Para
sorpresa de las élites, el Brexit ganó en junio, y en noviembre, Donald Trump
es elegido presidente.
El
Fondo Monetario Internacional (FMI) alertó en su reunión de octubre sobre la
necesidad de integrar “a todo el mundo y no sólo a unos cuantos” en
la globalización.
Durante
la última cumbre del G20, en septiembre, la directora general del FMI,
Christine Lagarde, aseguró que los jefes de Estado de los países más poderosos
del mundo estaban determinados a “responder a las críticas populistas y
fáciles contra la globalización”.
Pero
su mensaje no surtió efecto. La rival de Trump, la demócrata Hillary Clinton,
también intentó aprovechar la ola de descontento durante su campaña, dando un
giro de 180 grados, tras haber apoyado en 2012 la controvertida Asociación
Transpacífica (TPP).
“La
economía mundial atraviesa dificultades y quienes sufren por ello tienen la
impresión de que la globalización es la responsable”, reaccionó el economista
japonés Seiji Katsurahata, tras la victoria del republicano Donald Trump, que
sedujo a los electores estadounidenses con un discurso virulento contra el
libre comercio.
“Los
ideales de la globalización se han borrado con el debilitamiento de la economía
mundial”, tras la crisis de 2008, añadió a la AFP este experto del Dai-ichi
Life Research Institute.
“El
sentimiento general, sobre todo el de las clases populares, es que les hacen
pagar los platos rotos de la globalización”, explicó hace poco el
economista francés Thomas Piketty a la AFP.
Una
opinión pública que se ha sentido cada vez más vulnerable frente a unos
acuerdos negociados en la sombra. “Hay una percepción muy clara, y pienso
que es exacta, de que esos acuerdos comerciales son concebidos para los intereses
de los grandes grupos”, explicó el premio Nobel de Economía Joseph
Stiglitz, durante su reciente visita a París.
Y
esa gente, cansada de los cierres de fábricas, de sus problemas financieros, y
exasperada por los discursos de los dirigentes políticos y económicos sobre la
necesidad de liberalizar cada vez más los intercambios, quiere hacer cambiar
las cosas.
Acuerdos de libre comercio
malparados
La
victoria de Trump se produce en un momento en que los acuerdos comerciales
están tocados. Francia pidió suspender las negociaciones sobre el Tratado
Transatlántico de Libre Comercio (TTIP o Tafta) entre la Unión Europea (UE) y
Estados Unidos.
El
acuerdo firmado entre Canadá y la UE (CETA) tuvo que ser validado tras una fuerte
presión de los dirigentes europeos para que Valonia, la región francófona de
Bélgica, firmara el texto al que se oponía.
A
unos meses de elecciones cruciales en Francia y Alemania, París mandó el martes
una serie de propuestas a Bruselas para que las negociaciones de esos acuerdos
sean más democráticas y transparentes.
“No
habrá futuro europeo si no hay una democracia extremadamente fuerte”,
avisó el secretario de Estado francés Matthias Fekl, que recordó que
“Europa está amenazada por tentaciones y tendencias muy peligrosas en su
seno”, en referencia al avance de los partidos populistas.
Tras
la victoria de Trump, los mercados aguardan sus primeras medidas.
“Prevemos que Trump empezará a designar a China como una manipuladora de
divisas y que presentara numerosas denuncias ante la OMC (Organización Mundial
de Comercio)”, dijo Paul Ashworth, el jefe economista del instituto
Capital Economics.
“También
insistirá para renegociar el Alena (acuerdo de libre comercio de América del
Norte)”, también conocido como Nafta, que entró en vigor hace más de 20
años bajo la presidencia de Bill Clinton y concierne a México, Canadá y Estados
Unidos.
El
director general de la OMC, el brasileño Roberto Azevedo, reaccionó rápidamente
y se declaró “dispuesto” a trabajar con Trump. “Está claro que
muchos piensan que el comercio no funciona para ellos, debemos preocuparnos y
asegurarnos de que el comercio aporte el mayor número de beneficios al mayor
número de personas”, afirmó.