“LÁZARO CÁRDENAS DEL RÍO es el mejor expresidente de México”, considera el escritor poblano Pedro Ángel Palou. El histórico general y político michoacano, reflexiona, fue un personaje que llevó a la práctica la idea de que la Revolución se hizo en pos de la justicia social, la cual solo podría cumplirse con obras como el reparto de la tierra, la recuperación del subsuelo y la impartición de una educación pública, gratuita y laica, tal cual lo mandaba la Constitución de 1917.
“En su momento, para Cárdenas hay una energía social en el pueblo mexicano que ha sido desperdiciada después de la guerra y, sobre todo, porque no se ha cumplido con lo que para él es su sagrada escritura, que es la Constitución de 1917”, explica Ángel Palou en diálogo con Newsweek en Español a propósito de la publicación de su más reciente novela histórica, Tierra roja.
De este modo, añade el historiador y doctor en ciencias sociales, “Cárdenas emprende una serie de proyectos que es increíble que un solo hombre y un equipo muy pequeño de trabajo hayan logrado. Él nunca piensa en los derechos o los intereses políticos o económicos de la élite de la nueva burguesía mexicana y los generales enriquecidos por la Revolución; desde el principio ataca los intereses más centrales de esta burguesía enriquecida por el poder, y está convencido de que le toca hacer la limpieza. Y como él es de una rigidez personal muy grande y se exige tanto a sí mismo, es capaz de hacer dicha limpieza porque tiene la fuerza moral personal de no haber hecho lo mismo y no tener negocios”.
Publicada recientemente bajo el sello editorial Planeta, Tierra roja es una novela que combina ficción histórica y realidad sobre el estadista michoacano Lázaro Cárdenas. Independientemente de haber sido presidente de México, gobernador de Michoacán y de haber encabezado la legendaria expropiación petrolera, en esta obra es presentado como una personalidad de carne y hueso que vivió momentos apenas conocidos, como su paso por la Revolución, su ascenso en la vida política, su gusto por escribir en un diario, cómo se hizo cargo de sus hermanos, su placer por montar a caballo o su amor por Amalia Solórzano. “Es la primera vez que se escribe sobre el Cárdenas humano, no el histórico”, apunta el autor de la obra. “A diferencia de conocer las causas del héroe, sabemos las razones del hombre”.

Foto: Antonio Cruz/NW Noticias.
Otro elemento novedoso de Tierra roja es que incorpora a un personaje de ficción, el policía Filiberto García, rescatado de otra obra y otro escritor. “Rafael Bernal es autor de la mejor novela policiaca de México, El complot mongol, y su hijo me permitió usar a Filiberto García para ser el policía de mi novela. Eso le dio un contrapunto a algo que a mí me preocupaba mucho, que la novela se volviera políticamente muy densa y hablara solo del círculo rojo, pues finalmente eso puede estar en los libros de historia”.
De este modo, “yo pongo a dialogar a Filiberto García con un personaje de la vida real, un periodista de esa época, Eduardo Téllez, el Güero, lo que permitió que hubiera un abanico de posibilidades de investigación sobre la historia del crimen en México, que va desde la muerte de Guty Cárdenas hasta un posible atentado a Lázaro Cárdenas en 1961 que impide el presidente López Mateos”.
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El trabajo literario y de investigación de Pedro Ángel Palou García, nacido en Puebla en 1966, es reconocido en gran parte del mundo. Sus obras más recientes han estado dedicadas a la novela histórica y personajes como Cuauhtémoc, José María Morelos, Emiliano Zapata, Francisco Villa y Porfirio Díaz, y su novela Paraíso clausurado ya es considerada un clásico. Sus libros, que reúnen cuentos, novelas, ensayos, relatos infantiles y textos escolares, en conjunto suman casi medio centenar de títulos. Entre otros, ha sido merecedor de los premios Nacional de Historia Francisco Javier Clavijero, Nacional de Literatura Jorge Ibargüengoitia, Latinoamericano de Ensayo René Uribe Ferrer y el Premio Xavier Villaurrutia.

Foto: Antonio Cruz/NW Noticias.
—Pedro, ¿cuál es la importancia de Cárdenas del Río como para escribirle una novela?
—Algo que se dice poco es que es el mejor expresidente de México. Salió muy joven del sexenio, dejó el poder por completo, no quiso volver a ejercerlo. La Segunda Guerra Mundial lo llama de regreso como secretario de Guerra y Marina, y gracias a Cárdenas no tenemos Guantánamo en México, impidió que se instalaran dos bases navales estadounidenses en el país. Después se dedica a proyectos agrarios, a la tecnificación del campo; de hecho, la muerte, el cáncer, lo encuentra en 1971 trabajando en la mixteca oaxaqueña. No enriquecido, no corrupto, él trabaja hasta el último día por el país y es la única figura moral de la Revolución Mexicana, lo único bueno que le queda a México de la Revolución.
—¿De qué manera se ilustra una novela de esta relevancia?
—El novelista histórico tiene que vérselas con todos los documentos. Se lee lo mismo a los grandes hagiógrafos o biógrafos de Cárdenas que lo adoran acríticamente, como a sus peores detractores. Hay que estudiar todas las versiones del hombre para hallar un punto medio: ni era tan malo como lo pintan, ni tan bueno; ni es un santo, ni es un demonio. Cárdenas, a diferencia de muchos otros políticos mexicanos, era un grafómano, dejó 3000 páginas de diario y 1500 páginas de epistolario. Él registra su vida desde los 14 años y hasta el último de sus días, todo el tiempo está escribiendo un diario que tiene un tono íntimo en algunos momentos y que deja de ser íntimo en el sexenio. Y hay un diario militar, es un obsesivo de contar pasos, kilómetros, sabe exactamente cuánto ha recorrido a burro, a pie, en barco, en avión, a dónde ha ido, cómo se llama el pueblo, la altitud, a qué altura del nivel del mar, la temperatura. Y también es un diario político que revela la sagacidad política que tenía para la política exterior.
—¿Cuál es la importancia de la novela histórica como género literario?
—Escribimos y leemos novela histórica para entender el presente, no el pasado —concluye Ángel Palou—. Hoy México atraviesa un momento muy complejo, está desmoralizado, desmembrado en todos los sentidos, es un país en donde parece que lo único que puede existir es la violencia, una violencia sistémica y ejercida, incluso, desde el Estado o el narcoestado. Con la novela histórica habría que preguntarse qué hicimos bien y qué hicimos mal. Y si podemos volver a hacer las cosas bien.

Foto: Especial.