Era una mujer intachable y muy metida en los asuntos en que su olfato percibía injusticia.
Su carácter era fuerte a pesar de su frágil aspecto físico, y su disciplina, capacidad, ideales y entrega en la profesión del periodismo la llevaron a ocupar un reconocimiento especial en el gremio a nivel estatal y nacional, porque no era eclipsable.
Increíble la noticia de su muerte, que voló por todas las redacciones en minutos ayer por la mañana. ¿Quién le haría ese daño a una mujer cuya única forma de defenderse era la pluma?, y que además estaba ilusionada por el casamiento de su única hija dentro de un par de meses.
Miroslava desnudó con sus escritos las actividades del narcotráfico en la sierra, poniendo nombre y rostro a los protagonistas y actores de la tala de árboles, el robo de combustibles y el trasiego de drogas, entre ellos “El Cabo” y “El 802 –dos criminales del Cártel de Juárez que controlan dicha zona, y que se disputaron recientemente el liderazgo a balazos en Cuauhtémoc.
Pero los mismos habitantes de esas regiones atestiguan que los grupos armados están dedicados a lo suyo y que no se meten contra los civiles, testigos de sus balaceras.
Entonces surge la pregunta: ¿por qué habrían de asesinar estos grupos a la periodista y por qué en especial a ella?, como es la hipótesis principal de la Fiscalía estatal.
Los nombres de “El 80” y “El Cabo” –fallecido este último en el enfrentamiento del domingo pasado en Cuauhtémoc–, eran públicos no solo en NORTE, sino en varios medios de comunicación; incluso el FBI los boletinó desde 2012 entre los más buscados.
Si bien no hay duda de que Miroslava falleció por el ejercicio de su profesión, como tampoco la hay de que su asesino fue un sicario profesional del crimen organizado, ¿habrán sido sus notas las que provocaron el enfado de los capos?
Cualquier analista sabe que el llamado “80” no se manda solo, y que haber ordenado él la muerte de la compañera Miroslava Breach sería igual que cavar su propia tumba, porque encendería al Estado.
¿Quién, entonces, tendría poder sobre los grupos criminales y la decidida intención de incendiar el Estado?
NORTE tiene su sede en Juárez y si fuera el ataque por una línea editorial, pues cualquiera de nosotros –quienes trabajamos aquí– podríamos haber sido el blanco.
De mero análisis, ¿no sería nuestra compañera solo una carnada de los vaivenes políticos que tratan de desestabilizar al gobierno de Javier Corral?
Miros, como le decíamos aquí, no solo evidenció la actividad criminal en la sierra: fue la valiente periodista que puso en jaque al gobierno anterior al destapar el desvío de recursos oficiales al Banco Unión Progreso.
Las autoridades deberán entonces precisar y convencer en su investigación, porque definitivamente esto no fue la ocurrencia de un sicario.