Los estudios científicos dicen que
las personas tienden a relacionarse con sus parejas de forma parecida a como
aprendieron a relacionarse con sus padres durante la infancia; si el trato con los
padres fue positivo, sano y satisfactorio, buscarán parejas similares a las de
ellos en la manera de vincularse y comunicarse.
Si las relaciones con los padres
fueron más bien negativas, conflictivas e insanas, suelen repetir esos patrones
en futuros vínculos. Los expertos explican que con relaciones parentales complicadas
se crearon inseguridades, miedos y necesidades emocionales que dejaron, de
alguna manera, una marca emocional que los acompaña a lo largo de la vida.
Por eso muchas personas eligen
pareja con características similares a la anterior, a pesar de que las cosas no
resultaron bien… y lo hacen una y otra vez. Esto genera situaciones y
conflictos muy parecidos en relaciones distintas, pero no tan diferentes las
unas de las otras.
A veces parece que la persona en
cuestión no guarda ninguna similitud con las figuras paternas/maternas, pero
inconscientemente tiene algo en común; es más bien un intento válido y honesto
de hacer mejor lo que los padres hicieron mal, o lo que podría mejorarse. Por
lo regular se trata de individuos que al principio se vinculan de manera
positiva y sana.
Cuando surge alguna dificultad o problema –que siempre
aparecen, tarde o temprano– salen a flote inseguridades y miedos; el chico cool o la mujer ecuánime se vuelven
absorbentes, desconfiados, distantes, y es porque así aprendieron de niños.
En este punto, la estrella que
encandila a todos se llama decepción: la pareja no se parece en nada de la que
se prendaron al inicio del romance. No es verdad que sean distintas personas –la
del principio con la del final de la relación– sino que la manera en que se
relacionaba era más sana, más positiva, situación que se altera por alguna
razón cuando en uno de los dos integrantes o en ambos se activan los temores
añejos; la inseguridad marca la pauta, proviene de los patrones que aprendieron
y registraron como huella indeleble.
Sí, es cierto que se tiende a seguir
los modelos, pero también es igual de cierto que se pueden modificar. Como
punto de partida, hay que identificar los miedos y revisar las posibles causas.
Analizar las semejanzas entre las relaciones registradas y cuáles son los
problemas en común que se dan con las parejas, así se llega a conocer los
asuntos a nivel personal. No pensar que todo se va a repetir igual. Tener
confianza y valorarse.
Ampliar horizontes, salirse del cartabón, del molde en
el se cae a la hora de elegir compañera(o). Y, sobre todo, lo más importante: no
dejarle al otro la responsabilidad de la felicidad propia.