En la ciudad, donde el crimen nunca está lejos, policías de cuatro patas vienen al rescate. Pero atención: su inglés es bastante malo.
El oficial Jon Low se encuentra en medio de Lakeside Park, en el centro de Oakland, California, y llama a su pastor alemán de 6 años, “K noze!”. Kaiser, su amigo canino, corre de inmediato y se detiene, obedientemente, a la derecha de Low. Luego, el oficial le da otra orden, “Sedni”, y Kaiser se sienta, con los ojos muy abiertos, esperando más instrucciones. Low dice, “Stekej”, y Kaiser ladra, muy contento.
¿Stekej? ¿Ano (sí)? Kaiser no entiende inglés, así que Low debe hablar con su perro en checo. “Quieto”, “siéntate” y “habla” son solo tres de las 15 palabras del vocabulario checo de Low, que no incluye “hola” o “cerveza”. Pero bueno, los perros no han venido a Estados Unidos para parrandear.
El sargento Christopher Sansone, quien está a cargo de los manejadores K-9 del Departamento de Policía de Oakland, explica que el departamento compra pastores alemanes y belgas en la República Checa, ya que tienen una mejor composición genética y mejor temperamento. En general, el precio de un perro profesional oscila entre 5,000 y 10,000 dólares, mas el sonriente Sansone enfatiza: “De hecho, su valor es incalculable”.
Kaiser fue entrenado en Smirice, a 160 kilómetros de Praga, donde Jitka Pospichalova ha criado perros desde hace 21 años. Entre sus clientes se cuentan el ministro de Finanzas y multimillonario checo, Andrej Babis, quien compró un pastor belga de pelo corto. Esta raza en particular, conocida como Malinois, es muy popular entre los manejadores de perros de todo el mundo; tal vez incluso son los más populares. Pospichalova vende entre 30 y 50 de ellos cada año. “Paramédicos, policías y las fuerzas armadas de Rusia, Alemania y Estados Unidos los compran en mi criadero. Mis perros hacen todo lo que puedas imaginar: desde búsqueda de drogas, armas o marfil hasta manejo deportivo”, informa Pospichalova, mostrando entusiasmada los honores que ha recibido de la policía de Moscú, y varios títulos de campeonatos mundiales en competencias de perros de rescate.
“Tenemos una gran tradición en crianza y entrenamiento de perros”, explica. “En la era comunista, existía la costumbre de vigilar la frontera para que nadie entrara o saliera”.
Oakland no es la única ciudad estadounidense que utiliza perros checos. “Casi la mitad de los pastores alemanes de las fuerzas policiales de Estados Unidos proviene directamente de la República Checa, o tiene alguna relación con ese país. Son perros de trabajo fuertes e inteligentes”, dice el cabo Heath Marshall, de la fuerza policial de Rockville, Maryland, un suburbio de Washington, D.C., donde hay dos pastores alemanes.
Sansone dice que le gustaría tener más perros checos en Oakland, pero el departamento no puede costearlos debido a lo ajustado del presupuesto de la ciudad. Explica esto mientras se encuentra parado en los establos que utilizan para albergar a los caballos del departamento. La ciudad ya no tiene dinero para caballos, por lo que los manejadores de los perros ahora tienen sus oficinas, perreras y centros de entrenamiento en los establos. En la pared de los oscuros establos cuelga un arnés masticado y sucio que Kaiser y los otros canes usan para afilar sus colmillos, así como un chaleco antibalas para los perros.
De hecho, Oakland no puede costear a los perros que ya tiene, de modo que donadores y patrocinadores suelen proporcionar el dinero necesario para su sustento (Kaiser lleva el nombre de Kaiser Permanente, la aseguradora de Oakland que lo compró).
Los perros policía de las ciudades estadounidenses deben reunir criterios de admisión bastante estrictos. Son evaluados, particularmente, por su capacidad para conducirse en diversas situaciones estresantes. “Probamos cómo responden en espacios oscuros, ante ruidos fuertes, al paso de un tren, frente al fuego, al oír disparos, o cuánto tiempo persisten en una búsqueda antes de aburrirse”, informa Sansone.
La mayor parte de las intervenciones policiacas que implican perros suelen terminar antes de soltar a los animales. Al parecer, los sospechosos se rinden cuando oyen los ladridos y la advertencia final del oficial de policía de que está a punto de soltar al perro. “Nuestros perros lucen muy agresivos, pero en realidad, son muy nobles”, revela Low, acariciando el cuello de Kaiser.
Este par es inseparable dentro y fuera del trabajo. Kaiser vuelve a casa con Low y tiene un lugar especial en su sala de estar, junto al sofá. Low gasta parte de su dinero en comida y equipos para Kaiser, y siempre le da los restos de su almuerzo. “Como perro policía, siempre debe recibir alimentos premium especiales y atención veterinaria”, explica.
Low y sus colegas han aprendido a pronunciar los 15 comandos checos casi como checos nativos. Encontraron los términos en Internet, usaron el traductor Google para aprender a pronunciarlos correctamente, los escribieron en papel fonéticamente, y llevaron la lista consigo a todas partes. “Con el tiempo, aprendí todas las instrucciones”, dice Low. “No fue muy difícil”.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek