Cómo los partidarios de Trump atacan y humillan a periodistas

Durante toda mi vida adulta, nunca ha sido un
secreto que padezco epilepsia. Actualmente, la enfermedad está mejor controlada
de lo que lo ha estado en otras etapas de mi vida, pero no completamente: mi
neurólogo me dice que tengo un tipo de epilepsia intratable, lo que significa
que el tratamiento nunca logrará poner este padecimiento completamente bajo
control. Sé cómo sufren las personas, particularmente los niños, que padecen
ataques epilépticos cuando idiotas poco informados sugieren que deberían poner
límites a sus vidas o abandonar sus aspiraciones. Así que cuando Sean Hannity, fanfarrón
y desertor universitario de Fox News prácticamente babeaba de placer en esta
elección cuando proclamó falsamente que Hillary Clinton padecía ataques
epilépticos con base en su conducta bobalicona mostrada en un breve segmento de
vídeo, me enfurecí. Sabía cómo sería interpretado su mensaje: las personas que
padecen ataques epilépticos se ven ridículas, deberían temer que otras personas
se burlen de ellas, deberían escuchar a las voces que les dicen que no pueden
hacer lo que quieran (incluso ser presidentes). Y así, critiqué furiosamente a Hannity
en las páginas de Newsweek, en los programas
noticiosos de televisión por cable y en Twitter.

Un par de semanas después, tras la publicación
de mi artículo sobre la forma en que los intereses de negocios de Trump podrían generar un conflicto de proporciones nunca antes
vistas, recibí un tuit de alguien que se hacía llamar en Twitter “Mike’s
Deplorable AF.” Al igual que muchos partidarios de Trump, él había decidido
identificarse como deplorable para burlarse de la etiqueta utilizada alguna vez
por Clinton para describir a los racistas, neonazis, homófobos y demás que se
han arrastrado fuera de las cañerías para aclamar al candidato republicano. Sin
embargo, Mike es verdaderamente deplorable.

En su tuit, que ya ha sido eliminado, Mike menciona
mis ataques epilépticos e incluye un breve vídeo. En él se incluyen imágenes de Pepe la Rana, un personaje
de dibujos animados que ha sido identificado por la Liga Antidifamación como
símbolo de odio. Yo tenía en las manos mi iPad, miraba la imagen fija del vídeo
y, sin pensarlo, pulse el botón de Reproducir.

El vídeo mostraba una especie de luz
estroboscópica con círculos que se encendían y apagaban e imágenes de Pepe volando
en la pantalla. Se trataba de un vídeo epileptógeno, es decir, algo que provoca
ataques epilépticos. Por fortuna, como estaba de pie, simplemente dejé caer al
suelo mi iPad en el momento en que me di cuenta lo que Mike había hecho. El
aparato cayó con la pantalla hacia abajo en el piso del baño.

Los deplorables son reales. Los deplorables son
peligrosos.

Debido a que he escrito varias críticas contra Trump,
he recibido innumerables amenazas de muerte, que en ocasiones son sólo invocaciones
generales diciendo que yo debería morir, mientras que otras veces son amenazas
más específicas que indican que debería recibir un disparo o ser “linchado”,
como escribió un fanático de Trump. He sido llamado “kike” (término despectivo
para referirse a los judíos), “hebreo” y “sionista antiestadounidense),” aun
cuando soy miembro de la Iglesia Episcopal de padre judío (como si esto
constituyera una diferencia). He recibido videos que parecerían provenir de la
Alemania nazi con hombres de nariz ganchuda vestidos con atuendos judíos y
frotándose las manos codiciosamente encima de montones de dinero. Me han dicho
que regrese por donde viene, cualquier cosa que esto signifique. Me han llamado
“maricón”, “pedófilo” y una vez, en un mensaje de correo electrónico sin ningún
sentido, “amante de los negros”. Un fanático de Trump dijo saber a qué escuelas
asistían mis hijos, y las nombró correctamente. Para rematar, algunos fanáticos
de Trump incluso han acosado a uno de mis hijos en línea, aunque él sabía lo
suficiente como para bloquearlos de inmediato.

Mi familia ha pasado por esto antes, en
ocasiones como consecuencia de escribir acerca de temas controvertidos, pero
esta es la primera vez que hemos analizado si debería continuar investigando el
tema o no. Todos ellos estuvieron de acuerdo en que debía continuar con esta
historia: dado que Trump no revelaría mucha información sobre él mismo, sacar a
la luz cualquier cosa que pudiera hallarse antes de la elección es importante
para Estados Unidos. Pero ¿por qué tenemos que hablar siquiera de esto? No
vivimos en una nación del tercer mundo donde los periodistas que informan sobre
realidades incómodas se encuentran en peligro. Aunque creo que la mayoría de
esas amenazas (con excepción de la de Mike) provienen de fanfarrones de la
Internet, ¿por qué mi familia tendría que cuestionarse al respecto? ¿Y por qué
estoy convencido de que, sólo por escribir este artículo, Mike obtendrá muchos
nuevos seguidores en Twitter y alabanzas de personas profundamente malignas?

Estoy lejos de ser el único periodista expuesto
al grupo de carroñeros entre los fanáticos de Trump que trafican con violencia,
amenazas, racismo y antisemitismo. En un tuit,Charles Blow, columnista
afroestadounidense de The New York Times que ha
criticado ásperamente a Trump en el diario y en televisión, me dijo que ha sido
bombardeado con una gran furia racista a través del correo electrónico. Katie Tur de NBC informó en un artículo de Marie Claire que tuvo que ser escoltada por
agentes del Servicio Secreto para salir de un mitin de Trump realizado en
diciembre pasado para protegerla contra los furiosos seguidores de Trump, a
quienes éste había azuzado contra ella. También fue el sujeto principal de una
amenaza de muerte publicada dos semanas después en Twitter.

“QUIZÁS ALGUNOS PERIODISTAS NECESITEN UNA
ZARANDEADA”, decía el tuit de un usuario llamado GuyScott33. “QUIZÁS ENTONCES
DEJEN DE SER CHUPATINTAS PREJUICIOSOS. MÁTENLOS A TODOS EMPEZANDO CON KATY TUR.”

Y hay más. De acuerdo con The Daily Beast, Bethany Mandel, ensayista conservadora que ha escrito
acerca de su oposición a Trump, ha sido atacada tan violentamente en las redes
sociales que se sintió obligada a adquirir una pistola para su propia
protección. Jeffrey Goldberg, corresponsal nacional de The Atlantic, recibió un correo electrónico donde le
decían que sería enviado “a un campo de concentración” cuando Trump ganara.
Después de publicar un artículo en GQ acerca de Melania Trump,Julia Ioffe, periodista
judía, recibió amenazas de muerte por teléfono y correo electrónico, así como
tuits en los que se mostraban imágenes repugnantes, como la caricatura
antisemita de un hombre judío arrodillado y recibiendo un disparo en la nuca;
la periodista presentó una denuncia ante la policía. Jonathan Weisman,
viceeditor en Washington de The New York Times, tuiteó
un enlace a un artículo de opinión del Washington Post donde
se criticaba duramente al fenómeno de Trump. Los crueles ataques contra Weisman,
de origen judío, no tardaron en llegar.

“Acostúmbrate a ello, judío de mierda”, tuiteó
uno de los deplorables que se hace llamar “deplorable basket weave”. “Les
haremos pagar a todos ustedes por la violencia y los fraudes que han cometido
contra nosotros”.

No se trata de una consecuencia inevitable de
una controvertida campaña política. Esto es algo excepcional, una circunstancia
provocada por las infames peroratas de Donald Trump y su renuencia a condenar a
los racistas, neonazis y otros deplorables que lo apoyan. Es inaceptable que
Estados Unidos haya alcanzado este punto, donde la línea entre los modernos
partidarios políticos estadounidenses y los Camisas Pardas de Hitler se vuelve cada
vez más delgada. El hecho de que los candidatos del Partido Republicano habían
apoyado y permitido el florecimiento de esta monstruosidad sin condenar
agresivamente a su candidato por lo que ha dejado suelto, simplemente porque
buscan ser reelectos o porque temen perder sus empleos en las elecciones
intermedias, será una mancha que perdurará por décadas en el Partido
Republicano.

Escribo esto sabiendo que provocará más ataques
infames y violentos en línea contra mi persona. He advertido a mis hijos y a mi
esposa que tengan mucho cuidado. Y ahora que he revelado lo fácil que es
dañarme, hasta que esta elección termine, no pulsar el botón Reproducir de ningún vídeo no solicitado que reciba. Simplemente es
demasiado peligroso.