EL 8 DE NOVIEMBRE, cuando el primer ministro de India,
Narendra Modi, anunció el retiro sorpresivo de más de 80 por ciento del
efectivo en circulación del país, sus partidarios clamaron la medida como un
ingenioso “ataque quirúrgico” contra la corrupción y la evasión fiscal. Todos
los demás estaban demasiado apurados en correr al cajero automático.
Antes de la medida, Modi había avanzado poco en cumplir su
promesa de campaña de traer de vuelta los miles de millones de “dinero negro”
sin fiscalizar ahorrados en el exterior para que pudiera depositarlos en las
cuentas bancarias de los pobres de India. Global Financial Integrity, un
observador de corrupción con oficinas en Washington D.C., calculó recientemente
que un promedio de 50 000 millones de dólares por año en fondos ilícitos fluyó
fuera de India de 2004 a 2013, mientras burócratas, políticos y magnates
comerciales amasaron fortunas enormes con el tráfico de influencias, acuerdos
secretos y chanchullos flagrantes.
Algunos indios estaban tan disgustados por esta corrupción
que, en forma similar a los partidarios de Donald Trump en EE. UU. o quienes
apoyaban el brexit en Gran Bretaña, aplaudieron la estratagema radical de Modi,
creyendo que cualquier acción sería mejor que continuar sin hacer nada. Pero
conforme se ha vuelto más y más claro que remplazar los billetes antiguos con
nuevos resultará, a lo más, en una pequeña pérdida para los ladrones más
grandes y solo un hipo breve en el negocio de los sobornos, el plan rápidamente
se ve menos como una inteligente maniobra económica que como una pieza
brillante pero potencialmente desastrosa de teatro político.
La idea detrás del retiro era sencilla. De la noche a la
mañana, India anunció que quien tenga billetes de 500 y 1000 rupias tenía que
cambiarlos por billetes nuevos antes del 31 de diciembre. Después de esa fecha,
el dinero viejo no tendrá valor. La pega: el gobierno le permite a la gente
cambiar solo 4500 rupias (alrededor de 65 dólares) en billetes viejos por
efectivo. Cualquier cantidad mayor a esa tiene que ser depositada, creando así
un rastro de papel. Teóricamente, esto obligaría a quienes acaparan efectivo a
salir de la sombra y pagar impuestos o su dinero no tendrá valor. Además,
cualquiera que sea sorprendido con más de 250 000 rupias en billetes cancelados
—alrededor de 3500 dólares— ahora está sujeto a investigación.
Para evitar que el plan se filtrara, lo cual habría
permitido que los mayores violadores cambiaran sus billetes grandes de
antemano, Modi supuestamente optó por hacer la medida radical en secreto. Al
parecer él confió en el consejo de unos pocos altos asesores.
Le habría venido bien buscar más consejos, porque su plan
ahora ha lanzado a la economía de India al caos. El secreto significó que la
casa de la moneda del país no podía imprimir o distribuir billetes nuevos antes
del anuncio, por lo que los bancos batallan para satisfacer la demanda. Peor
aún: los indios hacen largas filas para cambiar o depositar sus billetes
viejos, o retirar efectivo solo para comprar abarrotes.
El dinero negro —efectivo escondido para evadir impuestos—
está generalizado en India. Pero no es solo que oficiales de policía,
recaudadores de impuestos y políticos exijan sobornos para hacer sus trabajos o
mirar hacia otro lado, dice Surjit Bhalla, alto analista de India en el Observatory
Group neoyorquino, una compañía de asesoría especializada en política monetaria
y fiscal. Prácticamente cualquiera que compre bienes raíces en India paga por
lo menos una parte por debajo de la mesa, e incluso los indios más pobres
rutinariamente renuncian a los recibos para evitar pagar impuestos por ventas.
“Todos”, dice Bhalla, “han cometido este crimen”.
El dinero negro también puede representar los ingresos de
negocios legítimos, mientras que el ingreso ilegal de los sobornos o conflictos
de interés puede ser “blanco”, siempre y cuando alguien haya pagado impuestos
por él. Así, los políticos en el Parlamento o varias asambleas estatales,
muchas de las cuales de alguna forma han ganado decenas de millones, si no es
que más, después de asumir sus cargos, pueden pagar impuestos por sus sobornos
y de todas maneras salirse con la suya. Retirar y remplazar los billetes
grandes no hará mucho para detener esta actividad ilícita, dice Bhalla.
Mientras continúen los sobornos, los nuevos billetes limpios se convertirán
rápidamente en sucios. La corrupción, al parecer, tiene poco que ver con las
denominaciones de los billetes, excepto que los billetes más grandes ocupan
menos espacio de almacenamiento.
Mientras tanto, los violadores guardan tan poco como 6 por
ciento de sus ingresos ocultos en efectivo, según algunos cálculos. Invierten
el resto en propiedades u oro, del cual los indios poseen alrededor de 15 000
toneladas, según un cálculo conservador de 2011 de Citigroup, o lo lavan
mediante enviarlo al extranjero y trayéndolo de vuelta como inversión
extranjera.
Luego está la cuestión de la legalidad. Abogados de la
oposición política en India han cuestionado si algunos elementos del plan de
Modi —como negarle a la gente el acceso a su propio dinero— son contrarios a la
ley. Otros ven la medida como un ejercicio de propaganda. “Esto es política
como un enorme juego de moralidad”, escribió el analista político indio Pratap
Bhanu Mehta en The Indian Express, un diario de centro izquierda.
“Literalmente, todo ciudadano está siendo listado (o reclutado, si se prefiere)
en una causa política”.

EL FIN DE LA FILA: La meta detrás de la medida sorpresiva de
Modi era aplicarle mano dura a la corrupción y la evasión fiscal. Pero el
retiro ha traído algunas consecuencias inesperadas. Entre ellas, filas
tremendamente largas en los bancos. FOTO: JITENDRA PRAKASH/REUTERS
Esta no es la primera vez que un nacionalista carismático ha
usado una narrativa sencilla del bien contra el mal para impulsar una medida
económica radical. En 1958, Mao Zedong, de China, llamó a millones de
ciudadanos a acabar con las ratas, gorriones, mosquitos y moscas del país para
combatir enfermedades y evitar pérdidas en los cultivos. Y como la campaña de
Mao, que engendró una plaga de langostas al arrasar con los gorriones que se
las comían, el ataque de Modi contra la corrupción ha llevado a algunas
consecuencias inesperadas y dolorosas.
Alrededor de 400 000 camiones quedaron varados alrededor del
país el 14 de noviembre porque sus conductores no tenían billetes válidos para
pagar los incidentes (incluidos los sobornos) del camino, según el Congreso de
Transportes Motorizados de Toda India, sugiriendo que podría haber escasez de
suministros esenciales en el futuro cercano. Los procesadores de azúcar
supuestamente han hecho solo pagos parciales a los trabajadores, reservando
cualesquiera billetes válidos que tengan para pagar el combustible necesario
para alimentar sus trituradoras de caña, mientras que otros dueños de fábricas
les han dado a sus trabajadores el salario de varios meses en billetes
cancelados para deshacerse de las denominaciones viejas. Los críticos dicen que
la medida de Modi incluso podría llevar a una desaceleración económica
significativa. Como advirtió K.C. Chakrabarty, un ex gobernador adjunto del
banco central: “Se han detenido las transacciones comerciales en 70 por ciento
de la economía”.
Pero Modi y su Partido Bharatiya Janata (BJP) ha desviado
toda crítica por el dolor y sufrimiento resultante de la medida mediante decir
que solo la gente sentada en pilas de dinero negro tiene razones para quejarse,
replanteando las sinuosas filas en sucursales bancarias a nivel nacional como
una lavadora enorme de gente: entran criminales, y salen patriotas.
Al hacer o por lo menos hacer parecer que los ricos sufren junto
con los pobres, retirar los billetes grandes podría darle a Modi espacio para
ejecutar otras medidas que de otra manera serían rechazadas por favorecer a los
ricos, como reducir los impuestos a las propiedades para reducir el incentivo
de evadirlos, añade Bhalla: “Esto les da cierta credibilidad [con los pobres]”.
Por lo menos en teoría. Las filas en los bancos se hacen más
pequeñas en las ciudades, mientras los indios adinerados y de clase media se
han ajustado a usar tarjetas de débito y crédito para más compras, así como a
descargar aplicaciones de pago en cantidades récord. Pero tales alternativas no
están disponibles para cientos de millones de ciudadanos quienes también han
visto sus salarios retenidos o sus ventas caer a causa de la falta repentina de
efectivo. Los tenderos pequeños quienes atienden a los pobres dicen que el
negocio se ha desplomado en tanto como 80 por ciento (incluso en la capital,
los vendedores de vegetales, trabajadores eventuales y otros incontables operan
enteramente en efectivo). En la India rural, hay menos de 10 sucursales
bancarias por cada 100 000 personas, y muchas están abiertas solo dos días a la
semana.
Aun cuando el ministro de finanzas Arun Jaitley ha prometido
que todo se resolverá dentro de 21 días, un periódico local recientemente
calculó que podría tomar hasta seis meses remplazar todos los billetes
cancelados con nuevos, con base en la velocidad con que la casa de la moneda
está trabajando. Tales reportes no son más fáciles de verificar que las
afirmaciones de la oposición de que a gente dentro del BJP y sus grandes
donadores se les dio una advertencia por adelantado para que pudieran convertir
sus billetes grandes en oro, joyas y bienes raíces. Otros reportes sugieren que
algunos de los más afectados entre los pobres rurales todavía apoyan la medida,
la cual ellos creen que no solo castigará a los corruptos sino también llevará
a una sociedad más equitativa.
Si el caos continúa, al BJP de Modi le saldrá caro en una
serie de elecciones estatales futuras a principios del próximo año. Sin
embargo, como otros líderes populistas alrededor del mundo, él tal vez tenga un
mejor entendimiento de la opinión pública que sus oponentes.
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Publicado
en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek