“Mi vida ha estado íntimamente ligada a la música desde siempre”: Camarena

Desde que debutó en Zurich, Suiza, en 2007, Javier Camarena (Xalapa, Veracruz, 1976) se convirtió en un “príncipe entre tenores”, en un hombre que se volvería reconocidísimo en los más importantes teatros y salas del mundo operístico. Pero volar tan alto no ha impedido a su voz deleitar al son del popurrí o dar vida a Cri Cri,el grillito cantor de Francisco Gabilondo Soler, al que él escuchaba de niño, como otros muchos mexicanos lo hacían.

El éxito de Camarena no es fortuito. Si las críticas le han sido favorables se debe en gran parte al compromiso que ha tenido con su compañera de vida: la música. Él mismo reconoce que el haberla incorporado a su día a día ha sido una de sus decisiones más importantes. Ahora, el “matrimonio” regresa a la Ciudad de México para engalanar el 25 aniversario de la remodelación del Auditorio Nacional.

—¿Cómo te hicieron el planteamiento de esta gran gala de ópera?

—Realmente fue parte de la buena respuesta que tuvimos del público en México el año pasado y quisimos junto con el Auditorio Nacional tener esta nueva oportunidad de presentar un proyecto con el género operístico como la principal atracción. El concierto que hicimos hace un año fue para llegar a un público nuevo, gente que no tuviera ni idea de en qué consistía un concierto operístico. El seguir con estas oportunidades de presentarnos nuevamente es con esta misma idea de seguir promoviendo el arte operístico, en esta ocasión con artistas internacionales que se presentan en los principales teatros del mundo.

—¿Cómo ha sido tu relación con la música?

—Mi vida ha estado íntimamente ligada a la música desde siempre. La música me ha acompañado en todo momento. Siempre he estado involucrado en una actividad que tenga que ver con la música, pero el tomar una decisión de hacerla mi profesión y hacerla mi vida creo que ha sido una de las decisiones más importantes que he tomado. Estoy feliz de que haya sido así.

—¿Cuándo supiste que tu vocación era la ópera?

—Por ahí del tercer o cuarto año de estudios en el que por primera vez vi una ópera. Yo empecé a estudiar canto porque era la opción que tenía segura de entrar en una carrera en la música. No tenía idea de qué iba la carrera, para qué se estudiaba canto y qué es lo que se podía hacer a través de la voz. Y cuando vi por primera vez a Plácido Domingo cantando con Eva Marton en la ópera de Puccini, Turandot, fue cuando quedé enganchando de la ópera y todo tuvo sentido.

—¿Qué tipo de música escuchas en tus ratos libres?

—Escucho de todo. Tengo Diana Krall, tengo Norah Jones, tengo Maroon 5, bossa nova, escucho boleros y de repente también escucho óperas, pero esto ya es más por cuestión laboral. Trato de escuchar algunas óperas que me interesan con la idea de cómo podría sonar mi voz en los diferentes roles.

—¿Cuál fue el último concierto al que fuiste?

—Acabo de ir. Fue una función de ópera en el Palau de les Art en Valencia. Una soprano muy joven, Karen Gardeazábal, estaba debutando en la ópera L’elisir d’amore. Y de otros conciertos… no recuerdo… Pero, ¿sabes?, fui a un partido de fútbol en Londres y esto es más relevante porque nunca había ido a uno. Estaban jugando el Arsenal contra el Chelsea.

—¿Y la última vez que un tema musical te conmovió?

—Estoy escuchando ahora una ópera de Donizetti que se llama Caterina Cornaroy hubo una parte que me gustó muchísimo y que me conmovió dentro del papel que le toca al tenor. Y de canciones tristes sí es un tanto difícil que me conmuevan. Creo que así como los pintores tienen un ojo crítico, los cantantes y los músicos nos vamos haciendo de un oído muy crítico. Entonces tiene que ser algo no sublime, pero sí algo realmente entregado.

—¿Cómo te gustaría ser recordado?

—Principalmente como un buen padre y un gran esposo. Y profesionalmente como alguien que siempre estuvo muy comprometido con su quehacer artístico y con un sentido de responsabilidad muy alto y que, además, siempre fue un buen colega que valoró muchísimo a la gente con la que compartió escenario.