Actos muy sucios, muy baratos

AMENAZABA mujeres desde su apartamento. Y desde un negocio
de burritos. Lo hizo, incluso, desde una ferretería Lowe’s. Cuando Ryan Vallee
—originario de Nueva Hampshire, hoy de 22 años— lanzó los primeros ataques
contra sus compañeras de escuela, lo que hizo fue hackear sus cuentas de correo
y de medios sociales para robarles fotos de desnudos, y luego amenazar con
publicarlas en líneas a menos que le enviaran más imágenes sexuales.

Después, en 2012, Vallee violó las cuentas Facebook y Gmail
de una adolescente y robó fotos de contenido sexual explícito, enviándole el
siguiente mensaje de texto: “Si no quieres que fije esto como tu foto de perfil
en Facebook, quítate el sostén… Tienes 15 minutos… Te he hackeado una vez,
puedo hackearte de nuevo”.

Durante el siguiente año, Vallee hackeó las cuentas de otras
ocho mujeres. Lo que hizo se conoce como sextorsión, una práctica cibernética
cada vez más frecuente, mediante la cual los delincuentes consiguen fotos
sexuales de la víctima y, luego, amenazan con divulgar las imágenes si la
víctima no envía más o no cumple con otras demandas. “Es un chantaje, pero en vez
de una recompensa financiera, se trata de un acto sexual”, explica Carrie
Goldberg, abogada de Brooklyn, quien representa con regularidad a víctimas de
sextorsión.

A fines de agosto, Vallee se declaró culpable de fraude
informático y robo de identidad, pues la sextorsión aún no está codificada como
un delito específico. Pero dos legisladoras estadounidenses están haciéndose
cargo de esa omisión, tratando de introducir la Ley Interestatal para
Prevención de la Sextorsión, un proyecto legislativo presentado en julio como
parte de un esfuerzo creciente contra ese crimen manipulador. “Hemos visto
—aunque de manera anecdótica— un crecimiento explosivo de esos casos”, informa
la representante Katherine Clark, demócrata por Massachusetts, quien
copatrocina el proyecto con Susan Brooks, representante republicana por
Indiana. Clark dijo a Newsweek que un problema importante de la falta de una
legislación federal es que no existe consistencia al sentenciar a los
criminales. Los depredadores que usan la sextorsión contra menores podrían ser
acusados de pornografía infantil y recibir condenas de prisión prolongadas,
mientras que los delincuentes que utilizan la práctica para atacar adultos
purgarían condenas más leves. “El Departamento de Justicia está prestando más atención
a la sextorsión, y está bien dispuesto a adoptar un estatuto federal
específico”.

La Ley propuesta para la Prevención de la Sextorsión es solo
un ejemplo de la creciente atención vuelta hacia este crimen. Un informe del
Departamento de Justicia, publicado en abril, declaró que la sextorsión “se ha
convertido en una amenaza importante en los últimos años”. En mayo, la
Institución Brookings produjo un informe detallado sobre sextorsión, para el
cual investigó 80 casos de este delito y declaró: “Por primera vez en la
historia del mundo, la conectividad Internet global significa que no es
necesario estar en el mismo país para amenazar sexualmente a una persona”.

Los agentes de la ley locales también han notado un
incremento en la sextorsión. Christie Hirota, detective del Departamento del
Alguacil del Condado de Sacramento, dijo a Newsweek que los informes de
sextorsión han aumentado un mínimo de 50 por ciento desde 2012, año en que se
unió a un grupo de trabajo para combatir crímenes contra niños. Hirota revela
que ha trabajado con víctimas de apenas 9 años y describe la manera como los
depredadores preparan a las víctimas para ganarse su confianza y obtener fotos
de desnudos. “Inician conversaciones y en algún momento, el niño envía una
imagen a la persona, tal vez solo [el] pecho”, explica Hirota. “Entonces, el
adulto pide más fotografías —quieren ver los genitales—, así que dicen: ‘Si no
lo haces, enviaré esto a todos tus amigos’”.

Philip Caputo, de 27 años, usó esa táctica para forzar a una
niña de 13 años de San Antonio, a quien sometió en una suerte de esclavitud
sexual virtual. Primero, el californiano le envió fotos sexuales de otra
jovencita y le dijo que tenía que hacerse fotos parecidas y enviárselas; y
luego, la amenazó: “Si no me mandas las imágenes, voy a lastimar a tu
familia”, según los documentos de la corte federal.

La niña obedeció, mas Caputo siguió presionándola y
exigiendo que le enviara fotos cada vez más gráficas, así como videos, demandas
casi diarias que persistieron durante 2013. La víctima dijo a las autoridades
que “vivía con temor” de Caputo. Cuando
agentes especiales del FBI registraron las cuentas de correo electrónico de
Caputo, hallaron más de 1600 fotos de menores, de contenido sexualmente
explícito. En mayo, el depredador se declaró culpable de los cargos de
explotación sexual de menores y de pornografía infantil, y el 7 de noviembre
fue condenado a 15 años de prisión.

Vallee, el criminal de Nueva Hampshire, fue arrestado
nuevamente en marzo por sospecha de sextorsión, estando bajo fianza por los
primeros cargos. Este verano, se declaró culpable de 31 cargos; en enero, se
dictará sentencia con base en un acuerdo de culpabilidad, el cual estipula una
sentencia de entre cuatro y ocho años tras las rejas.

Hace cinco años, cuando Vallee emprendió su maniobra de
sextorsión, muchos agentes policiales y federales no estaban al tanto de este
crimen ni de la manera de procesarlo, según expertos. Goldberg dice que
defendió su primer caso de sextorsión en 2014, cuando representó a una chica de
17 años de Michigan, quien acusó a un depredador en línea que la presionaba
para que enviara fotos de desnudos y no dejaba de acosarla. Cuando Goldberg
contactó a las autoridades federales y locales, le dijeron que no había algo
que pudieran hacer. “Nadie quería tocar el caso”, recuerda. “La lucha contra la
sextorsión ha cambiado drásticamente… En aquellos días, hace dos años y
medio, no teníamos el apoyo de las fuerzas de seguridad. Pero ahora lo
tenemos”.

Publicado
en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek