Es probable que todos nos hayamos preguntado alguna vez qué ocurre de verdad en la mente de nuestro jefe. Después de todo, el poder está en todas partes, desde las escuelas y las empresas hasta los tribunales y los gobiernos. Algunas personas simplemente tienen más influencia y control que otras sobre las personas y los recursos. Por ello, no es de sorprender que el concepto del poder haya atraído la atención de científicos, filósofos y encargados de la política desde la época de los griegos antiguos.
Recientemente, revisé diversos artículos de investigación sobre cómo el hecho de tener poder influye en la manera en que las personas sienten, piensan y actúan. En el estudio, publicado en la revista Annual Review of Psychology, se incluyeron estudios experimentales en entornos de laboratorio, estudios de campo en los que se estudiaron a ejecutivos y empleados de diversas organizaciones, así como estudios basados en diferencias individuales en cuanto a la dominación.
En el estudio, en el que se abarcó la psicología, la neurociencia, la gestión y las investigaciones en animales durante los últimos 15 años, indica que el hecho de tener poder generalmente activa el pensamiento, el habla y la acción. Quienes tienen poder hablan más, suelen interrumpir a otras personas y expresar sus verdaderos sentimientos y deseos con más frecuencia que los demás. Por ello, el poder amplifica la expresión de la personalidad de un individuo.
Por ejemplo, en un estudio, a los participantes, que no se conocían entre sí, se les asignó al azar a un grupo de “jueces” (quienes evaluaban el trabajo de otras personas y determinaban cuánto dinero debían recibir), o a un grupo de “trabajadores” (quienes trabajaban realizando tareas creativas). Posteriormente, los participantes se presentaban ante el grupo. Los jueces solían dedicar más tiempo que los trabajadores a presentarse ante su grupo. Expresaban sus intereses y aficiones con mayor frecuencia y hablaban abiertamente acerca de ellos mismos. En consecuencia, las personas poderosas eran percibidas por los observadores que vieron las presentaciones como personas con una gama más amplia de intereses que los grupos sin poder.
Las investigaciones también revelaron que quienes tienen poder generalmente son los primeros en actuar en distintas circunstancias, que van desde situaciones de emergencia hasta negociaciones fuera del trabajo. Este sentido de responsabilidad e iniciativa podría explicar por qué quienes tienen poder también tienen una orientación más dirigida hacia el logro de objetivos de las demás personas. Tienden a trabajar con entusiasmo para lograr sus objetivos y sus deseos. Esto puede apreciarse en estudios donde se mide la persistencia en tareas difíciles. Al parecer, las personas con poder tienden a dar prioridad a objetivos sobresalientes, a hacer una cosa a la vez y a evitar la realización de varias tareas al mismo tiempo.
Las personas con poder también se identifican fuertemente con su rol y la mayoría de sus objetivos se relacionan con su rol de poder. Por ejemplo, en un estudio realizado en 15 países se pidió a varios ejecutivos de negocios que hicieran una lista de sus objetivos importantes. El crecimiento del negocio fue el más importante, seguido por la continuidad del negocio y la obtención de ganancias. Los intereses familiares estaban en último lugar.
Las personas con poder suelen encontrarse en un estado de entusiasmo conocido como “motivación de enfoque”. Dicho estado intensifica ciertas emociones y hacen que las personas se vuelvan más entusiastas para lograr sus objetivos y deseos, entre ellos, experiencias gratificantes como comer alimentos deliciosos o tener relaciones sexuales. Como resultado, los hombres y mujeres con poder son más proclives a la infidelidad que una persona promedio.
Las personas con poder también son más comprometidas, optimistas y asumen más riesgos. De hecho, no es necesario tener poder para desarrollar estos rasgos; el solo hecho de sentir que tenemos poder también puede desencadenar estas tendencias.
El lado oscuro del poder
Como cabría esperar, las personas con poder se sienten motivadas para mantener su posición. Muestran su poder subrayando su aptitud mediante señales verbales y no verbales, como hablar de manera confiada, mostrarse relajadas y ocupar más espacio físico. Cuando enfrentan alguna amenaza a su ego, como cuando carecen de aptitud o enfrentan alguna inestabilidad, las personas con poder suelen reafirmar su dominio utilizando medios autoritarios como la agresión.
En términos generales, el poder da energía a las personas para lograr cualesquier objetivos y deseos que consideren importantes. Por ello, las personas con poder suelen tener una visión de túnel acorde con sus prioridades y pasan por alto información que consideran irrelevante. Son personas expresivas y pueden asumir fácilmente diferentes roles, especialmente aquellos que les ayuden a satisfacer sus intereses organizacionales o personales. Esta capacidad refleja flexibilidad al enfrentar cambios organizacionales. Sin embargo, dado que nuestros propios intereses suelen ser sobresalientes, resulta claro que el hecho de tener poder conlleva el riesgo de corrupción y de mostrar una conducta interesada, impulsada por sentimientos de merecimiento y confianza.
La mayor capacidad de acción y orientación al logro de objetivos de las personas con poder son elementos que les ayudan a influir en otras personas, conseguir que las cosas se hagan y alcanzar el éxito, pero también tienen varias posibles consecuencias negativas para la sociedad en general. Éstas últimas pueden verse en las maneras en que las personas con poder suelen percibir y tratar a otras personas. Quienes tienen poder enfocan su atención demasiado estrechamente en sus propios objetivos y dedican poca atención a las situaciones sociales. Por esta razón, pueden tener dificultades para asumir el punto de vista de otras personas, apoyándose frecuentemente en estereotipos y tratando a los demás como objetos.
Estos rasgos perjudiciales pueden mitigarse mediante una capacitación en responsabilidad social y una buena cultura organizacional. Las organizaciones que solo se centran en la obtención de ganancias y en maximizar sus objetivos pueden instar a sus ejecutivos a descuidar otras cosas importantes, como las personas. En contraste, las organizaciones que hacen énfasis en la función de las personas pueden fomentar prácticas de gestión socialmente responsables. A largo plazo, esto puede generar ambientes más prósperos y quizás incluso un aumento en las ganancias financieras.
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