El arribo de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos en un día enmarcado por una pertinaz lluvia y un clima gélido que no impidió que los ánimos se calentaran en Washington y se produjeran diversas manifestaciones en contra del nuevo inquilino de la Casa Blanca en un día histórico para Estados Unidos, ha generado diversas opiniones alrededor del mundo que mira atónito la culminación del cambio radical que decidió la sociedad de Estados Unidos el 9 de noviembre pasado.
Arropado al día de hoy por apenas el 37 por ciento de popularidad entre la población del país que gobernará por al menos cuatro años (en caso de no ocurrir unimpeachment u otro imprevisto), Donald y su discurso “trumpiano” de querer “hacer grande a Estados Unidos otra vez” tiene en México a uno de sus principales enemigos y en el TLCAN uno de los objetivos a defenestrar para mermar la economía mexicana, ya que es a través de este que el vecino del sur logra introducir el 90% de sus exportaciones en la Unión Americana.
Reconocido a nivel mundial como un empresario que labró su éxito en el sector inmobiliario y convirtió su nombre en su principal activo: la marca Trump, que vende en el mundo entero, el nuevo presidente estadounidense es también una celebridad que frecuenta los círculos mundanos de Nueva York. Exdueño del concurso Miss Universo, debe su popularidad sobre todo al programa de televisión “The Apprentice”, del cual fue productor y presentador.
Doble discurso
Pese a su historial como empresario transnacional y beneficiario de la globalización mundial abanderada por la nación que hoy gobierna y que le ha hecho amasar una fortuna valuada por Forbes en 3700 millones de dólares, Trump ha enarbolado un discurso nacionalista en el que busca regresar a Estados Unidos la producción que generan sus empresas en otras partes del mundo y que, desde su perspectiva, han reducido las oportunidades de empleo y mermado la calidad de vida de los estadounidenses.
Sobre esto, México es pieza clave y fungió de “chivo expiatorio” durante toda la campaña presidencial de Trump, ya que como pieza clave de la cadena de valor de la globalización, las propuestas del rubio magnate que ahora despachará desde el Salón Oval, dañarían severamente a los estados mexicanos que basan su economía en las grandes empresas norteamericanas que se establecieron en sus territorios.
“A México le espera un cambio radical que nos afectará, ya que lo primero que vamos a ver será el nuevo muro que buscará construir”, asegura la doctora María Luisa Parraguez, experta en Relaciones Internacionales, quien afirma que el muro fronterizo “es un proyecto que el Home Land Security ha comenzado a ver desde los primeros días de enero, y aunque probablmente no lo termine, Trump buscará cumplir su palabra ante los estadounidenses”, señala la catedrática del Tecnológico de Monterrey Campus Ciudad de México.
En política, Trump actúa como un impulsivo y no trata de disimular un ego desmedido. Pero es ante todo un hombre instintivo que logró captar la rabia y la frustración de una parte de Estados Unidos, la de la clase obrera blanca que se siente desplazada, víctima de la globalización, coinciden en afirmar académicos del Tec de Monterrey durante un evento organizado este viernes en la Ciudad de México en el que analizaron la llegada de Donald Trump al poder.
“Trump ha prometido que hará volver las fuentes de empleo a Estados Unidos. Después de su elección y antes de asumir la presidencia, presionó a las empresas y obtuvo algunos resultados con fabricantes de automóviles que anunciaron inversiones y la voluntad de repatriar fábricas instaladas en México”, afirmó el politólogo Jorge Fernández Santillán.
Sin embargo, el sucesor de Obama tiene poco en común con aquellos a los que pretende representar y defender ante el establishment al que critica hasta la saciedad, ya que antes de llegar a la Casa Blanca, vivía en un lujoso triplex en lo alto de la Torre Trump, en Manhattan, viajaba en avión privado y se permitió gastar 50 millones de dólares de su fortuna personal en la campaña electoral.
Excepcionalismo estadounidense
En su discurso de este viernes, Trump afirmó que Estados Unidos seguirá siendo el líder mundial, el país elegido y plasmado en el “destino manifiesto”, señala Parraguez, quien considera que las primeras palabras de Trump como presidente reflejaron “un discurso de excepcionalismo que apela a la nación ‘iiluminada’ por dios, algo típico de EE. UU.”
Por su parte, el doctor Gustavo López Montiel afirmó que Trump logró engañar a los estadounidenses en temas como el supuesto desempleo y la inseguridad en la Unión Americana, que de hecho, “presenta las tasas más altas de empleo de los últimos años, además de que en materia de seguridad Estados Unidos ha mantenido un promedio desde la administración de Bill Clinton a la fecha”.
De la URSS a México
La diferencia entre Trump y Reagan es que el enemigo de Reagan era Rusia, porque eran los días de la Guerra Fría, hoy el enemigo es México, señaló Fernández Santillán, quien recordó a los asistenes que “lo primero que hizo (Trump) fue declarar que iba a revisar el TLCAN, después la construcción del muro, la deportación de al menos 3 millones de mexicanos y a gravar fiscalmente las remesas”.
“El caballito de batalla de Trump que ha sido el trabajo ha sido montado sobre dos mentiras fundamentales: que los migrantes le están quitando el trabajo a los estadounidenses, y que el empleo ha ido a la baja, cuando la realidad indica que Obama recuperó a Estados Unidos de la crisis de 2008”, afirma el también columnista de El Universal.
Por su parte, la Dra. Maria Elena Meneses, experta en comunicación digital, consideró que México no es el mismo de los años ochenta, ya que “en ese tiempo las instituciones eran fuertes, ahora atravesamos una crisis económica fuerte, sin petróleo, como mexicanos, tenemos que tomar distancia; Trump es un Reagan en tiempos de redes digitales, lo que cual lo vuelve mucho más peligroso”, consideró.
“La comunicación digital es una fuerza innegable, el hackeo ruso lo demuestra, y Trump ha hecho de Twitter su plataforma informativa hacia el mundo, así criticó a Merkel, a México, a China, y a todos los que considera sus enemigos”, advirtió Meneses, que considera que es peligroso que el presidente de los Estados Unidos esté tomando como canal de comunicación con el mundo una red social para gritar sus amenazas y está evadiendo a uno de los poderes fundacionales de la democracia estadounidense: la prensa.
“La prensa tiene una relevancia importante en la constitución de los Estados Unidos y Trump está enfrentándose a ellos en una guerra flagrante, olvidando que la prensa es una institución estadounidense que representa el check and balance de su democracia”, sostiene Meneses.
Si Trump quiere conducirse como un estadista, tiene que reconstruir su relación con los medios de información, la cual está seriamente dañada, afirma la investigadora, que considera que “estamos ante un fenómeno comunicativo interesante que irá evolucionando, en la espera de que reconstruya o decida seguir con sus mensajes en redes sociales”
“Nos daría elementos para considerarlo un presidente “tuitógrata”, remata Meneses.
Replantear relación con EE. UU.
Estados Unidos está profundamente dividido y Trump está en niveles aún más bajos de aprobación que en días críticos de su campaña, si las elecciones fueran hoy, Trump no habría ganado las elecciones, de acuerdo a datos de encuestas publicadas en Estados Unidos.
“A finales de noviembre Trump mostró un 44 por ciento de aprobación, hoy bajó al 37 por ciento, esta en un nivel muy bajo de aprobación, al grado de que perdería las elecciones, la gente ya no lo quiere”, expresó Fernández Santillán.
“Aquél nivel de aprobación de noviembre ya es historia, llega con un déficit de legitimidad como no había tenido un presidente en la historia moderna de los Estados Unidos, con un país confrontado”, asegura Santillán.
En Estados Unidos, la mayoría reporta no tener una buena imagen de Trump (51%), lo cual demuestra que la imagen y aceptación de ahora presidente de Estados Unidos van en caída libre, puntualiza.
“¿Cómo podrá hacer a Estados Unidos “grande de nuevo” si la sociedad está dividida?”
Es tiempo de que México se replantee esta enorme dependencia que tiene de Estados Unidos desde 1846 cuando pierde los territorios de California y Nuevo México y que replantee su relación con América Latina, la cuenca Asia-Pacífico y con Europa, es decir, replantear la fortaleza de México ya sin Estados Unidos, porque en cualquier momento Trump podría arruinar todo, considera Meneses.