TAMBALEÁNDOSE a la izquierda, luego a la derecha, el animal de dos toneladas tropieza y empieza a caer. Doce pares de manos están allí para llevarlo hacia la polvorienta tierra anaranjada. Un hombre con un abrigo azul rápidamente ata un antifaz a la bestia sedada; otro le mete un par de enormes tapones para los oídos. Se toman unas cuantas medidas, luego sale la sierra correspondiente. Un trabajador la enciende y presiona la hoja zumbante contra la base del cuerno nudoso del rinoceronte, y astillas blancas salen volando. Un par de minutos después, el cuerno salta con limpieza, dejando un patrón en forma de lágrima de queratina rosada, blanca y negra, un material biológico hallado en el cabello y las uñas. Tras completar la misión, la veterinaria silvestre Michelle Otto le inyecta al rinoceronte un antídoto para el sedante que ella le disparó diez minutos antes. El equipo se mete en dos camionetas pickup, y el rinoceronte —con su nariz que presenta una meseta corta y gruesa en vez de un pico— se tambalea para ponerse de pie y se aleja trotando.
Este procedimiento podrá parecerle extraño a alguien de fuera, pero para los trabajadores aquí no es excepcional. Ubicada a 160 kilómetros afuera de Johannesburgo, en Sudáfrica, la propiedad de casi 20 000 acres, cuyo dueño es un hombre llamado John Hume, es el rancho de rinocerontes más grande del mundo. Junto con jirafas, antílopes sables y otros animales, más de 1400 rinocerontes llaman su hogar al Rancho de Ensueño del Búfalo de Hume. Cada 18 meses, los animales de Hume son sometidos a un procedimiento indoloro como el que se llevó a cabo hoy (toma esa cantidad de tiempo para que los cuernos crezcan de nuevo). Se da un promedio de 13 descornes dos o tres días a la semana. A los cuernos de inmediato se les coloca un microchip y son entregados por una escolta armada a una ubicación no revelada fuera de la propiedad y custodiada por una compañía de seguridad privada. Con los años, Hume ha amasado alrededor de cinco toneladas de cuernos, las cuales se hallan en su bóveda, y una tonelada adicional se suma cada año. Algún día, pronto, él espera ser capaz de venderlas todas.
Sudáfrica es el hogar de aproximadamente el 80 por ciento de los rinocerontes del mundo. Un tercio de esos 20 000 animales pertenece a dueños privados como Hume. Sin embargo, ya sea que vivan en un parque nacional o en una reserva privada, todos los rinocerontes están bajo la amenaza de cazadores furtivos cada vez más sofisticados y militarizados ansiosos de poner sus manos en sus lucrativos cuernos. Al contrario de los rinocerontes descornados en el rancho de Hume, aquellos que se cruzan en el camino de cazadores furtivos no sobreviven. Con sus caras cercenadas, se les deja morir. El cuerno a menudo es contrabandeado a Vietnam o China, donde algunos los aprecian mucho. Un individuo adinerado podría usar joyería hecha con cuerno de rinoceronte, servir a sus invitados en copas hechas con el material o exhibir prominentemente un cuerno de rinoceronte ilegal en su casa o trabajo. Otros lo usan como una supuesta cura contra el cáncer, una droga lúdica o en la medicina tradicional china.
Aun cuando es ilegal vender cuernos de rinoceronte tanto internacional como localmente, en Vietnam y China la demanda sigue siendo alta, y como resultado, los animales siguen siendo masacrados. Sudáfrica perdió 1175 rinocerontes el año pasado y más de 6000 desde 2009. El gobierno ha recibido millones en donativos contra los cazadores furtivos de parte de gente como el hijo de Warren Buffett, y asistencia financiera de Estados Unidos, pero los dueños privados de rinocerontes como Hume asumen los costos de proteger a sus animales.
Hume, un hombre corpulento y gran barriga con una tupida barba blanca y 74 años de edad, dice que se enamoró “estúpidamente” de los rinocerontes en 1993, cuando compró su primer animal para comenzar su sueño de retirarse y administrar un rancho. “Cobré conciencia de cuáles maravillas naturales tienen, pero también de que enfrentan la extinción —dice—. Pensé que la mejor manera de marcar una diferencia es criarlos, y como resultado, lenta pero seguramente me he metido en un aprieto endemoniado”.
Hume gasta alrededor de 175 000 dólares al mes en operaciones contra cazadores furtivos. No ha perdido un rinoceronte en nueve meses, pero dice que el gasto involucrado en lograr ese éxito no es sustentable. Poseer rinocerontes también lo ponen a él y su familia en una posición vulnerable. Los dueños privados de rinocerontes y su personal han sido violados, acuchillados y atacados por cazadores furtivos que tratan de robar los cuernos almacenados. Mientras que 330 sudafricanos todavía mantienen rinocerontes en su propiedad, otros 70 han cedido sus animales en los últimos dos años.

CRIADOR DE RINOCERONTES: Hume dice que inundar el mercado con sus reservas de cuernos de rinocerontes podría reducir los precios y desalentar a los cazadores furtivos, si la venta fuera legal. Foto: DEON RAATH/GETTY
Conforme se intensifican la dificultad y el gasto de mantener a los rinocerontes, 85 por ciento de los dueños privados —además de algunos conservacionistas, académicos y expertos del gobierno— han llegado a creer que legalizar el comercio de cuernos de rinoceronte es la única manera de salvar a la especie de la extinción. Sudáfrica tiene una reserva oculta de más de 30 toneladas de cuernos, algunas de ellas interceptadas en el mercado negro, según la Asociación de Dueños Privados de Rinocerontes, un grupo no gubernamental en Sudáfrica (no obstante, un estudio de 2014 hecho por el Departamento de Asuntos Medioambientales de Sudáfrica colocó la cifra total del país en 3.6 toneladas). Quienes proponen el comercio argumentan que legalizar el cuerno de rinoceronte saciaría la demanda y colapsaría el mercado negro mientras que, simultáneamente, proveería los fondos muy necesarios para las acciones contra los cazadores furtivos y la conservación del rinoceronte. Los criadores privados dicen que podrían producir colectivamente alrededor de diez toneladas por año. Pero los conservacionistas señalan una laguna en esta lógica: no hay prueba de que los cazadores furtivos dejarán de matar rinocerontes. Muchos dueños están de acuerdo en que la legalización no dará todas las respuestas. También es importante una estricta aplicación de la ley, aseguran.
“Ninguno de nosotros compró rinocerontes porque quisiera entrar en el comercio de cuernos; los compramos porque somos conservadores de rinocerontes”, explica Pelham Jones, presidente de la Asociación de Dueños Privados de Rinocerontes. “Pero si podemos quitarles presión a las poblaciones silvestres mediante vender las reservas, ello nos dará años clave para asegurar las poblaciones y empezar a lograr algún grado de control del mercado”.
Vender cuernos de rinoceronte era otrora legal en Sudáfrica. Por ejemplo, en 2016, Hume vendió 84 kilos por 83 250 dólares. Pero en 2009, el gobierno declaró una moratoria al comercio, una medida que algunos dicen que dañó a los animales que debía proteger. “Si la demanda aumenta, como lo ha hecho en los últimos diez años, y no se abastece ese mercado, entonces alguien más lo va a abastecer”, dice Michael ’t Sas-Rolfes, un economista de conservación y candidato a doctor por la Universidad de Oxford. “Por ello hemos visto un aumento radical en la caza furtiva y el comercio ilegal”.
La moratoria podría terminar pronto. Muchos dueños de rinocerontes afirman que viola la constitución de Sudáfrica porque el gobierno no siguió el debido proceso y porque la moratoria bloquea los derechos de los dueños a un uso sustentable de la vida silvestre. En 2012, Hume y otro dueño de rinocerontes presentaron una demanda contra el gobierno con esta base, y hasta ahora las cortes han dictado en su favor. Se espera una decisión a una apelación en cualquier día. “Tengo cien series de cuernos que espero subastar seis semanas después de un resultado favorable”, dice Hume. El precio, supone él, sería cercano a 9000 dólares por kilo, diez veces más que en 2006.
Otros argumentan vehementemente que Sudáfrica es incapaz de controlar el comercio legal de cuernos de rinoceronte. “La corrupción aquí es absolutamente enorme: tenemos pilotos, guardabosques, policías, funcionarios del gobierno y veterinarios involucrados [en la caza furtiva y el comercio ilegal]”, dice Allison Thompson, directora de la organización sin fines de lucro Ciudadanos Sudafricanos Escandalizados Contra la Caza de Rinocerontes.
Crawford Allan, alto director de Tráfico (una red de monitoreo de comercio de vida silvestre) del Fondo Mundial para la Naturaleza, dice que los cuernos vendidos legalmente crearían una cortina de humo para los cuernos de la caza furtiva. “No existen los sistemas para asegurar las ventas o el abastecimiento, y el costo de la caza furtiva y el tráfico siempre será mucho más barato que la venta del cuerno legal”, explica. Los dueños de rinocerontes pagan tierras, veterinarios y protección; los cazadores furtivos pagan solo unos pocos días de personal y un vehículo. Así, el precio de un cuerno ilegal siempre será menor que el de uno legal, agrega. “No estamos descartando para siempre todo comercio de cuernos de rinoceronte, pero en este momento sería un desastre legalizarlo”.
Una de las mayores preocupaciones, continúa Allan, es generar la base de consumidores. Legalizar el cuerno de rinoceronte mandaría el mensaje de que es un producto socialmente aceptable, provocando que el mercado se expanda para incluir a quienes quieren y pueden pagar el cuerno de rinoceronte, pero se abstienen de comprarlo porque no quieren violar la ley. Una investigación realizada por el Consejo de Defensa de los Recursos Naturales en 2014 sobre las preferencias de consumo en China confirmó que esto es una amenaza. “No me opongo en absoluto al comercio bajo las condiciones correctas, pero puedo decirle que la demanda latente en China por el cuerno de rinoceronte es mucho más alta de lo que podrían producir las granjas y otras provisiones disponibles”, dice Alexandra Kennaugh, investigadora principal del estudio.
Dex Kotze, fundador de la organización sin fines de lucro Jóvenes por la Vida Silvestre Africana, domiciliada en Sudáfrica, está de acuerdo en que las cifras no coinciden. “Si el uno por ciento de la gente en China, Vietnam y Tailandia usa un gramo de cuerno de rinoceronte al año, entonces la demanda es cercana a 15 toneladas”, dice. “Si es cinco por ciento, entonces son 372 toneladas; es enorme”. Añade que esos cálculos no toman en cuenta los posibles mercados latentes de Japón, Singapur, Oriente Medio y otros lugares donde el cuerno se ha usado históricamente.
Todavía se discute cómo funcionaría logísticamente el comercio legal en Sudáfrica. Algunos han propuesto abrir clínicas de cuernos de rinoceronte que provean a turistas asiáticos y expatriados; otros, desarrollar una industria de talla. Que algunos o incluso la mayoría de los cuernos de rinoceronte vendidos legalmente en Sudáfrica se abran paso ilegalmente a Asia —y que los mismos criminales actualmente detrás de la matanza de rinocerontes pudieran estar involucrados— no es motivo para desecharlo.
“Moralmente, es una preocupación enorme trabajar con estos individuos, pero si tenemos que hacer negocios con el diablo para asegurar la subsistencia de la especie, que así sea”, dice Jones. Añade que es responsabilidad del gobierno impedir que los cuernos se escabullan del país. Sigue siendo ilegal vender cuernos de rinoceronte internacionalmente o importarlos a cualquiera de los 183 países que son signatarios de un tratado llamado la Convención de Comercio Internacional de Especies de Fauna y Flora en Peligro de Extinción, o CITES, por sus siglas en inglés.
Finalmente, es imposible predecir cómo resultarán las cosas si los dueños de rinocerontes ganan su demanda, pero la poca evidencia que existe no es tranquilizante. En 2008, la CITES permitió que varios países africanos realizaran una venta única de más de cien toneladas de marfil —otro producto silvestre prohibido en el comercio internacional— a China y Japón. La evidencia anecdótica, recientemente apoyada por un documento de trabajo publicado por economistas en Estados Unidos, indicó que la venta exacerbó la matanza de elefantes, posiblemente porque estimuló la demanda y proveyó un medio fácil de lavarla. Inmediatamente después de que se anunció la venta, la caza furtiva aumentó en 66 por ciento y el contrabando, en 71 por ciento, según el análisis.
Mientras que los hallazgos del marfil no son directamente aplicables al cuerno de rinoceronte, el autor principal del documento, Solomon Hsiang, profesor adjunto de la rectoría en política pública de la Universidad de California, campus Berkeley, piensa que hay algunas recomendaciones potenciales, incluido el que satisfacer la demanda de cuerno de rinoceronte sin estimular la caza furtiva podría ser un reto aún mayor que con el marfil. Al contrario del marfil, el cuerno de rinoceronte es consumido con frecuencia, por lo que se necesita más de manera continua. “En cuanto se hayan ido esas grandes reservas de cuernos de rinoceronte, tendremos que estar listos para hacer una producción en masa —para la cual no creo que estemos listos—, si no otros abastecedores van a venir y cazar furtivamente”, dice Hsiang.
Tales incertidumbres no les sientan bien a muchos conservacionistas. Como dice Allan: “No podemos experimentar con los rinocerontes porque quedan muy pocos de ellos”. Pero aun cuando a él y otros les guste o no, se avecina un experimento a gran escala en el mundo real. Hume y otros están firmes en su creencia de que este experimento, al parecer inevitable, les dará la razón. “Le digo que no estoy equivocado —concluye—. Y conociendo a los rinocerontes, estoy convencido de que estarán muy contentos de hacer este pequeño sacrificio para evitar la extinción de su especie”.
—
Este artículo fue apoyado por una subvención del Centro Pulitzer de Reportaje de Crisis.
Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek