La peste es mejor conocida por haber aniquilado un tercio de la población de Europa durante la pandemia de Muerte Negra del siglo XIV, pero no es algo que haya quedado completamente en el pasado. Es una amenaza lo bastante actual —bien como arma bioterrorista potencial o porque algunas cepas se han vuelto resistentes a los antibióticos— para que algunos científicos estén intentando desarrollar una vacuna.
El Dr. Ashok Chopra y un equipo de investigadores del Centro Médico de la Universidad de Texas en Galveston publicaron hace poco un estudio en la revista Nature donde analizan a los tres candidatos más recientes para una vacuna. “Hasta ahora, todo luce muy prometedor, al menos en los dos modelos animales que hemos probado”, dice Chopra, profesor de microbiología e inmunología, quien comenzó a estudiar la bacteria causante de la peste, Yersinia pestis, alrededor del año 2000.
Su decisión de embarcarse en la investigación de esta enfermedad fue motivada por los ataques con ántrax del año 2001, cuando varias cartas que contenían ántrax fueron enviadas por correo a medios de comunicación y oficinas de congresistas. El Congreso exigió que los departamentos de Agricultura y Salud y Servicios Humanos reglamentaran ciertas toxinas y agentes biológicos que pudieran representar una amenaza grave para la salud pública. La bacteria causante de la peste fue inscrita en la sección principal del listado: Nivel 1, los microbios con mayor probabilidad de utilizarse como agentes de bioterrorismo, junto con el ántrax, ébola y viruela.
Mas 2001 no fue la primera vez que la peste se consideró un arma bioterrorista potencial, señala el Dr. Paul Mead, epidemiólogo médico de los Centros para Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés). Es posible que Japón haya diseminado pulgas infectadas con peste en China durante la Segunda Guerra Mundial, y tanto Estados Unidos como la Unión Soviética contemplaron diseminar bacterias de peste, en forma de aerosoles, durante la Guerra Fría.
UNA PLAGA EN TODOS LOS HOGARES
Hay tres tipos de infección por peste. La peste bubónica infecta los ganglios linfáticos próximos al sitio de la infección, casi siempre a resultas de la mordida de una pulga. La peste septicémica describe lo que ocurre cuando la infección se disemina al torrente sanguíneo. Y la peste neumónica se refiere a la infección pulmonar. No obstante, las tres formas de presentación son causadas por Yersinia pestis.
Si no se administra tratamiento, la forma bubónica tiene una tasa de mortalidad de 40 a 70 por ciento. En cambio, las pestes neumónica y septicémica son virtualmente mortales en todos los casos.
En la era preantibiótica (1900-1941), la tasa de mortalidad de las personas infectadas con peste, en Estados Unidos, oscilaba de 66 a 93 por ciento. Sin embargo, antibióticos como la estreptomicina y gentamicina se utilizan actualmente para tratar las tres presentaciones de la enfermedad, de manera que la mortalidad se ha reducido a 11 por ciento.
Según la Organización Mundial de la Salud, en 2013 se informó de 783 casos de peste en todo el mundo, incluidos 126 casos mortales. La enfermedad afecta a personas de áreas rurales en África central y del sur; Asia central y el subcontinente indio; la parte nororiental de América del Sur; y algunas partes del suroeste de Estados Unidos. Los tres países afectados con mayor severidad son Madagascar, la República Democrática del Congo y Perú. A decir de CDC, en Estados Unidos se registra un promedio de siete casos de peste humana cada año. En 2015, hubo 16 casos, incluidos dos adolescentes que visitaron el Parque Nacional Yosemite de California. Cuatro de esos 16 casos fueron mortales. A principios de noviembre pasado solo se había informado de cuatro casos en 2016, y según CDC, todos los pacientes se recuperaron.
Hay vacunas para prevenir la peste, pero todas tienen defectos graves. Una de ellas, desarrollada con bacterias muertas y aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), ya no se produce. Solo protegía contra la peste bubónica y no contra la peste neumónica, mucho más peligrosa. Otra vacuna se utilizó en áreas donde la bacteria era endémica, pero no recibió la autorización de la FDA debido a la alta probabilidad de ocasionar efectos secundarios graves, como fiebre y cefaleas. Las vacunas que Chopra describió en Nature protegen contra la peste neumónica y, además, no tienen efectos colaterales.
Al preparar las vacunas que están desarrollando, los investigadores borraron tres genes en cada una de las tres cepas de peste seleccionadas con objeto de debilitarlas, en vez de matarlas. De esa manera, las cepas ya no podían causar la enfermedad, aunque conservaban la capacidad de provocar una respuesta inmunológica fuerte en los animales de prueba. El equipo administró dos dosis de cada vacuna a los ratones, y luego probó la inmunidad de los roedores con cepas de peste altamente virulentas. Los animales conservaron la protección durante un máximo de cuatro meses. También probaron dos de las cepas mutantes en ratas, con resultados exitosos.
Por otro lado, Chopra está trabajando en otra vacuna de peste que utiliza los antígenos de la bacteria (las sustancias que provocan la respuesta inmunológica), en vez de usar toda la bacteria. Las pruebas con primates no humanos han demostrado un alto nivel de protección.
No obstante, “cada sistema inmunológico es distinto, así que algunas personas quedarían protegidas y otras no”, previene Chopra. Su objetivo es “tener varios candidatos de vacuna en producción”.
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Este reportaje fue escrito en exclusiva para Newsweek por Kaiser Health News, parte de la organización no partidista Henry J. Kaiser Family Foundation.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek