La segregación escolar en EE.UU., un problema en aumento

Hay algunas ideas equivocadas sobre la segregación escolar en Estados Unidos que han circulado por allí. Una es que se acabó con Brown v. Board of Education, el histórico caso que terminó en 1954 con la Suprema Corte declarando que ordenar la segregación era inconstitucional. Otra es que la segregación escolar es un problema confinado al sur del país. Esta línea de pensamiento dice que el sur es de donde proviene el racismo, y a ellos deberíamos culpar de todo. Pero como John Oliver lo señaló en Last Week Tonight el domingo, no sólo la segregación escolar todavía es un problema en Estados Unidos, incluso es un problema en semilleros liberales. Según el Proyecto de Derechos Civiles de la UCLA, el sur es la región menos segregada del país para los estudiantes negros. ¿La más segregada? El estado de Nueva York, debido en gran medida a la Ciudad de Nueva York.

Más alarmante que cualquier desglose regional es el que las escuelas se están volviendo cada vez más segregadas. En 1988, había 2752 escuelas donde uno por ciento o menos del cuerpo estudiantil era blanco; en 2011, esa cifra se había más que duplicado, a 6727. ¿Cómo es esto posible? Para empezar, la desegregación conlleva trabajo. Es mucho más fácil logísticamente hablando que los muchachos simplemente asistan a las escuelas de sus vecindarios, y como tantísimos vecindarios están segregados, también lo están las escuelas. El problema también ha sido presentado en cortes de todo el país, las cuales en gran medida fallaron en contra de varios planes de desegregación. “El discurso prevaleciente fue que la desegregación imponía un costo demasiado alto a los estudiantes por un beneficio que ya no era necesario”, dice Oliver.

Pero es necesario. No sorprende, dice él, que las escuelas con cuerpos estudiantiles predominantemente negros o latinos tengan menos recursos, peores instalaciones y profesores menos experimentados que las escuelas predominantemente blancas. Esto importa. Rucker Johnson, profesor de Berkeley, halló que a los niños negros quienes asistían a escuelas desegregadas les iba mejor que a sus hermanos quienes asistían a escuelas segregadas, al igual que sus hijos. Quienes asistían a escuelas desegregadas tenían más posibilidades de graduarse, y tenían 22 por ciento menos posibilidades de ser encarcelados. Él no halló un efecto en absoluto en los niños blancos de escuelas desegregadas.

Los efectos de la segregación se extienden más allá del rendimiento académico. Dada la disparidad enorme en recursos y estándares, los niños quienes asisten a escuelas predominantemente negras o latinas a menudo sienten que no son tan buenos como los niños blancos. Lo contrario también es cierto. Oliver reprodujo un video de un niño blanco a quien le piden que señale niños “buenos” y niños “malos” cuando le presentaron una serie de caricaturas que contenían varios tonos de piel. Puede adivinar los resultados. La madre del niño se veía horrorizada, y lo culpó apropiadamente a una falta de exposición a otras razas. “Las escuelas segregadas provocan un daño devastador en niños reales”, dice Oliver. “No sólo en su educación, sino en su mismísimo sentido de autoestima”.

Si queremos vivir en una sociedad progresista —y, como nos ha enseñado esta elección, no todos necesariamente lo quieren—, necesitamos hacer más que simplemente hacer ilegal a la segregación ordenada; necesitamos ser “proactivos”, como dice Oliver, con respecto a asegurarnos que nuestras escuelas sean desegregadas. “Aun cuando esto siempre es enmarcado como un problema de los padres y sus hijos, en realidad es de todos, porque los niños crecen”, dice él. “Esos pequeños médicos, soldados, policías y superhéroes que le piden dulces [en Halloween] podrían en una década o más convertirse en verdaderos médicos, soldados, policías y subdirectores de recursos humanos, y hay beneficios enormes y múltiples para todos nosotros si interactuaron mucho más desde una edad temprana”.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek