El armario: un útero, un ataúd, el inconsciente…

La relación de Juan José Millás con el armario, uno de los protagonistas de su nueva novela, se remonta a su infancia: en el dormitorio de sus padres había uno idéntico al que se describe en su obra, un mueble con el que de niño tuvo una relación muy intensa y que le produjo idénticas dosis de atracción y miedo.

“En el armario es donde habitan los fantasmas, y esa mezcla de atracción y de miedo me hacía tener unas relaciones muy intensas con él”, explica Millás en diálogo con Newsweek en Español a propósito de la publicación de su más reciente novela, Desde la sombra, editada bajo el sello Seix Barral.

“Pasé muchas horas dentro de aquel armario. Cuando enfermaba y no iba al colegio mis padres me hacían pasar el día en su cama, y cuando me levantaba, febril por las anginas, me veía en el espejo de cuerpo entero y era como si estuviera enterrado en ese armario y me viera desde allí a mí mismo. Había un desdoblamiento muy inquietante. En aquella época era un niño como ahora, ¿pero por qué aquello me interesa tanto? Porque el armario tiene una carga metafórica enorme: puede representar el útero materno, el ataúd, el propio inconsciente. Es un lugar en donde te hundes en ti mismo, y al hundirte en esa oscuridad caes en tu propia oscuridad”, añade el escritor español, originario de Valencia.

Desde la sombra cuenta la historia de Damián, un extraño individuo que se siente fuera de sí desde que fue despedido de su empleo. En un momento dado roba alguna insignificancia en una tienda de antigüedades y de una u otra forma termina escondiéndose dentro de un armario. No obstante, antes de que logre escapar, el mueble es vendido y llevado a la alcoba de un peculiar matrimonio, en donde Damián termina alojado, como si formara parte del mueble, y desde donde observa a la familia, especialmente a Lucía, esposa de Fede.

Foto: Antonio Cruz/NW Noticias.

Cuando terminó de escribir la obra, lo que el autor valenciano pensó fue que iba a ser leída como perteneciente al género fantástico o de misterio. Empero, “otra parte de mí decía que era una obra que tenía una lectura política, aunque eso estaba demasiado oculto, que no se iba a ver”. Sin embargo, explica, las primeras críticas que aparecieron en España la miraron desde esta perspectiva: “Tiene una lectura política en la medida en que cuenta la historia de un personaje con dificultades para integrarse en un mundo en donde es más fácil la desintegración que la integración, y por lo tanto, tiene una lectura de denuncia de las relaciones sociales, pero sin ser una novela de tesis cuyo objetivo sea demostrar que el capitalismo es malo”.

Empero, frente a este mar de definiciones prefiere quedarse con la impresión de haber escrito una novela sobre el misterio de lo cotidiano: “Este se basa en descubrir la anormalidad dentro de la normalidad. Creo que no hay cosa más anormal que la normalidad y que las personas normales son muy raras, por eso esa familia en la que este hombre (Damián) acaba cayendo y de la que acaba formando parte como un fantasma es una familia normal muy rara, pero todas las familias normales son muy raras”.

Nacido en 1946, Juan José Millás se ha forjado un largo sendero literario que comenzó hace más de 40 años y en el cual ha publicado más de una veintena de novelas y libros de relatos, entre los que destacan Cerbero son las sombras (1975), La soledad era esto (1990), Dos mujeres en Praga (2002), Laura y Julio (2006), El mundo (2007) y La mujer loca (2014). Además de que su obra ha sido traducida a 23 idiomas, ha ganado infinidad de premios, como el Sésamo de Novela, el Nadal, el de Periodismo Mariano de Cavia, el Nacional de Periodismo Miguel Delibes, el de Periodismo Francisco Cerecedo, el Planeta, el Nacional de Narrativa y el Don Quijote de Periodismo.

Foto: Antonio Cruz/NW Noticias.

—¿Para escribir una novela, Juan José, es necesario tener tanta experiencia?

—Claro. La experiencia y el oficio son muy importantes. La novela, siempre se ha dicho, es un género de madurez, porque ¿cuándo está uno en disposición de escribir una buena novela? Cuando tienes experiencia existencial y cuando esta se cruza con el oficio. Por eso no hay una novela genial de gente de 20 años, hay poemas geniales de gente de 20 años, pero no una novela. En la historia de la literatura no la encontrarás, por eso se suele decir que es un género de madurez, porque se tienen que cruzar oficio y experiencia existencial.

—¿Cómo se construye un multipersonaje como Damián Lobo: mirón, miedoso, pusilánime, mezquino, pero al final valiente?

—No lo sé. Siempre me lo preguntan. A mí me sorprende que en algunos talleres de escritura haya una asignatura sobre la construcción del personaje, me sorprende mucho porque no concibo que se pueda hacer un manual de instrucciones para decir cómo se construye un personaje. Yo entiendo que, para construir un puente, un ingeniero, antes de empezar a construirlo, sí tiene que tener completamente diseñado hasta el último detalle. Pero yo no trabajo así, yo lanzo un rasgo físico o psicológico del personaje, y a partir de ahí confío en que vaya creciendo y que sean mi intuición y olfato los que me vayan diciendo en qué dirección crece, pero sin manual de instrucciones.

—¿Este es su estilo personal o será generalizado?

—Yo sé construir personajes en la práctica, pero no en la teoría. Creo que la mayoría de los novelistas trabajamos así, quizás excepto los autores de best sellers. Eso sí, hay que respetar la lógica interna: si tú has puesto un personaje manco, este no puede ser jugador de tenis. Cuando doy talleres de escritura siempre digo que en el momento en que uno ha escrito las primeras 30 páginas de una novela o las tres primeras páginas de un cuento ya ha generado una geometría a la que tiene que servir, es una situación parecida a la de un óvulo fecundado, este es muy poquita cosa, sin embargo, ahí está todo el manual de instrucciones de lo que luego va a ser como individuo. ¿Cómo se construye ese individuo? Dejando que siga su propia óptica, pues si intervienes tú puede que salga sin una oreja o con seis dedos en una mano.

Foto: Especial.