ALGO DESCONOCIDO golpeó al USS San Francisco como un torpedo. El 8 de enero de 2005, el submarino nuclear avanzaba rápidamente a 61 kilómetros por hora a 160 metros por debajo de la superficie. Estas embarcaciones suelen viajar prácticamente a ciegas, olvidándose del radar y sus reveladores sonidos; la tripulación se basa en mapas del fondo marino para navegar. Sin embargo, estos mapas no están completos.
A unos 579 kilómetros al sureste de Guam, el submarino se estrelló contra una montaña bajo el mar que no aparecía en ningún mapa. La colisión hizo que los marineros se estrellaran contra los muros y salieran volando a través de los cubículos. Cerca de 100 de los 137 miembros de la tripulación resultaron heridos, y uno de ellos murió a causa de una enorme herida en la cabeza. El comandante Kevin Mooney fue dado de baja y recibió una reprimenda por parte de los altos oficiales de la Marina por realizar “un plan de viaje deficientemente documentado” debido a que en uno de los mapas se señalaba que existía un posible riesgo de navegación a varios kilómetros del sitio de impacto, pero la falta de mapas precisos sin duda tuvo mucho que ver en el accidente.
Bienvenidos a la vida en un planeta poco conocido. Hasta la fecha, más de 85 por ciento del fondo marino no ha sido mapeado utilizando métodos modernos. Dado que 70 por ciento de la Tierra está cubierta por océanos, ello significa que, literalmente, no conocemos nuestro planeta.
“Conocemos mejor la superficie de Marte que el fondo de nuestros mares”, afirma Martin Jakobsson, investigador de la Universidad de Estocolmo.
Un grupo de científicos y navegantes tratan de cambiar esto. En junio, la Carta de Navegación General Batimétrica de los Océanos (GEBCO, por sus siglas en inglés), una organización afiliada a Naciones Unidas, se reunió en Mónaco y diseñó un ambicioso plan para mapear la mayor parte del fondo marino del mundo para 2030.
Mónaco fue un lugar adecuado para revelar un plan de tal magnitud. En este pequeño principado, hace apenas 110 años, el Príncipe Alberto I fundó GEBCO con el objetivo a largo plazo de mapear los océanos de la Tierra. En la inauguración de la reunión de este año, el tataranieto del soberano, el príncipe Alberto II, inauguró la reunión con una ovación de pie, diciendo a la concurrencia que apoya su misión, tanto de manera personal como en su calidad de jefe de Estado. “Muchas cosas dependerán de las acciones que ustedes emprendan”, dijo.
Los participantes en la reunión señalaron que contar con un conocimiento profundo del fondo marino no solo es importante para la navegación. También es vital para comprender hacia dónde es probable que se desplacen los tsunamis (dado que estos se guían por el fondo marino) y para trazar la historia de nuestro clima (dado que los glaciares dejan marcas en el fondo marino, las cuales dan pistas acerca de las temperaturas que hubo en el pasado. Y tales exploraciones también revelarán nuevas formas de vida que podrían tener la clave para tratar distintas enfermedades; los medicamentos derivados de animales del fondo del mar se han utilizado para tratar el cáncer, aliviar el dolor y ayudar a sanar las heridas.
Los científicos enfrentan un difícil reto. Los problemas son muchos: la falta de fondos y de barcos con el equipo adecuado, el enorme tamaño del océano, lo remoto y lo inextricable de algunas de sus partes y la reticencia de empresas y gobiernos a compartir los mapas que han recopilado.
Larry Mayer, oceanógrafo de la Universidad de New Hampshire que ha participado en más de 90 exploraciones de mapeo, afirma que el objetivo podría alcanzarse con un costo aproximado de 3000 millones de dólares, que equivale al costo de una sola misión a Marte. Nadie ha aportado aún esa cantidad de dinero (¿estás leyendo esto, Elon Musk?); sin embargo, muchos proyectos ya están en marcha, y organizaciones como la Fundación Nippon de Japón (que contribuyó a apoyar la reunión) están financiando algunos esfuerzos. El grupo de Mayer obtiene mapas a lo largo de la Costa Este de Estados Unidos y el Ártico, por ejemplo. Este investigador proporciona sus datos a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés), que pone esta información a disposición del público.
Robert Ballard, explorador cuyos equipos encontraron los restos del Titanic y del Bismarck, hace que gran parte de su trabajo esté aún más abierto al público. Él maneja un barco conocido como E/V Nautilus, que elabora mapas y realiza trabajo de campo en biología frente a las costas del Pacífico. El barco transmite en línea gran parte de lo que hace, y una parte de esta misión tiene que ver con encontrar expertos casi de manera instantánea para que informen a la tripulación del barco acerca de lo que ven en ese momento en el fondo marino, trátese de una rara esponja o de un barco hundido. El público puede ver gran parte de esta acción en línea en el sitio NautilusLive.org.
Gobiernos y ejércitos, así como empresas relacionadas con la obtención de petróleo fuera de las costas y el tendido de cables submarinos, han realizado una buena cantidad de mapeo que no comparten con el mundo exterior. Sin embargo, durante y después de la reunión, los participantes en GEBCO han logrado avances para obtener acceso a esta enorme cantidad de información, señala Mayer. Por ejemplo, una empresa de cables conocida como Quintillion ha acordado revelar sus datos a NOAA. En este momento se realizan muchas más negociaciones, aunque no pueden ser reveladas por temor a perjudicar las conversaciones, añade.
Contratistas como Fugro, que se especializa en el mapeo del fondo marino, realizan gran parte del trabajo. Sin embargo, las empresas que les pagan son propietarias de los datos, y dado que estos generalmente les proporcionan una ventaja competitiva (como en el caso de los perforadores petroleros), es comprensible que resulte poco probable que revelen sus mapas. Para contribuir en este esfuerzo, Edward Saade, presidente de Fugro, señala que la empresa planea comenzar a mapear el fondo marino mientras sus barcos van en camino hacia y desde sus sitios de trabajo y compartir esta información con los investigadores.
Durante el último año y medio, la empresa, que es la más grande en su tipo, ha mapeado alrededor de 627 000 kilómetros cuadrados del fondo marino, un área del tamaño de Egipto. Esto equivale a cerca de 1/300 del área total del fondo marino en todo el mundo, afirma Saade. Este tipo de cifras indican que realmente es posible mapear todo el fondo marino si existe un compromiso adecuado, añade.

EL GRAN DESCONOCIDO: el objetivo de la Carta de Navegación General Batimétrica de los Océanos (GEBCO) es mapear la mayor parte del fondo marino del mundo para 2030. Foto: JAKOBSSON/STOCKHOLM UNIVERSITY/GENERAL BATHYMETRIC CHART OF THE OCEANS
Cuando el Vuelo 370 de Malaysia Airlines se perdió encima del Pacífico, no solo mostró lo poco que sabemos acerca del fondo marino, sino también cuánto se puede lograr en un breve periodo. Prácticamente no existía ningún mapa del área donde se piensa que se estrelló el avión. Como ocurre con gran parte del océano, los únicos mapas se basaban en medidas satelitales. Las denominadas lecturas de altimetría miden la fuerza de gravedad en la superficie del mar y pueden revelar enormes picos bajo el mar, conocidos como montes submarinos. Sin embargo, su resolución se encuentra en la escala de 1.5 kilómetros o más (esto significa que se toma una medida cada 1500 metros). La representación del fondo marino que vemos en Google Earth, por ejemplo, se realiza con estas lecturas satelitales limitadas, y muchas personas podrían pensar erróneamente que nuestros mapas son más precisos de lo que realmente son. John Hall, investigador jubilado del organismo de Investigación Geológica de Israel, calcula que tan solo se han descubierto 10 por ciento de los montes submarinos.
Fugro recibió el encargo de mapear esta área, trabajando con el gobierno australiano y socios internacionales. Durante varios meses, Fugro mapeó un área más grande que la superficie del estado de Pensilvania (sin embargo, la empresa no encontró el avión).
También existe un número cada vez mayor de proyectos de financiación colectiva que contribuirán a alcanzar la meta de 2030. El teniente Anthony Klemm, oficial a bordo del Thomas Jefferson, la embarcación de investigación de NOAA, puso en marcha un proyecto piloto que permite que los navegantes compartan sin obstáculos su información de mapeo. Esto funciona con software desarrollado por una empresa llamada Rose Point Navigation Systems, y permite que los navegantes simplemente hagan clic en una casilla y compartan su información (de manera anónima, si así lo desean), trasmitiéndola a una base de datos alojada en un servidor del gobierno que está abierto a los investigadores y a todo el público.
Actualmente, la manera más eficiente de mapear requiere el uso de un sonar de rayos múltiples, que envía pulsos de sonido que rebotan contra el fondo marino y vuelven al aparato emisor. También pueden utilizarse vehículos autónomos submarinos, aunque son menos eficientes. En la reunión, Mayer presentó la idea de una barcaza no tripulada, equipada con sonar de rayos múltiples, la cual podría recorrer los mares mientras mapea continuamente, lo cual podría costar alrededor de un tercio de lo que costaría una embarcación tripulada.
“Tenemos las herramientas”, afirma Bjorn Jalving, de Kongsberg Maritime, una empresa que fabrica instrumentos de mapeo. “Ahora solo necesitamos descubrir cómo usarlas mejor”.
Sin embargo, al igual que la barcaza, es probable que algunas de las tecnologías o dispositivos que podrían llevar al éxito aún no existan. Es aquí donde entra la Fundación XPrize, que es probablemente más conocida por realizar concursos para alentar la exploración del espacio por parte de empresas privadas. La organización ha creado un concurso de siete millones de dólares para “incentivar una nueva era de exploración de los océanos”, afirma Jyotika Virmani, que también forma parte del grupo. La competencia se desarrollará en dos rondas durante los siguientes tres años, en las cuales los equipos deberán crear un dispositivo principalmente autónomo que pueda mapear el fondo marino e identificar ciertos objetos. El premio se dividirá: el equipo ganador obtendrá cuatro millones de dólares, mientras que los otros tres equipos obtendrá un millón de dólares cada uno para el logro de distintos objetivos.
Uno de los debates más feroces en la reunión giró alrededor de la resolución. ¿Qué tan precisos deben ser los mapas? “Estamos perdidos en relación con el lugar donde estamos”, afirma Shin Tani, presidente del Comité Orientador de GEBCO y antiguo vicealmirante de la Guardia Costera de Japón. Algunas personas desean una resolución de un metro, algunas de diez metros, otras de 50 metros o más. En general, el consenso parece ser que el solo hecho de tener una sola medición cada 100 metros constituiría un gran avance sobre lo que tenemos actualmente. Las diferencias podrían subsanarse mediante misiones posteriores o vehículos submarinos autónomos, quizás algo que el concurso XPrize pueda ayudar a proporcionar.
Otro debate que bullía bajo la superficie se relacionó con la posibilidad (o inevitabilidad, dependiendo de a quién preguntes) de la explotación minera del fondo marino. David Heydon, que fundó la empresa de minería submarina Nautilus Minerals y que es vicepresidente de DeepGreen Resources, presentó el argumento de que los seres humanos deberían comenzar a explorar el océano para obtener minerales que abundan en algunos lugares, como el cobre, el manganeso, el fósforo, e incluso diamantes y tierras raras. Los seres humanos vivimos en 30 por ciento de la tierra de la que extraemos minerales, y el hecho de practicar la minería en el océano podría traer beneficios ambientales, afirma. Sin embargo, la abogada ambiental Kristina Gjerde, asesora de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, respondió que es necesario realizar muchas más investigaciones antes de que la explotación minera se ponga en marcha, dado que sabemos muy poco acerca de las criaturas que viven allí.
Sin embargo, algo en lo que ambos estarán de acuerdo es que es muy importante realizar más exploraciones. Como dice Gjerde, “aún no tenemos ni la información más básica acerca del fondo marino y su ecología”.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek