomas Bold, está seguro de que SkinGun podrá competir o hasta sustituir al estándar de atención actual.
El tratamiento actual para quemaduras graves consiste en trasplantar piel sana de una zona del cuerpo para coserla en otra, mediante un procedimiento llamado injerto cutáneo o injerto de piel en malla. Es una cirugía dolorosa que crea una herida adicional en el sitio donador, y que puede limitar el movimiento en las articulaciones, porque la piel trasplantada no crece con el paciente, y solo cubre un área dos a tres veces tan extensa como el parche trasplantado. “El estándar de atención actual es, simplemente, horrible”, asegura Bold. “Somos parte de la medicina regenerativa. Es la medicina del futuro y cambiará las vidas de los pacientes”.
Más allá de los aspectos de regulación, hay otras limitantes tecnológicas que podrían impedir que esta tecnología compita con tratamientos para quemaduras de tercer grado, las cuales conllevan daños musculares y en tejidos que subyacen a la piel. Con todo, el investigador Sarthak Sinha considera que, aunque SkinGun quizá no es tan avanzado todavía, tiene un enorme potencial en esta forma de medicina regenerativa. “Lo que considero el futuro del tratamiento para quemaduras no es la reparación cutánea, sino la regeneración funcional de la piel y sus apéndices, como los folículos pilosos, las glándulas y la grasa”, dice Sinha. “Esto podría lograrse haciendo que las capas más profundas de la piel y sus células madre participen en la regeneración tisular”.
RenovaCare ya ha emprendido investigaciones para un tratamiento de quemaduras de tercer grado, el cual Bold describe como “definitivamente, dentro del margen de posibilidades”. Bold afirma que adaptaciones de SkinGun le permitirían tratar otros órganos dañados usando las células madres del paciente; aunque, por ahora, la compañía se ha centrado solo en quemaduras y heridas de la piel, el órgano más grande del cuerpo humano.
Las quemaduras de Uram son completamente imperceptibles. No hay tejido cicatricial y ni siquiera decoloración pigmentaria, y la piel regenerada incluso se broncea. “Si le muestro a alguien dónde me quemé, apuesto 100 mil dólares a que no lo nota”, dice. “No hay cicatrices ni dolor residual; es como si jamás hubiera ocurrido. Es un milagro”.
A Uram le frustra que el tratamiento no esté disponible para otras víctimas de quemaduras, sobre todo niños. “Quiero que la FDA se ponga a trabajar y apruebe esto”, agrega. “No importa que un adulto como yo tenga cicatrices, pero pienso en los niños que deben pasar el resto de sus vidas con dolor y cicatrices, y eso no está bien”.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek