Seis veterinarios mexicanos presentaron una demanda federal por tráfico humano contra una lechería de Idaho que los obligó a trabajar como peones con un salario menor al prometido y en condiciones insalubres.
Los veterinarios César Martínez Rodríguez, Dalia Padilla López, Mayra Muñoz Lara, Brenda Gastélum Sierra, Leslie Ortiz García y Ricardo Neri Camacho presentaron la demanda contra David Funk, propietario de Funk Dairy, el administrador Curtis Giles y el abogado Jeremy Pittard, quien tramitó sus visas.
En el documento al que tuvo acceso The Associated Press los demandantes acusan que fueron forzados a trabajar como empleados generales a pesar de tener visa de trabajador profesional y que fueron amenazados con la deportación si no realizaban bien su trabajo asignado.
A los veterinarios se les prometió que supervisarían la salud y el programa de reproducción de los animales en Funk Dairy Inc. en el pequeño poblado de Murtaugh, en el sur de Idaho. Sin embargo esto no ocurrió. Ahora ellos buscan una compensación monetaria no especificada por daños, como contemplan las leyes federales de lucha contra el tráfico de personas.
“No estoy seguro de si puedo conjeturar sobre por qué la compañía escogió esta ruta, pero en general, las compañías agrícolas han tenido problemas por escasez de mano de obra”, dijo el abogado de los veterinarios, Edgar Iván Aguilasocho a AP. “Hasta donde podemos decir, esta conspiración criminal tuvo el objetivo de proporcionar una solución improvisada a este tipo de escasez”.
La mayoría de los veterinarios tiene 20 años. Ellos se enteraron de la oferta de trabajo en sus universidades. El salario que les ofrecieron era similar al que reciben los jóvenes de su profesión en México, sin embargo todos consideraron la oportunidad de trabajar en una granja estadounidense como una buena forma de ganar experiencia profesional.
Muñoz-Lara contó a AP que en su primer día de trabajose sintió desolada al saber que pasaría 12 horas ordeñando vacas, moviendo ganado, limpiando establos y recolectando basura.”Fue una decepción total porque tuvimos esperanza de sobresalir en nuestra área”, señaló.
Según la demanda, los veterinarios no tenían descansos para comer, además de que se vieron obligados a almorzar en puestos de trabajo poco higiénicos alrededor de las vacas.
Cuando uno de los afectados sufrió una lesión de espalda y otro la amputación de parte de un dedo en un accidente laboral, no se les proporcionó el tratamiento médico adecuado ni tiempo de baja, apuntó la denuncia.
Dejaron la granja al término de sus contratos a finales de 2015, según el documento. Varios de los afectados encontraron después trabajo como veterinarios en otras granjas estadounidense y uno regresó a México para ejercer.