La tecnología no debe ser temida

TAL VEZ nunca hayas oído hablar de la retinopatía diabética, pero esta desagradable enfermedad es la causa de ceguera de más rápido crecimiento en el mundo. Presenta un riesgo para 415 millones de personas con diabetes, casi cinco por ciento de la población mundial. La condición ocurre cuando la azúcar crónicamente alta en la sangre daña los diminutos vasos sanguíneos que proveen de sangre a la retina. La gente que sufre de retinopatía diabética puede empezar por experimentar visión distorsionada y finalmente quedar ciego. Y he aquí la tragedia todavía más grave: la retinopatía diabética puede prevenirse; solo se necesita detectarla temprano.

Con tanta gente en riesgo por esta enfermedad, el mundo simplemente no tiene los suficientes oftalmólogos disponibles para diagnosticarla, sobre todo en los países en desarrollo. Pero hace un par de años, un equipo inteligente en Google, armado con computadoras y códigos decidió probar las técnicas más recientes de aprendizaje profundo para identificar la enfermedad. Los resultados —publicados a finales de noviembre— fueron inspiradores. El algoritmo de aprendizaje profundo fue capaz de hacer pruebas para la enfermedad con la misma precisión que los médicos en el campo. Lo que ello significa es que, con el tiempo, podríamos ser capaces de poner la capacidad de diagnosticar esta enfermedad en manos de cualquiera con un teléfono inteligente, y evitar que millones de personas queden ciegas.

Arthur C. Clarke una vez dijo que “cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. La tecnología ahora está a punto de llevarnos a una era mágica, en la cual el aprendizaje de las máquinas puede evitar la ceguera, traducir cualquier idioma con capacidad de experto o, incluso, salvar especies en peligro de extinción. El aprendizaje de las máquinas empieza a ayudarnos a resolver problemas hoy que simplemente no podíamos solucionar por nuestra cuenta.

¿Qué es lo más excitante de todo ello? Estos avances solo son el comienzo de esta transformación. Así como internet cambió nuestro mundo hace 20 años y los teléfonos inteligentes lo hicieron hace diez, ahora entramos en una década en la cual el aprendizaje de las máquinas llegará a definir cómo interactuamos con la tecnología y el mundo a nuestro alrededor, y cómo la tecnología ayuda a que la humanidad prospere.

En ocasiones, Silicon Valley es criticado por afirmar que hará del mundo un mejor lugar mientras da solo beneficios graduales. Pero la verdad es que la tecnología solo puede resolver los problemas a los cuales se le aplica; queda en manos de la siguiente oleada de innovadores decidir si ello significa usar algoritmos para reducir notablemente el desperdicio de energía o para cosas más triviales. Está en manos de quienes trabajamos en el sector tecnológico orientar la tecnología y los beneficios de la era del aprendizaje de las máquinas hacia los retos que más merecen nuestra atención.

Es vital que desarrollemos una tecnología que se preocupe de los retos a los que hace frente cada persona, no solo de los ricos, los poderosos o aquellos en nuestra esfera próxima. Por ello, es importante democratizar las herramientas que construimos, para que no tengas que trabajar en Silicon Valley para así poder tener acceso a la tecnología más poderosa, ya sea la búsqueda o el mapeo satelital, o un asistente inteligente ofrecido en múltiples idiomas. En Google hemos hecho nuestros algoritmos de aprendizaje de las máquinas de código abierto disponibles para todos. Ya seas estudiante de Hyderabad, India, científico del Triángulo de Investigación en Carolina del Norte o granjero en Japón, tendrás la oportunidad de usar los últimos avances computacionales para ayudar a abatir los problemas que quieres resolver.

En medio de esta imagen esperanzadora, la gente tiene preocupaciones legítimas con respecto a si los avances en la tecnología, como el aprendizaje de las máquinas, empeorarán la desigualdad. Con muchas economías regresando apenas a los niveles de prosperidad que disfrutaron antes de la Gran Recesión, el pensar en algo que pudiera señalar una nueva pérdida de empleos es legítimamente inquietante.

Pero no hay razón para que los avances en el aprendizaje de las máquinas tengan que costarle a la sociedad más empleos de los que se crean. La historia en realidad ha mostrado que el progreso tecnológico tiende a llevar a una mayor prosperidad, más empleos, lugares de trabajo más seguros y estándares de vida más altos. Eso es lo que sucedió mundialmente durante la Revolución Industrial, cuando la gente pasó de la agricultura a la industria, un proceso que todavía ocurre en los países en desarrollo. Y es lo que sucedió en Estados Unidos y Europa durante los años de auge inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la difusión de tecnologías como la refrigeración, los interruptores telefónicos automáticos y el viaje en avión cambiaron para siempre nuestras economías y mejoraron enormemente las vidas de casi todos. Aun cuando esto significó menos lecheros, operadores telefónicos y tripulantes de transatlánticos, el crecimiento laboral en realidad se aceleró durante esta época.

Aun así, hay medidas que podemos tomar ahora para asegurarnos de que nuestras sociedades estén lo suficientemente preparadas para aprovechar el crecimiento tecnológico en vez de verse alteradas por este. Ello incluye dar apoyo a la educación de habilidades digitales y la recapacitación en las carreras profesionales para preparar a la gente para los empleos del futuro; como un comienzo, en noviembre Google asumió un compromiso de muchos millones de libras para proveer cinco horas gratuitas de capacitación en habilidades digitales para toda persona en el Reino Unido, las cuales se darán a lo largo del año. Desde 2011, construimos seis campus en todo el mundo para darles a innovadores locales y partidarios un lugar donde reunirse, aprender unos de otros y crear los empleos del futuro. Para asegurar que las ganancias de la tecnología no lleven a mayor desigualdad, todos los gobiernos y empresas deberían fortalecer las redes de seguridad sociales y ampliar beneficios corporativos como un pago equitativo y licencias familiares.

Somos afortunados de vivir en una época en la que la tecnología tiene el potencial de mejorar básicamente la manera en que la gente trabaja, aprende y vive, sin importar quiénes sean, dónde están o qué hacen. Puede hacernos más inteligentes, más felices y más sanos, en una escala como nunca antes la hemos visto en la historia. Pero está en manos de todos nosotros —las compañías tecnológicas, los gobiernos, las empresas, la sociedad civil— trabajar juntos para crear las condiciones que permitan florecer la innovación. Solo entonces veremos el progreso que nuestras sociedades merecen, y exigen. Solo entonces veremos la magia.

Publicado en cooperación con Newsweek/ Published in cooperation with Newsweek