No sólo los
dedos, también es importante utilizar otros elementos, y no dejar todo el
trabajo al cerebro, a la memoria y a la visualización del problema. Una
reciente investigación le da más poder a utilizar la vista, el tacto y el oído
para pensar mejor.
“Los
pensamientos, las elecciones y las percepciones de las personas pueden
transformarse mediante la interacción física con las cosas. En otras
palabras, pensar con su cerebro sólo –como lo hace una computadora– no es
equivalente a pensar con su cerebro, sus ojos y sus manos –como lo hacen los
humanos con frecuencia–“, aseguran Gaëlle y Frédéric Vallée-Tourangeau,
profesores ambos de la Universidad de Kingston.
De
acuerdo con estudios que han realizado a lo largo de su vida, se han dado
cuenta de cómo después de la infancia, cuando los niños aprender a contar, a sumar
y restar, usando los dedos de sus manos, ya para la secundaria y estudios
superiores, los maestros les piden a sus alumnos que usen la información que
está en su memoria.
“Es
esta visión que pretendemos desafiar, rechazando la metáfora de la mente como
computadora según la cual los pensamientos emergen finalmente del procesamiento
de la información del cerebro del cerebro del mundo exterior”, dicen en un
artículo publicado en The Conversation.
Para
poner esto a prueba, los investigadores diseñaron tareas de pensamiento bajo
condiciones de laboratorio durante las cuales las personas pueden interactuar
físicamente con las propiedades del problema. Ellos aseguran que “la
interactividad inevitablemente beneficia el rendimiento”.
“Las
personas son más creativas y más eficientes cuando resuelven problemas con sus
manos: el pensamiento es una actividad encarnada incrustada en un entorno
físico”, declaran.
Y
es que no sólo se refieren a problemas matemáticos, o de cuentas, se refieren a
cualquiera que se le presente, y ponen como ejemplo el juego de Scrabble, en el
que los jugadores manipulan, tocan y organizan las fichas con letras que
reciben. Las fichas no son una herramienta para que piensen, simplemente están
pensando mientras las manipulan.
“Esto
sugiere que el pensamiento es fundamentalmente relacional: se despliega a lo
largo de una serie de cambios físicos en el ambiente que a veces afecta, y se
ve afectado, por una serie de cambios biológicos en el cerebro”, explican en su
texto.
También
aplicaron otro estudio sobre creatividad y perspicacia, en el que al
presentarle a los participantes un papel y un lápiz no llevó a tener un gran
avance; sin embargo, los que podrían utilizar los artefactos físicos para
construir un modelo del problema eran mucho más propensos a llegar a algún
conocimiento, sin importar la diferencia entre las capacidades cognitivas de
los participantes.
Los
autores e investigadores terminan su artículo diciendo: “La próxima vez que su
hijo cuente usando sus dedos o vea a sus empleados distribuyendo información
sobre su escritorio y sus paredes, puede estar seguro de que no tienen limitaciones
en su capacidad de pensar. De hecho, están mejorando su capacidad de pensar. La mente no piensa como una computadora, piensa con los
objetos (incluyendo las computadoras) y la gente que le rodea. Nuestra capacidad de pensar y razonar bien en un momento
dado depende tanto de nuestras capacidades cognitivas como de la riqueza o
escasez de cosas materiales con las que apoyar nuestro pensamiento y nuestra toma
de decisiones”.