Los dos religiosos asesinados a balazos en Veracruz murieron “al calor de las copas” durante una reunión con sus agresores que “se descompuso”, afirmó este martes la Fiscalía General del Estado, entre cuestionamientos de la Iglesia por lo prematuro de estas conclusiones.
Alejo Nabor Jiménez Juárez y José Alfredo Suárez de la Cruz, dos sacerdotes ordenados según autoridades de la Iglesia, fueron sustraídos de su propia parroquia en la ciudad de Poza Rica, para luego ser asesinados.
Los cuerpos “fueron localizados sin vida esta misma tarde en un paraje ubicado sobre la carretera Papantla-Poza Rica, en la comunidad Reforma Escolín”, indicó la fiscalía de Veracruz en un comunicado.
Por su parte, la Conferencia del Episcopado Mexicano emitió un comunicado en el que expresó su “dolor e indignación ante la violencia ejercida” contra los sacerdotes que predicaban en Veracruz.
En tanto, la sede episcopal de Teziutlán, en el estado de Puebla, confirmó “la pérdida lamentable” de los dos curas, quienes estaban adscritos a esa institución.
“Unos sujetos armados llegaron y por la fuerza se llevaron a los dos sacerdotes y a un sacristán” en la iglesia que tenían bajo su resguardo, en la ciudad de Poza Rica, aseguró el vocero de la sede episcopal de Teziutlán, José Alberto Guerrero.
El sacristán sobrevivió al ataque ya que logró escapar, pero los dos prelados murieron a consecuencia de los disparos, añadió el vocero.
La fiscalía confirmó que “la tercera víctima” de secuestro “fue localizada con vida” y puesta a resguardo.
La Conferencia del Episcopado Mexicano pidió “en estos momentos de dolor, impotencia y tragedia provocada por la violencia”, que las autoridades realicen “el esclarecimiento de los hechos y la aplicación de la justicia contra los responsables”.
Sin embargo, este martes el fiscal Luis Ángel Bravo aseguró que no se trataba de dos sacerdotes sino de un sacerdote y un sacristán, y que ambos conocían a sus agresores.
Justo antes del ataque “estaban conviviendo y tomando unas copas” con los asesinos en la parroquia de Poza Rica, indicó el fiscal de Veracruz, Luis Ángel Bravo, al presentar un avance de las investigaciones.
“Después de cierto rato de estar conviviendo, se descompuso esa reunión y se tornó en violencia”, añadió el fiscal, para quien el crimen fue cometido “al calor de las copas” y no como consecuencia de un ataque del crimen organizado.
Alegar que eran un blanco premeditado de criminales “es rotundamente falso”, subrayó, al precisar que sus primeras investigaciones se basan en “testigos presenciales de esa reunión” y que las autoridades ya cuentan con “nombres y caras” de algunos sospechosos.
Pero para la Iglesia, esta conclusión es “una calumnia infame”, dijo a la AFP Hugo Valdemar, vocero de la Aquidiócesis Primada de México.
Este vocero y la Conferencia del Episcopado Mexicano confirmaron a la AFP que se trata de dos sacerdotes ordenados.
“Ahora viene la muerte moral de personas queridas de la comunidad”, lamentó el vocero Valdemar, al estimar que el resultado de la fiscalía es “demasiado precipitado”.
“Que alguien tome una copa con otra no es un delito (…) Está insinuando que fue por esta actitud viciosa del alcohol que lleva al crimen”, dijo.
Según el fiscal Bravo, uno de los religiosos recibió nueve impactos de arma de fuego y el otro un disparo, mientras que los atacantes robaron el dinero de las limosnas, unos 5000 pesos, así como dos vehículos.
—