Según las
previsiones publicadas este jueves en la Conferencia de Naciones Unidas sobre
el Cambio Climático (COP22), México presentó sus nuevos objetivos junto a
Estados Unidos, que por su parte espera reducir en un 80% sus emisiones de
gases en 2050, respecto a los niveles de 2005.
Estados
Unidos, Canadá y México, socios de libre comercio, forman parte también del
club de grandes productores de crudo. México presenta dos escenarios posibles
para lograr su objetivo a mediados de siglo.
El primero
contempla reducir hacia 2030, 22 por ciento sus emisiones globales, y
particularmente 51 por ciento sus emisiones de carbón negro en 2030, muy
contaminantes, para luego llegar al objetivo declarado de mitad de emisiones en
2050.
El segundo
escenario, más ambicioso, y ligado a la ayuda internacional, sugiere reducir 36
por ciento las emisiones globales, y particularmente 70 por ciento las emisión
de carbón negro en 2030.
En este
último escenario se podría llegar además a lograr un mínimo de 50 por ciento de
energía limpia en 2025, y reducir 40 por ciento las emisiones de metano
“en una acción coordinada en Norteamérica” es decir con Estados
Unidos y Canadá.
México fue
en 2013 el 12º emisor de gases de efecto invernadero en el mundo, aunque
solamente representa 1.7% de las emisiones mundiales, según el informe.
Sin
embargo, es uno de los países que por su posición geográfica sufre más el
impacto del cambio climático. Los modelos de predicción meteorológica calculan
que el país podría recibir 10 por ciento de lluvia este siglo, al mismo tiempo
que se exacerban los fenómenos extremos, como los huracanes.
Alemania
ya presentó sus objetivos antes de la COP22 de Marrakech. Junto con México y
Estados Unidos son los tres primeros países que proponen esa visión para
mediados siglo, y lo hacen antes de 2020, que era la fecha límite propuesta por
los 196 firmantes del Acuerdo de París.
El Acuerdo
de París de 2015, cuya implementación está siendo discutida en la conferencia
de Marrakech, tiene como objetivo que el planeta no aumente su nivel de
temperatura más allá de +2º C respecto a la era preindustrial. Para ello exige
a la comunidad internacional drásticas reducciones de gases como el CO2 o el
metano, muy contaminantes, y abandonar progresivamente las energías de origen
fósil.