Las profundidades de la Tierra se parecen a Marte

Tullis C. Onstott, profesor de la
Universidad de Princeton, junto con un grupo de científicos, recorren las
entrañas de la mina Beatrix, en Sudáfrica, en la búsqueda de condiciones y
organismos vivos, que por semejanza de entorno bien pudieran también haberse
desarrollado en Marte.

Al deambular por un túnel, en el que
nunca se han hecho trabajos de extracción, Onstott abrió una vieja válvula de
la que comenzó a fluir agua repleta de microbios, de organismos que no
subsisten con el calor del sol, sino en las temperaturas generadas muy dentro
del planeta; diminutas formas de vida (bacterias, e incluso pequeños gusanos) que
existen en lugares casi imposibles de alcanzar, en la total oscuridad y bajo duras
rocas.

Durante dos décadas, Onstott ha
visitado las minas de oro en Sudáfrica porque representan el acceso al interior
de la Tierra, con infraestructura bien montada: un elevador parecido a una
jaula desciende, dejando muy atrás cualquier resquicio de luz natural, y
deposita a los investigadores en las entrañas mismas del planeta.

Lo que buscan los especialistas como
Onstott en las profundidades –del suelo o del agua– son indicios sobre dónde
podría haber vida en otros lugares del sistema solar, incluyendo Marte, y
asumen que los microbios marcianos podrían lucir como los que viven en las
rocas de esta mina.

Ellos señalan que es probable que en
Marte existan condiciones similares, y creen que si se perforara un hoyo allá –en
Marte– y se tiraran en él organismos como los que encontraron en Beatrix, podrían
reproducirse alimentados por las reacciones químicas de las piedras y gotas de
agua.

Desde hace mucho tiempo, Marte ha
sido el foco de exploraciones espaciales y sueños fantásticos. La NASA ha
enviado más sondas robóticas a ese planeta que a cualquier otro. Y ahora hay franco
interés en enviar a un grupo de astronautas en el 2030. Por su parte el
multimillonario Elon Musk, fundador de SpaceX, promete que podrá llegar ahí una
década antes y establecer colonias.

Hace 40 años, la NASA gastó casi mil
millones de dólares en la misión Viking, que reveló que Marte es un mundo frío
y seco, desprovisto de las moléculas orgánicas, simientes de la vida.

Nuevas investigaciones cambian el
panorama y aseguran que Marte no siempre fue un lugar tan hostil; cuando joven
–hace unos tres mil millones de años– era más caliente y húmedo, cubierto por
una atmósfera densa, similar a la de la Tierra.

Con la mente llena de ciencia
ficción, hasta se podría pensar que en realidad la vida se originó en Marte y
llegó a la Tierra viajando en meteoritos. Así las cosas, los humanos serían
descendientes de los marcianos.