Un dolor intenso sin causa aparente

“Empezó
cuando me caí jugando tenis, di un hermoso revés y mis pies se resbalaron, puse
mi mano para evitar el golpe y mi húmero se rompió. Estuve unos días en el hospital; me
pusieron platinas, tornillos y cables”, narra adolorido Gareth Elfred
Jones.

Dice Jones que hasta ahí era algo desafortunado; nada
muy fuera de lo común. Pronto las cosas empezaron a cambiar: “Lo primero que noté fue la hinchazón,era como un guante
de goma lleno de agua con unos pequeños palitos que eran los dedos”. Y en ese momento el malestar se
volvió insoportable: “El dolor en mi muñeca era intenso, sentía como si me la
estuvieran aplastandocon fuerza y le estuvieran echando agua
hirviendo encima”.

Gareth Elfred Jones estaba sufriendo de una condición
rara llamada síndrome del dolor
regional complejo (SDRC o CRPS, por sus siglas en inglés), también
conocido como algodistrofia o distrofia
simpática refleja. A menudo se presenta después de lesiones como huesos
rotos y torceduras, o cirugías.

“Es un
dolor persistente que se presenta después de cualquiera que haya sido la lesión”,
explica Cathy Stannard, doctora en Medicina del Dolor del Hospital Southmead de
Bristol, Inglaterra.

“Dos semanas después
de la operación el dolor era tan fuerte que estaba considerando cortarme
mi propio brazo. Tenía un bisturí en mi cama y una sábana en mi boca para
evitar los gritos”, recuerda Gareth Elfred Jones. “Puede sonar extraño pero nada ayuda,
uno se encuentra en un estado de desesperación absoluta”.

Los doctores describen el dolor como muy severo, tanto que los pacientes se
vuelven muy protectores de esa parte de su cuerpo. “Se la envuelven con algo y
mantienen una zona de exclusión a su alrededor, por lo que es fácil diagnosticarlos
incluso desde la sala de espera”, cuenta Stannard.

Al principio se pensó que era un problema psicológico,
ahora los expertos están convencidos de que sucede algo biológico. Y a pesar del
cuadro de horror, hay muchos doctores para los que pasa inadvertido. “Hay
pacientes que reportan que no fue detectado en meses o hasta años”, confirma
Andreas Goebel, catedrático en Medicina del Dolor en el Walton Center NHS
Foundation Trust de Liverpool, Inglaterra. “Y es poco lo que se sabe para poder
explicar el síndrome y aliviarlo: oficialmente
no sabemos qué está pasando”.

“Hay
sustancias secretadas por los nervios de la región lastimada que son anormales
y sabemos que el sistema inmunológico se activa de una manera anormal en la
mayoría de pacientes cuando se lesionan; pero no estamos seguros de cuáles son
los mecanismos exactos”, aclara Goebel. “Los nervios claramente están hipersensibles y le están enviando mensajes
errados al cerebro.

“Como
doctora de dolor –anota Stannard– lo que puedo decir es que muchos de mis
pacientes tienen problemas emocionales subyacentes, que no son la causa, pero
una lesión, además de dolor, provoca temor, estrés, ansiedad, falta de sueño.
Todo eso se mezcla y se interrelaciona”.

Las medicinas
convencionales para calmar el dolor no tienen ningún efecto. “En general, lo
que se necesita es un fisioterapeuta especializado, alguien que indique cómo
mover la parte dolorida de manera apropiada”, señala Goebel. Y Jones coincide:
“Era la única persona que yo dejaba que se
acercara a mi brazo, sabía que no movería su mano rápido mientras me tocaba”.

“El dolor fue
insoportable durante unos seis meses. Tomaba siete tipos distintos de
medicación, 40 tabletas al día”, rememora Gareth Elfred Jones. De repente empezó
a volverse más tolerable, aunque no
había nada que indicara que se iba a ir. “Mi doctor me recomendó que tomara
vitamina C”. Según Goebel, existen casos que indican que tomarla después
de un tipo especial de fractura en la muñeca puede reducir las posibilidades de
desarrollar CRPS.

“No
hay evidencia muy sólida, pero la vitamina C tiene algún efecto
antiinflamatorio. Si fuera mi hija, por ejemplo, se la daría”, dice Goebel. La
mayoría de la gente se mejora. El cuerpo se cura sólo y después de seis a doce
meses 85% de la gente dice que se siente mucho mejor”, agrega. La desgracia la
viven el otro 15%, los que no se mejoran y siguen con ese dolor toda la vida.