¿Qué sucederá con las armas con Donald Trump al frente?

A lo largo de sus casi 17 meses de campaña presidencial, Donald Trump prometió que, de ser electo, protegería “totalmente” la Segunda Enmienda. Incluso ha prometido que “desfirmaría” rápidamente las acciones ejecutivas que el presidente Barack Obama emitió en enero para agilizar el sistema de verificación de antecedentes en la adquisición de armas, y que aboliría las zonas libres de armas en escuelas y bases militares, medidas que calificó de “catástrofe”. 

Dijo también que quería implementar el derecho nacional de portación en los 50 estados, y pareció sugerir que los defensores del derecho a las armas debían tomar acciones letales contra su rival demócrata, Hillary Clinton, en el caso de que fuera electa a la presidencia y amenazara la Segunda Enmienda designando un juez de extrema izquierda a la Corte Suprema de Estados Unidos (más tarde, su campaña aclaró que lo que quiso decir era convencer a los partidarios de la Segunda Enmienda de que reunieran votos a su favor). 

Luego, apenas cinco días antes de las elecciones presidenciales, formó la coalición de la Segunda Enmienda integrada por 64 miembros –que incluye a la junta directiva de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), representantes del cabildo pro-armas y fabricantes estadounidenses de armas de fuego-, la cual busca asesorarlo en la protección del derecho constitucional de tenencia y portación de armas.

Ahora que ha ganado las elecciones, ¿qué hará, realmente, el presidente electo Trump en lo tocante a las leyes sobre armas de fuego? Durante la campaña, el empresario multimillonario presumió de tener grandes planes –como construir un muro en la frontera mexicana, cambiar las relaciones comerciales de Estados Unidos, y retractarse de los acuerdos sobre el cambio climático-, pero durante la semana que siguió a su victoria, pareció suavizar el tono de algunas de sus críticas principales, e incluso dijo que revocará solo partes de Obamacare y que considera no procesar a Clinton por usar una cuenta privada de correo electrónico cuando era secretaria de Estado.

En el tema de las armas, una demócrata prominente comentó que conserva la esperanza de que Trump cumpla su promesa de estremecer a Washington y no dejarse someter por el partido político al que representa. “Con su estilo por demás inesperado, es posible que Donald Trump sea, justamente, el presidente que logre hacer algo positivo por la seguridad en las armas”, dijo Elizabeth Esty, representante por Connecticut, en entrevista con Newsweek. Esty, quien representa al distrito donde ocurrió el tiroteo masivo de la Escuela Primaria Sandy Hook, en 2012, es vicepresidenta de la Fuerza de Trabajo para Prevención de Violencia Armada de la Cámara de Representantes.

Los derechos sobre las armas de fuego emergieron como un tema importante de la campaña de 2016. Trump se plantó con firmeza del lado de los propietarios de armas con su campaña “ley y orden”, y canalizó parte de la retórica más incendiaria de NRA. Se ha manifestado a favor de empoderar a los propietarios de armas para que puedan defenderse y prevenir crímenes, ha pedido que el gobierno expanda los derechos de armas de los estadounidenses que respeten las leyes, y ha argumentado que armar a la población civil podría impedir los asesinatos masivos. También ha dicho que se opone a las nuevas medidas para control de armas, y que incluso tiene y porta una pistola en su estado natal de Nueva York, “a veces muy a menudo”.

La campaña nombró a Chris Cox, director ejecutivo de NRA, y a uno de los hijos de Trump –Donald Jr., ávido cazador y franco defensor del derecho a las armas- como presidentes de su coalición de la Segunda Enmienda. Antonio Hernández Almodóvar, abogado de San Juan, Puerto rico e integrante del grupo, señala aún no se sabe cuándo se reunirán los miembros o empezarán a asesorar a Trump. Mientras tanto, dice que sus dos objetivos para la administración son enjuiciar a los criminales que intenten comprar armas de fuego –en vez de imponer restricciones a los propietarios legítimos de armas- e instituir la legislación Reciprocidad Nacional de Derecho de Portación. “Me parece justo que si tenemos un buen ciudadano que respeta la ley en un estado, no deba temer que lo enjuicien porque cruza fronteras estatales o porque va a otro estado para disfrutar de su deporte”, explicó a Newsweek.

NRA podría presionar por logros más agresivos en el proyecto de la ley de reciprocidad, dice Robert Spitzer, presidente del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Estatal de Nueva York, en Cortland. La medida forzaría a los estados que permiten la portación oculta a reconocer los permisos de las otras entidades federales, como si fueran licencias de conducir. Los opositores argumentan que esto propiciaría que se aplicaran requisitos menos restrictivos en todo el país, lo cual socavaría las exigencias más estrictas de algunos estados. Sin embargo, la legislación ha sido respaldada por miembros de las dos cámaras del Congreso anteriormente, y pronto podría llegar al escritorio de Trump en la Oficina Oval. 

Esta semana, Wayne LaPierre, vicepresidente ejecutivo y director ejecutivo de NRA, lanzó un mensaje de video pidiendo a Trump que promulgue la legislación de reciprocidad “tan pronto como se pueda redactar y firmar”. También pidió a Trump y a los legisladores que eliminen las zonas libres de armas de fuego, y acaben con las prohibiciones contra ciertas armas de fuego, tipos de municiones y cargadores de gran capacidad. Un portavoz de NRA no respondió a las peticiones de información adicional de Newsweek en cuanto a los objetivos de la organización bajo la administración Trump.

Tom Emmer, representante por Minnesota y miembro de la coalición de la Segunda Enmienda, dijo que le entusiasma trabajar con Trump para revertir las “acciones ejecutivas” de Obama en el tema de las armas. “Bajo el presidente Obama, los estadounidenses fueron testigos de numerosas acciones unilaterales que buscaban privar a los ciudadanos respetuosos de la ley de sus derechos de la Segunda Enmienda. Por fortuna, ahora tenemos la oportunidad de invertir el curso”, informó a Newsweek, en un correo electrónico. De manera específica, Emmer quiere trabajar con Trump en la aprobación de la Ley de Juicio Justo para la Protección de Armas de Fuego, una legislación que presentó en abril, la cual pretende asegurar que los estadounidenses puedan corregir información falsa si se les niega la tenencia de un arma.

Antes de las elecciones, tanto Trump como NRA dijeron a los estadounidenses que el futuro de la Corte Suprema de Estados Unidos dependía de sus votos. El presidente electo prometió nombrar a un juez pro-Segunda Enmienda para ocupar el puesto que quedó vacante en febrero, tras la muerte repentina del juez conservador, Antonin Scalia. Mas es probable que esa nominación solamente restaure el equilibrio que tenía la Corte en la época de Scalia. 

Fue él quien redactó el histórico falloDistrito de Columbia v. Heller, hace ocho años, cuando el tribunal reconoció el derecho individual de tener armas en casa para defensa propia. No obstante, desde entonces los jueces se han negado a revisar docenas de casos que han confirmado prohibiciones relacionadas con armas de fuego. Haría falta un nombramiento de otro tipo en la Suprema Corte para cambiar el equilibrio en este tema. Y Trump ha dejado clara su opinión: “Las prohibiciones de armas y cargadores son un fracaso total”, dijo, en su documento de postura.

Con todo, Trump no siempre ha sido un gran partidario de la posesión de armas. Antes de lanzarse como candidato presidencial, el empresario criticó a los republicanos que “caminan por la línea de la NRA” y “rehúsan, incluso, las restricciones limitadas” en las leyes para armas de fuego. “En general, me opongo al control de armas, pero apoyo la prohibición para las armas de asalto y también apoyo un período de espera un poco más largo para la compra de un arma”, escribió en su libro del año 2000, “The America We Deserve”. En aquel momento, contemplaba competir por la presidencia, aunque no había declarado su intención de postularse.

Transcurridos 14 años, en abril de 2014, Trump se presentó en un mitin pro-armas de Albany, Nueva York, y habló sobre la importancia de proteger la Segunda Enmienda. Al año siguiente, dos meses antes que ingresara en la competencia presidencial, dijo a la concurrencia de un foro NRA: “Me encanta la NRA. Me encanta la Segunda Enmienda”. En un debate de marzo de este año, fue más allá al decir que ya no apoyaba la prohibición contra las armas de asalto. En mayo, NRA lo dio su respaldo y seguidamente, gastó mucho dinero para impulsar su campaña. Ese grupo fue uno de los pocos partidarios organizados y entusiastas de Trump, ya que la mayoría de los grupos conservadores restantes se deslindó de la campaña de la ex estrella de la televisión de realidad.

En términos generales, el debate sobre la necesidad del control de armas podría apagarse mucho ahora que el Partido Republicano (GOP) controla las dos cámaras del Congreso, un republicano ocupa la Casa Blanca, y legisladores demócratas de los estados GOP (como los senadores Joe Manchin, de Virginia Occidental y Heidi Heitkamp, de Dakota del Norte) se preparan para la reelección en 2018 y, en consecuencia, no están muy dispuestos a manifestarse con firmeza en el tema.

Sin embargo, un comodín es la idea propuesta por Spitzer y otros: que Trump simplemente usó su postura frente a las armas para establecer su identidad conservadora en la campaña electoral, y que relajar las restricciones sobre las armas, realmente, no es una prioridad para él. A la zaga del tiroteo masivo más mortífero en la historia de Estados Unidos –en junio, en el club nocturno Pulse, de Orlando, Florida-, Trump pareció mostrar su apoyo a la prohibición de vender armas a terroristas conocidos o sospechosos de actividad terrorista. Quienes se oponen a legislaciones de armas más estrictas, incluidos muchos miembros del Partido Republicano, se opuesto firmemente a ese cambio. Y NRA ha dicho que quiere asegurar que los estadounidenses inscritos injustamente en la lista de exclusión aérea reciban el derecho legal de un juicio justo.

No obstante lo que ocurra en el nivel federal durante la presidencia Trump, los grupos pro-control de armas, como Everytown for Gun Safety, prometen continuar su lucha por una legislación más estricta en el nivel estatal. El día de las elecciones, las medidas que buscan fortalecer las leyes de armas fueron aprobadas en tres de los cuatro estados que las incluyeron en sus boletas electorales. Erika Soto Lamb, directora de comunicaciones de Everytown, dice que, aunque su organización respaldó a Clinton en la carrera presidencial, no consideran su derrota como “una declaración sobre la seguridad en las armas para Estados Unidos”.