Desde la primaria, Erick Galindo sabía que quería ser chef. Su gusto por la cocina nació gracias a su mamá, que en ocasiones especiales solía preparar verdaderos banquetes en los que él participaba. En los últimos años ha atendido a Luis Miguel, Plácido Domingo y otras personalidades que visitan Acapulco frecuentemente o acuden a Sal de Grano, su restaurante en el que busca evocar una “cocina de recuerdos” para todos, sin importar nombre o apellido.
—¿Cuándo fue la última vez que probaste un platillo de tu madre?
—Justo en la cena de Navidad pasada. El de mi madre es el único bacalao que como, y tuve la fortuna de probarlo en la cena con mi familia.
El chef mexicano cuenta durante la entrevista que, si bien antes no era tan común en México estudiar carreras de gastronomía, el sector ha presentado un boom que ha puesto a la cocina mexicana entre las más reconocidas del mundo.
—¿Qué buscas al preparar un platillo?
—Mi principal meta como chef y ahora con Sal de Grano es transmitir o llevarlos a recordar momentos agradables.
Para ponerlo sobre la mesa, Erick recuerda los momentos de su niñez en la cocina de su madre y apela a uno de los postres mexicano por excelencia: el arroz con leche.
“Al arroz con leche no hay manera de relacionarlo con algo triste, siempre está ligado con algo familiar maravilloso, las abuelas, la casa; es un platillo hogareño por excelencia”.
Si Erick Galindo le pusiera un eslogan a su restaurante, ubicado en el centro comercial la Isla de Acapulco, este sería, afirma, “cocina de recuerdos”, y aunque reconoce sin culpa que su platillo favorito son los frijoles —uno de los alimentos tradicionales de la canasta básica mexicana—, asegura que eso no le impidió crear un proyecto que surgió de su inquietud por tener un restaurante con un menú sofisticado que hoy es visitado por personalidades de la política nacional y artistas que coinciden en el puerto turístico mexicano.
—¿El momento que más disfrutas en la cocina?
—En realidad gozo del proceso que lleva a ver listo un platillo; ser parte de la transformación de los ingredientes, los olores que cambian, hasta ver el plato terminado y decorado, es una experiencia única. Sin embargo, lo que más disfruto es ver que un plato regrese vacío de las mesas de mis clientes.
Entre todo lo bueno que ha vivido a sus 45 años, Erick Galindo reconoce la necesidad de apoyar la economía del descompuesto estado de Guerrero, por lo que recurre a productores locales para obtener algunos ingredientes de sus platillos, como el chilate y el maracuyá.
—Si tuvieras la oportunidad, ¿qué le cocinarías a Donald Trump?
—¿A Trump? ¡Uy! —ríe, pero de inmediato lo piensa con seriedad, fiel a su estilo directo—. Pensaría en algo muy mexicano.
—¿Algo picoso? —le pregunto, envuelto en este nacionalismo antitrumpista de los últimos meses que invade el país.
-No, al contrario, pensaría en una comida mexicana de alto nivel, porque en México no solo somos tacos, tostadas y tamales… sería darle una cachetada con guante blanco.
—Entonces le pone sabor a su idea.
—Buscaría demostrarle lo que podemos hacer y decirle: mira, no somos totopos y hamburguesas como ustedes… una pieza de carne de puerco con mole verde sin picante sería el platillo ideal para Trump.
—¿Quienes fueron tus últimos comensales famosos?
—Tuve la oportunidad de preparar platillos para Plácido Domingo y Luis Miguel, aunque, si te soy honesto, para mí todos son iguales y no hay diferencias en mi trato hacia ellos. No me gusta dar listas de nombres porque para mí todos mis clientes cuentan.