Cinco previsiones del divorcio Gran Bretaña y la Unión Europea

Este miércoles, al invocar el Artículo 50 del Tratado de la Unión Europea, el Reino Unido ha dado otro paso para hacer realidad el resultado del referendo del año pasado. Sin embargo, el camino que tiene por delante luce bastante accidentado.

Los dos años de negociaciones podrían concluir con una salida violenta de la UE

Es posible que las negociaciones del Artículo 50 conduzcan a un callejón sin salida. Si no se llega a un acuerdo, el Reino Unido se separaría de la Unión Europea al cabo del periodo de negociaciones de dos años sin que conserve vínculos formales con instituciones económicas, políticas o de seguridad en la UE.

Eso sería perjudicial para el Reino Unido y la UE, y también afectaría los intereses de Estados Unidos. El Reino Unido desempeña un papel importante en organizaciones como Europol y la Agencia Europea de Defensa, y debe conservar esa función incluso después de abandonar la Unión Europea.

Las barreras técnicas al comercio causarán daños económicos. Si no se establecen acuerdos explícitos de reconocimiento mutuo, las exportaciones del Reino Unido a la UE (y viceversa) podrían quedar sujetas a las mismas inspecciones, certificaciones y demás barreras que las importaciones procedentes de otras partes del mundo. Y esto ocurriría pese a que, al día siguiente de separarse de la UE, la mayor parte de las reglas y los estándares para el mercado único de la UE seguirían aplicándose en el Reino Unido.

La prioridad de todos los interesados es evitar semejante resultado.

Es inútil proceder de manera jurídica

No existe un plan de acción para las negociaciones Brexit, de suerte que, en cierta medida, el curso que sigan las negociaciones será arbitrario. No obstante, Michel Barnier, el principal negociador de la UE, sugirió que es necesario que el acuerdo de separación –incluido un acuerdo financiero- debe quedar concluido antes que puedan iniciarse las negociaciones sobre futuros lazos comerciales.

Por consiguiente, la presidencia estadounidense debiera alentar a todos, incluido el UE-27, a mantener la atención puesta en el objetivo principal, en vez de trazar límites.

No es conveniente que la inmigración sea un elemento central de las negociaciones

En principio, aún es posible que el Reino Unido salga de la Unión Europea sin abandonar un solo mercado. Igual que Noruega o Islandia, se convertiría en miembro del Espacio Económico Europeo o bien, podría negociar una serie de acuerdos bilaterales con la UE, como hizo Suiza. De esa manera, minimizaría la posible desventaja económica de su separación, sin renunciar a opciones futuras.

La única razón de que Theresa May haya descartado, tan vehementemente, esta alternativa tiene que ver con la inmigración. Pues el mercado único conlleva el libre desplazamiento de individuos.

El elemento ausente en el debate del Reino Unido es que, bajo los tratados existentes, los países del mercado único ya tienen un espacio sustancial para restringir el acceso al bienestar y los servicios públicos, y también la propia inmigración, con recursos como un comprobante de empleo o demostrar la suficiencia de fondos para la subsistencia personal.

Esta podría haber sido la oportunidad para reformar la UE

Cada vez más voces en la Unión Europea claman por el reconocimiento explícito de que hay múltiples estrategias para la integración, o una “Europa a varias velocidades”. Países como Suecia, Dinamarca, Polonia, Hungría y la República Checa no tienen prisa por entrar en la eurozona (Dinamarca, explícitamente, ha optado por mantenerse fuera).

Bajo un mejor liderazgo, las negociaciones Brexit podrían haber sido una buena oportunidad para reformar el gobierno de la eurozona, al tiempo que se otorgaba una condición de asociado más holgada a los países que decidieran mantenerse fuera, quizás incluyendo al Reino Unido.

Este bien podría ser el fin del Reino Unido

O, mejor dicho, el fin de la unión de más de 300 años entre Inglaterra y Escocia. Para la indignación de Westminster, la primera ministra de Escocia, Nicola Sturgeon, ha conseguido el respaldo del Parlamento escocés para organizar un segundo referendo sobre la independencia de Escocia.

Si el Parlamento del Reino Unido permite que se celebre, el referendo promete ser un asunto muy divisivo y conflictivo, igual que el primer sufragio que se llevó a cabo en 2014. Peor aún, agravaría inevitablemente el caos que desató el ex primer ministro David Cameron el año pasado, cuando sometió a plebiscito la membresía UE del Reino Unido.

Este artículo apareció por primera vez en el sitio de American Enterprise Institute.

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Publicado en cooperación con Newsweek/ Published in cooperation with Newsweek