Actuación automática

EL BLACKBIRD se ve y se maneja como un
Ford Mustang. Y un Toyota Prius. O un Range Rover. Y ese es el punto: el Blackbird
no es ninguno de esos autos, pero puede aparentar ser todos ellos. The Mill,
una compañía británica productora de efectos visuales, lo diseñó como un
armazón automotriz totalmente ajustable que cambia de tamaño y manejo para
imitar cualquier auto mientras se lo “reviste” con imágenes generadas por
computadora de calidad fotográfica que engañan al ojo para que vea cualquier
auto que el director de una película quiera que vea.

The Mill creó el Blackbird —llamado así
por el avión de reconocimiento superrápido— para que su tamaño y forma puedan
cambiar con presionar un botón mientras que las llantas y la suspensión también
pueden alterarse fácilmente para copiar el chasis de cualquier auto, y el motor
eléctrico puede programarse para que se maneje prácticamente como cualquier
auto. El auto está equipado con cámaras y escáneres para crear un modelo
tridimensional perfecto del ambiente que lo rodea para darle todavía más vida
al auto y asegurarse de que los reflejos en la cobertura creada por computadora
puedan empatarse perfectamente con la “realidad” de su ubicación cuando el
“auto” es añadido en la postproducción.

“La idea es muy sencilla, pero lo que no es sencillo es
hacerla realidad: capturar el ambiente perfectamente porque los vehículos son
espejos sobre ruedas y reflejan todo”, dice Alistair Thompson, vicepresidente
ejecutivo internacional de The Mill. Y como todos los detalles visuales del
auto son generados por computadora pueden alterarse fácilmente y actualizarse
sin volver a filmar nada. ¿Quiere que ese Chevy Camaro sea negro? No hay
problema.

Thompson también cree que cambiará cómo
trabajan los diseñadores de autos. “Es difícil saber cómo se verá realmente un
auto y cómo se manejará cuando lo diseñas hasta las últimas etapas, pero
podemos permitir que las compañías de autos vean el manejo del ‘auto’ con un
revestimiento por encima del Blackbird para que puedan visualizar las cosas más
pronto y más eficazmente”.

Las compañías automotrices, en opinión de
Thompson, pueden usar el Blackbird para crear una sala de exhibiciones de
realidad virtual, donde el espectador podría ver cómo se maneja un auto en una
locación real pero también tendría la capacidad de cambiar los colores y otros
detalles, por dentro y por fuera. “La interactividad cambiará el proceso de
comprar un auto”.