Espanto frente a las superbacterias

Los peligros de las bacterias resistentes a los antibióticos han llegado a las salas pediátricas. Según un nuevo estudio, entre 2007 y 2015 aumentó la cifra de niños hospitalizados con infecciones por algún tipo de bacteria resistente a numerosos tipos de antibióticos. Dicho estudio es el primero que confirma la gravedad de las infecciones por bacterias multirresistentes (MDR) —superbacterias, como las llaman muchos expertos— entre niños de Estados Unidos, y subraya la proliferación alarmante de patógenos bacterianos que ya no podemos tratar con nuestros medicamentos.

Para investigar la prevalencia de bacterias MDR entre los niños, los investigadores de la Escuela de Medicina de Case Western Reserve University estudiaron datos de pacientes de 48 hospitales pediátricos de todo el país. Con base en los diagnósticos y los códigos de reclamación de reembolso, identificaron diagnósticos de infecciones por enterobacterias, grupo de patógenos que incluye la Salmonella, Escherichia coli y Shigella, entre otros. Y entre los diagnósticos precisaron los categorizados como resistentes a múltiples fármacos.

En los cerca de 107,000 diagnósticos de infecciones por enterobacterias identificados en los registros hospitalarios analizados, los investigadores hallaron 724 casos de multirresistencia. Eso significa que menos de 1 por ciento de las infecciones fueron resistentes a los antibióticos. No obstante, el estudio, que abarcó un periodo de ocho años y fue publicado este mes en Journal of Pediatric Infectious Diseases Society, reveló una tendencia impactante. Si bien la cantidad total de infecciones por enterobacterias se mantuvo bastante estable año con año, la proporción de infecciones resistentes a los antibióticos aumentó de 0.2 por ciento en 2077 a 1.5 por ciento en 2015. “Para el público general, un cambio de 0.2 a 1.5 por ciento quizá no signifique mucho”, dice Sharon Meropol, pediatra y epidemióloga que dirigió el estudio. “Pero para expertos en enfermedades infecciosas, es muy ominoso”.

Un análisis ulterior de los registros nosocomiales reveló información adicional inquietante. Casi todos los niños adquirieron las infecciones MDR antes de que se hiciera el diagnóstico, lo que indica que las superbacterias circulan cada vez más en el público general. “Estas solían ser infecciones hospitalarias”, dice Meropol. “Ahora los niños se infectan en la comunidad”. Fuera del confinamiento de un hospital, esas bacterias pueden diseminarse más lejos y más rápido. Y aunque el análisis no reveló una tasa de mortalidad drásticamente más elevada entre los niños infectados por superbacterias, hubo más muertes en este grupo respecto de otros con infecciones no MDR. Además, la estancia hospitalaria promedio fue de cuatro días más (21 contra 17 días) para las enfermedades con resistencia antibiótica, comparadas con otras infecciones por enterobacterias. En otras palabras, su tratamiento es más difícil y costoso.

El estudio presenta algunas debilidades. Dado que el conteo de infecciones MDR se basó en códigos diagnósticos y reclamaciones de reembolso obtenidas de los expedientes de salud, más que en muestras de sangre u otros datos biológicos, el total podría ser inexacto, señala Michael Smith, especialista en enfermedades infecciosas pediátricas de la Escuela de Medicina de la Universidad de Louisville.

En los ocho años que abarcó el estudio, las mejoras en las pruebas para detección de bacterias MDR habrían resultado en más diagnósticos, lo cual “puede haber sesgado la ocurrencia de informes”, dice Janet Haas, directora de epidemiología en el Hospital Lenox Hill de Nueva York. “Hay que interpretar estos datos con cautela”, agrega Haas.

Con todo, Smith y Haas concuerdan en que la tendencia es preocupante. “La frecuencia con que aumentan estas altas es muy pronunciada”, dice Haas. Smith también señala el incremento paralelo de superbacterias de otras familias bacterianas, como Staphylococcus aureus resistente a meticilina, o MRSA, que causa una variedad de enfermedades graves, incluida neumonía. Y considerando que el estudio solo contempló 48 hospitales pediátricos, la cifra de infecciones MDR entre niños estadounidenses podría ser mucho mayor.

En gran medida, los expertos atribuyen el origen de las superbacterias al abuso de los antibióticos. Según los Centros para Control y Prevención de Enfermedades, al menos 30 por ciento de los antibióticos recetados anualmente son innecesarios. El exceso de antibióticos facilita la proliferación de cepas bacterianas capaces de resistir estos tratamientos. En consecuencia, una infección urinaria ocasionada por E. coli,que antaño podía eliminarse fácilmente con penicilina o cefalosporina, hoy persiste pese a varias rondas con estos antibióticos. La administración de antibióticos al ganado para acelerar su crecimiento y mantenerlo sano –práctica que representa hasta 80 por ciento del consumo de antibióticos en Estados Unidos- también impulsa la proliferación de superbacterias.

Las consecuencias de las infecciones MDR son terribles. Haas señala que, cuando fracasan los antibióticos de primera y segunda elección, algunos de los “fármacos de último recurso” pueden resultar peligrosos para los niños. La escasez de medicamentos eficaces ha orillado a ciertas farmacéuticas a proponer antibióticos descartados hace mucho por considerarlos excesivamente tóxicos. Y como demuestran los hallazgos del nuevo estudio, el problema está escalando. “Es escalofriante”, dice Meropol. “Los especialistas en enfermedades infecciosas están asustados”.

También lo están las autoridades de salud pública. El 25 de febrero, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó su primera lista de “patógenos prioritarios” (familias bacterianas con resistencia antibiótica grave y peligrosa). Los considerados como amenazas más urgentes, incluida la familia de enterobacterias, son causantes de infecciones graves, a veces mortales, que se originan en hospitales y asilos de ancianos. Esas bacterias, como otras que figuran en el listado de la OMS, se conocen como “Gram negativas”, término que aplica a los patógenos con estructuras internas que facilitan la resistencia antibiótica, y que tienen la capacidad de transmitir dicha resistencia a otras bacterias genéticamente.

Meropol conserva el optimismo en cuanto a la posibilidad de detener e incluso, revertir la tendencia. Si se reduce, drásticamente, el uso de antibióticos con el ganado y dejan de recetarse, innecesariamente, en humanos, sería posible ralentizar la diseminación de superbacterias. Ya se han tomado medidas para alcanzar esos fines, como las nuevas reglas que emitió la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, con objeto de controlar el consumo de antibióticos para uso agrícola. La prevención proactiva de enfermedades bacterianas —mediante vacunas o, simplemente, mejorando la higiene— también podría frenar la diseminación de superbacterias, informa Meropol. Además, Smith señala que los médicos deben poner de su parte para detener el abuso. “Si no tienes evidencias convincentes de una infección bacteriana, no debes recetar antibióticos”, puntualiza Smith.

Para los autores, los hallazgos son una señal de alarma que no debe ignorarse. “Debemos permanecer alertas —escriben en su estudio—, y hacer todo lo posible para contener e, incluso, revertir este proceso”.

Publicado en cooperación con Newsweek/ Published in cooperation with Newsweek