Se calcula que los estadounidenses poseen alrededor de 265 millones de armas de fuego, lo que equivale a más de un arma por cada adulto del país. Pero, por supuesto, no todos tienen un arma de fuego: según el primer estudio exhaustivo de propietarios realizado en más de 20 años, apenas 3 por ciento de los estadounidenses posee la mitad de las armas de fuego de Estados Unidos. Y cada uno de estos llamados “súper propietarios” tiene en su hogar alrededor de 17 armas de fuego.
Los investigadores de las universidades de Harvard y Northeastern no respondieron de inmediato a las peticiones de Newsweek para conocer los resultados, algunos de los cuales fueron publicados el lunes en The Guardian y The Trace.
No obstante, algunas de las conclusiones más relevantes del estudio incluyen: la mayoría de los asesinatos por armas de fuego son cometidos con armas cortas; los propietarios de armas de fuego suelen ser hombres de raza blanca, de tendencia política conservadora, y residentes de zonas rurales; y dos de cada tres propietarios de armas en el país argumentan la autodefensa como la razón principal para tener un arma de fuego en casa (la tasa de criminalidad nacional se ha desplomado en los últimos 25 años).
No se han divulgado los resultados completos del informe, el cual se basa en una encuesta realizada en 2015, aplicada a cerca de 4000 estadounidenses. La Fundación Russell Sage, dedicada a mejorar las políticas sociales, presuntamente publicará el estudio el próximo año.
Diversos informes mediáticos han descrito este informe como el retrato más definitivo de la tenencia de armas en Estados Unidos en dos décadas, ya que desde 1996 no se ha investigado la violencia armada en el país. Sucede que, ese año, el Congreso aprobó una modificación presupuestaria que prohibió la asignación de fondos federales para investigaciones que “abogaran o promovieran el control de armas”. El estudio más exhaustivo jamás emprendido antes de dicha modificación fue publicado en 1994 y corrió a cargo de Philip Cook, investigador de la Universidad de Duke.
Las armas de fuego y la política sobre las armas fueron temas cruciales durante la temporada de elecciones primarias demócratas, cuando Hillary Clinton sacó a la luz, continuamente, el historial relativamente de su rival, Bernie Sanders, en el tema de la votación sobre las armas. De hecho, Sanders apoyó un proyecto de ley promulgado en 2005 y sigue impidiendo que las víctimas de la violencia armada tomen acciones legales contra los distribuidores cuyas armas son utilizadas en crímenes y tiroteos mortales.
En este momento, a solo 50 días de las elecciones, el debate sobre las armas solo aparece esporádicamente en la campaña electoral. Por ejemplo, el viernes pasado, el candidato presidencial republicano, Donald Trump pidió que los guardaespaldas de su rival fueran desarmados porque, dijo, Clinton “no quiere armas”. Desde hace mucho, el magnate de bienes raíces ha prevenido a sus seguidores de que si Clinton resulta electa les quitará sus armas y, esencialmente, suprimirá la Segunda Enmienda.
Si bien la exsecretaria de Estado se ha granjeado el respaldo de firmes defensores del control de armas –entre ellos Gabrielle Giffords, ex miembro de la Cámara de Representantes, y la Campaña Brady para Prevenir la Violencia Armada-, jamás ha pugnado por la derogación de la Segunda Enmienda.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek