TOM McCLINTOCK debió tener una corazonada de que enfrentaría
algunos percances apenas dos semanas después de la investidura de Donald Trump.
El 4 de febrero, el congresista republicano —quien ganó su distrito con 61 por
ciento de los votos en noviembre— encontró una recepción tan violenta en una
reunión popular en los suburbios de Sacramento, California, que terminó
saliendo del evento escoltado por un policía y eludiendo una multitud hostil y
desbordada de manifestantes agitados afuera en la acera.
Semanas después, McClintock estaba más preparado para las
cerca de 1700 personas que abarrotaron el gimnasio de una preparatoria para otra
reunión popular en los suburbios de Sacramento, en su mayoría enojados. El
congresista en su cuarto periodo se mantuvo firme en su apoyo a revocar el
Obamacare, construir un muro en la frontera con México y sentar exenciones en
las leyes contra la discriminación para las organizaciones religiosas que se
oponen al matrimonio gay.
Pero los críticos de McClintock también se mantienen firmes.
Tal vez no atraigan a la misma prensa como lo hicieron en la semana del Día de los
Presidentes, un receso congresista cuando una multitud de manifestantes recibió
a los legisladores en sus propios estados y distritos, pero Doug Todd, uno de
los organizadores del grupo local que ayudó a abarrotar las gradas en la
Preparatoria Oak Ridge en El Dorado Hills, California, promete que continuarán
“mostrando nuestro alcance en bloque y en público”. Antes de febrero, el hombre
de 33 años nunca había ido a una protesta, ya no digamos organizar una. Ahora,
además de su trabajo cotidiano, Todd dice que es “un activista casi de tiempo
completo”.
Todd es uno de los miles de estadounidenses que se han
reunido en aeropuertos, juntas populares, capitolios estatales y oficinas
congresistas distritales desde la investidura de Trump, como parte de un
alzamiento popular que muchos comparan con el Partido del Té, un incipiente
movimiento conservador que ayudó a elegir una oleada de funcionarios
republicanos opuestos al sistema y fiscalmente conservadores a partir de 2010.
Al enfocarse en miembros del Congreso y montar protestas en eventos públicos
locales, el Partido del Té acobardó a funcionarios republicanos y espoleó al
partido a asumir una postura obstruccionista contra el presidente Barack Obama.
Todd, quien votó por Obama, ahora usa el mismo manual de estrategias en su
búsqueda de metas liberales.
Es un enfoque que él copió de un memorando político que
empezó a circular en medios sociales en diciembre. Conocido como la Guía
Indivisible, fue redactado por un puñado de exempleados del Capitolio como un
manual básico para liberales que busquen influir en el Congreso y presionar
contra Trump. El mensaje: las tácticas del Partido del Té funcionan. De hecho,
podrían resultar todavía más potentes en la era de Trump que como lo fueron con
Obama. Con su riña sobre la magnitud de la multitud en su investidura un día
después de ser presidente, Trump expuso tal vez su más grande vulnerabilidad
política: su intensa sensibilidad por la opinión pública. Más que una
obstrucción en el Senado u otra maniobra legislativa, la susceptibilidad de
Trump podría ser el mejor punto de apoyo para el movimiento progresista. Esa es
la lección que la supuesta #Resistencia (#Resistance) está tomando de estos
primeros meses de la presidencia de Trump.
Autoproclamado como un adicto político, Todd se enteró
primero de la Guía Indivisible cuando Robert Reich, exsecretario del Trabajo
con Clinton, la compartió en Twitter en los días posteriores a la victoria de
Trump. Pero no fue sino hasta el día de la investidura “cuando realmente sentí
que algo debía hacerse”, dice. Pronto, Todd abrió una página de Facebook para
un grupo nuevo, Indivisible Roseville, y empezó a publicar noticias y eventos
que criticaban al magnate neoyorquino de bienes raíces. A las pocas semanas
había amasado cientos de seguidores, y ayudó a llevar a casi mil personas a la
primera reunión popular de McClintock. Ahora, Todd ha unido fuerzas con un
puñado Indivisible de otros grupos que brotaron como hongos desde la elección
para formar Indivisible CA 4, una referencia a su distrito congresista. Para
principios de marzo, la página en Facebook del grupo tenía casi 2000
seguidores.
El aumento en la actividad cuando Trump entró en su segundo
mes en la oficina responde, al menos tentativamente, la pregunta central que
surgió de las marchas de mujeres contra Trump el 21 de enero. Las marchas
fueron un momento catártico para los liberales, ya que la asistencia superó con
mucho las expectativas y obstruyó la Plaza Nacional en Washington, D. C., y los
capitolios estatales por todo el país. Pero muchos se preguntaron: ¿puede
sostenerse esta energía, esta presión? Ocho semanas después, la ira contra
Trump todavía hierve, y no solo en el norte de California. Los activistas han
abarrotado salones y montado protestas incluso en estados profundamente
republicanos como Utah y Tennessee. Estas escenas posiblemente continúen en el
futuro cercano conforme los republicanos empiecen su acción de derogar y
remplazar el Obamacare en forma. La propuesta republicana apoyada por Trump,
publicada el 6 de marzo, tendrá un impacto directo en la atención médica de
millones de estadounidenses, un motivo amplio para más protestas.
Los aliados de Trump se burlan de las multitudes de la
#Resistencia diciendo que son obra de agitadores profesionales. Los
republicanos también rechazan las comparaciones con el Partido del Té. “Esto no
es lo mismo”, dijo Scott Perry, representante por Pensilvania, a los reporteros
en febrero. “Tal vez algunas de las acciones que hacen son similares, pero
cuando se ven anuncios —y están allí— para que vayan manifestantes pagados, y
cuando ves las pancartas, no están hechas en la sala de estar de alguien; están
impresas en diferentes idiomas. Esta es una operación muy diferente”.
Organizaciones progresistas nacionales tratan de amplificar
las protestas, y grupos como Paternidad Planeada y MoveOn.org también organizan
mítines y manifestaciones a través de sus secciones locales. Pero no hay
evidencia de que la gente que se presenta en estos eventos esté pagada. Muchos
en la más reciente reunión popular de McClintock blandieron pancartas adornadas
con su código postal, una refutación a su afirmación de que los manifestantes
no pertenecían a su distrito. Otra presentó una cartulina pegada a su espalda
con un mensaje escrito a mano: “¡No soy una manifestante pagada!”. Los
organizadores también afirman que la mayoría de la gente que viene a los
mítines son verdaderos votantes con quejas reales, y muchos son nuevos en el
activismo político. “Ya sabes, todos esperamos nuestros cheques”, bromea Billie
Mays, asistente administrativa y madre soltera que ayudó a planear la marcha
local de las mujeres en Cincinnati en enero.
La Marcha de las Mujeres de Cincinnati atrajo alrededor de
12,000 personas, un cálculo que anonadó a Mays. “En Cincinnati la gente sale
para juegos de futbol, pero nunca ves una asistencia enorme por una causa”. El
entusiasmo la convenció de comenzar el grupo local Unidos Venceremos
Cincinnati, el cual desde entonces ha ayudado a organizar protestas contra Rob
Portman, senador de Ohio, y el representante Steve Chabot. Al contrario de
McClintock, Portman y Chabot, se han negado a celebrar reuniones populares con
sus electores, por lo que Mays y sus miembros han organizado mítines en los
eventos privados y recaudaciones de fondos donde se presentan los hombres.
Estos eventos han llamado la atención de los republicanos.
Un líder republicano local que organizó una recaudación de fondos con desayuno
de panqueques para Portman y Chabot se acercó recientemente a Mays porque
“estaban preocupados de que fuéramos a ser en verdad disruptivos”, dice. Pero
“vamos a quedarnos afuera y ser pacíficos”.
Otra señal de que los republicanos están nerviosos: están
tratando de reunir a sus partidarios para presentarse y contrarrestar las
protestas contra Trump. En el distrito de McClintock, un supervisor municipal
local envió un correo electrónico al Listserv del Partido del Té alertando a
los seguidores con letras en negritas y subrayadas que el “Congresista TOM
MCCLINTOCK NECESITA AYUDA”. Rogó a los partidarios que le mostraran a “la
izquierda que no toleraremos este comportamiento”. Los llamados parecen haber
tenido un poco de efecto: Todd dice que ha notado que más partidarios de Trump
se presentaron en las recientes reuniones populares de McClintock.
Nacionalmente, un grupo a favor de Trump ayudó a organizar mítines en apoyo del
presidente el 4 de marzo, aunque la mayoría de estos alrededor del país
atrajeron solo unos cuantos cientos de personas.
Mays está más preocupada por la acción republicana de
contener las protestas en muchos estados. El 2 de marzo, The New York Times
reportó que “legisladores republicanos en por lo menos 16 estados han
presentado proyectos de ley con la intención de hacer más ordenadas las
protestas o endurecer los castigos contra aquellas que se salgan de control”.
El mismo día, el grupo de Mays celebró una reunión en una iglesia de Cincinnati
para informar a los miembros de sus derechos como manifestantes. “Llevamos
nuestras copias de la Constitución”, dice Mays, quien añade que el grupo busca
representación legal para ayudarle con problemas futuros.
Ese tipo de costos y responsabilidades recaen enteramente en
las organizaciones locales. El grado en que grupos progresistas nacionales
están implicados es principalmente para ofrecer información para celebrar una
reunión popular o explicaciones sobre asuntos políticos. Por ejemplo, los
fundadores de la Guía Indivisible, la cual se registró como una organización
sin fines de lucro en enero, envían un correo electrónico semanal a los líderes
de grupos —más de 5800 alrededor del país en el último recuento— con los
problemas a escala nacional en que están enfocados. Y diseminan cosas como
puntos de discusión diariamente en medios sociales. Susan McConnell, una de las
cofundadoras de una sección local de Indivisible en Scottsdale, Arizona, dice
que ella dependía de la información del grupo para organizar una reunión
popular en ausencia de su congresista, el republicano David Schweikert, quien
se ha negado a celebrar eventos públicos. Pero ni McConnell, profesora
jubilada, ni Todd han tenido una interacción directa con los líderes nacionales
de Indivisible, algo que contrasta con las afirmaciones republicanas de agentes
domiciliados en D. C. orquestando las protestas a distancia.
Sin embargo, muchos grupos han visto que podrían usar algo
de ayuda en la coordinación. En el área de Cincinnati, un puñado de grupos
contra Trump chocan unos contra otros al tratar de unir a la #Resistencia.
Además de Unidos Venceremos Cincinnati, de Mays, ahora hay una sección de
Indivisible, una rama de Nuestra Revolución, el grupo nacional de defensa
formado a partir de la campaña presidencial insurgente de Bernie Sanders, y una
filial local del grupo de Facebook Nación de Traje Sastre a favor de Hillary
Clinton, la cual se hace llamar Juntas Podemos. Los líderes de los varios
grupos han formado un “consejo de dirigencia”, dice Mays, con el objetivo de
“comprender qué hacen estos grupos” y asegurarse de que no se dupliquen
acciones.
La fragmentación también es evidente en la cantidad de
eventos contra Trump en camino. Solo en abril, los progresistas se preparan
para marchas nacionales el Día de la Declaración Fiscal y el Día de la Tierra,
así como protestas en reuniones populares durante el receso de dos semanas del
Congreso por Pascua. Y muchos grupos locales también planean eventos
relacionados con el fin de semana del Orgullo en abril. La gente que ya ha
salido a las calles o tomado asientos en reuniones populares empieza a quejarse
de agotamiento. “La cosa es tratar de mantenerlo en marcha”, dice Mays.
Grupos progresistas domiciliados en D. C. están ansiosos por
ayudar, ofreciendo su alcance nacional, experiencia política y bases de
financiamiento. El Centro para el Fondo Estadounidense de Acción Progresista,
organización hermana del grupo de expertos fundado por John Podesta, exadministrador
de campaña de Hillary Clinton, trata de servir como una especie de organización
coordinadora. Ellos han contactado aproximadamente 70 por ciento de las
organizaciones progresistas que se han formado desde la elección, incluidas
filiales de Guía Indivisible y de Nación de Traje Sastre, para compartir
información, dice su personal. Ello incluye cosas como una teleconferencia
permanente con directores de comunicaciones de varios grupos progresistas y una
herramienta de búsqueda en línea de reuniones populares para ayudar a la gente
a acudir a eventos con sus funcionarios elegidos.
La Guía Indivisible también ha hecho equipo con la Unión
Estadounidense de Libertades Civiles, MoveOn.org y Paternidad Planeada para
llamadas con miembros sobre temas relevantes.
Sin embargo, hay riesgos si el movimiento asume un enfoque
demasiado vertical. El poder de la #Resistencia ha sido su autenticidad de
bases, lo cual llama la atención de los políticos. Perder eso no solo le
restaría fuerza, sino que también ayudaría a la narrativa de la Casa Blanca de
que intereses especiales se han apropiado de los grupos de protesta, algo que
los liberales afirman que le sucedió al Partido del Té.
Lo que sostendrá al movimiento, dicen los observadores, son
las quejas reales expresadas por votantes locales. La derogación y remplazo
propuesto del Obamacare, por ejemplo, parece que posiblemente anime a los
manifestantes en semanas y meses por venir. Ello se debe a que es algo personal
para muchísima gente, como miembros del Congreso ya lo han visto en electores
enojados que dependen de los intercambios de seguros de salud privados o de la
cobertura ampliada de Medicare para atención de emergencia. Mays dice que los
titulares provenientes de Washington continúan siendo una motivación poderosa
para que gente como ella siga en esto, a pesar del agotamiento.
“A menos de que este presidente y esta administración
cambien drásticamente lo que están haciendo, entonces no vamos a cejar en lo
que estamos haciendo”, comenta Mays. “Hasta donde puedo ver, apenas estamos
comenzando”.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in
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