El fin de la estación espacial china

De lo que
se trata es una nave espacial de 10.4 metros de largo y 8.5 toneladas que
orbita a 370 kilómetros de la Tierra, y que caerá el año próximo todavía no se
sabe dónde ni la fecha precisa.

Se le
conoce como “Palacio
celestial” a la estación espacial que China lanzó en 2011, uno de los
ambiciosos programa con los que aquella nación quiere mostrarle al mundo su
poderío. Será sustituido por Palacio celestial II, que fue lanzado a principio
de este mes y que se espera se convierta en una estación tripulada para 2022.

En torno a Tiangong-1 –el nombre en chino del
laboratorio espacial– se decía que se había rebelado de los científicos que lo
mantenían allá arriba, que ya no se tenía el control desde Tierra. Resultó
cierto; Wu Ping, directora de la oficina de ingeniería espacial tripulada,
confirmó la semana pasada que la estación caerá en algún momento de la segunda
mitad de 2017. China asegura que en su trayecto de regreso no afectará la
actividad aérea.

Jonathan McDowell, astrofísico de la universidad de
Harvard, interpreta el anuncio como una real y verdadera pérdida de control de
la estación, sin matices; “su regreso a Tierra será de forma natural”.

Agrega que “de hecho, unos días antes de su reingreso
(a la atmósfera) no sabremos cuándo caerá, más allá de un espacio de tiempo de
unas seis o siete horas”. Para el experto, el cambio más nimio en las
condiciones atmosféricas puede darle un empujoncito a la nave y hacer que
aterrice en un continente o en otro.

La preocupación de McDowell está en que si bien “la
mayor parte de esta bestia metálica se derretirá en su paso por la atmósfera”,
piezas más densas como el motor de los cohetes es probable que no se quemen por
completo. “Habrá bultos de cien kilogramos, suficiente como para golpear
fuerte”, apunta.

Según Wu Ping, Tiangon-1 está “intacto” y, de ser
necesario, “China ofrecerá un pronóstico de la caída y los informará a nivel
internacional”.

No hay decepción en las autoridades chinas
correspondientes. Dicen que el módulo no tripulado ha cumplido ampliamente su
misión, y respecto al peligro que pudiera ocasionar al caer, se muestran
optimistas: “Basándonos en nuestros cálculos y análisis, la mayoría de las
partes del laboratorio espacial se quemarán durante la caída; es poco probable
que afecte las actividades de aviación o causara daños en la tierra”. Esperemos
que tengan razón.