El voto electrónico protege nuestra democracia, no lo desechen

Los alegatos recientes de que Rusia interfirió en las elecciones de EE.UU. han llevado a los países a asumir que hackear correos electrónicos es lo mismo que hackear una plataforma de votación electrónica. Esto es falso —el sistema de votación de EE.UU. no fue hackeado— y estamos en un peligro real de descartar los beneficios de la tecnología electoral a causa de la confusión sobre la amenaza a la seguridad cibernética.

Las acusaciones de que alguien hackeó las cuentas de correo electrónico de altos demócratas para hacer públicos aquellos embarazosos y así ayudar a influir en la elección de EE.UU. ha hecho que el resto del mundo valore la amenaza de los ataques cibernéticos a la democracia. En semanas recientes, las Jefaturas de Comunicaciones del Gobierno (GCHQ, por sus siglas en inglés) del Reino Unido convocaron a los partidos políticos a una cumbre para discutir el riesgo del hackeo durante una elección general. Francia ha descartado la votación electrónica en las próximas elecciones legislativas de junio para los ciudadanos quienes viven en el extranjero y Holanda anunció que contaría todos sus votos a mano en su elección reciente.

Cuando la tecnología electoral se diseña apropiadamente, los ataques cibernéticos, como los que supuestamente perpetraron los rusos contra los servidores de correo electrónico del Partido Demócrata de EE.UU., no son un riesgo significativo. Las modernas plataformas de votación automatizadas tienen lista una serie de defensas altamente seguras para evitar ser hackeadas que los servicios de correo electrónico y otras aplicaciones basadas en la red no tienen. En primer lugar, las máquinas de votación (al contrario de los correos electrónicos) solo están en línea por uno o dos minutos cada vez para transmitir información, haciendo mucho más difícil, si no imposible, que los hackers se metan en ellas. En segundo lugar, los votos se transmiten a través de canales privados y seguros que no son accesibles al público, con autenticación segura tanto de los remitentes como de los receptores. Los votos son firmados digitalmente y encriptados asimétricamente con algoritmos. En otras palabras, las modernas plataformas de votación automatizada tienen lista una serie de defensas altamente seguras, las cuales los correos electrónicos y bases de datos no tienen.

Incluso las elecciones de EE.UU., hoy bajo tantísimo escrutinio, sirven para demostrar cuán confiable es la tecnología electoral. A pesar de que se usó tecnología que tiene por lo menos 10 años de antigüedad, no ocurrieron incidentes significativos en las elecciones de 2016. Las máquinas usadas para votar y contar los votos funcionaron apropiadamente, y los recuentos solo sirvieron para demostrarlo. Al día de hoy, nadie ha dado evidencia creíble demostrando que los resultados fueron alterados.

Cuando se compara esto con los riesgos que involucra la votación en papel y pluma, donde las posibilidades de error y fraude son interminables —desde votos postales perdidos hasta errores humanos durante el conteo— es preocupante que este sistema manual sea promocionado como una alternativa más segura a la tecnología electoral. En 2004, se invalidaron 496,180 votos de la Asamblea de Londres y las elecciones a alcaldías (6.75 por ciento del total) a causa de errores en las boletas (el votante no declaró claramente su intención).

El pánico nunca es un buen consejero. Con la participación electoral a la baja en todo el planeta y la desafección pública por los gobiernos al alza, debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para mejorar cómo se llevan a cabo las elecciones y cómo la gente interactúa con sus líderes. El reto de celebrar elecciones creíbles debería resolverse a través de más y mejor tecnología, no menos. Por supuesto, combatamos las noticias falsas, el hackeo de correos electrónicos y otras amenazas a la seguridad cibernética. Pero no matemos al perro para acabar con las pulgas: la tecnología de votación electrónica protege la integridad de los votos y nuestra democracia.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek