Una generación “perdida”

Por 18 meses, los estrategas republicanos, expertos políticos, reporteros y estadounidenses que la siguen se han dedicado a los hábitos personales de Hillary Clinton con los correos electrónicos, y no se ha hallado evidencia de algún crimen. Pero ahora ellos tienen por lo menos la habilidad y el interés para enfocarse en una conspiración de correos electrónicos más grande y más profunda, una que involucra guerra, mentiras, un servidor privado administrado por el Partido Republicano y desdén a citaciones del Congreso, todo ello todavía sin resolver y sin castigar.

Los hábitos de Clinton con el correo electrónico se ven más que transparentes en comparación con la administración de Bush que eludió citaciones, ocultó correos electrónicos y usó servidores privados. Entre 2003 y 2009, la Casa Blanca de Bush “perdió” 22 millones de correos electrónicos. Esto incluía millones de correos electrónicos escritos durante el período más oscuro en la historia reciente de EE UU, cuando la administración de Bush generaba el apoyo para lo que resultaría ser una guerra desastrosa en Irak con afirmaciones falsas de que el país poseía armas de destrucción masiva (ADM) y, luego, cuando despedía a fiscales federales por razones políticas.

Como Clinton, la Casa Blanca de Bush usó un servidor privado de correo electrónico; el suyo era propiedad del Comité Nacional Republicano. Y la administración de Bush se negó a almacenar sus correos electrónicos, como lo exige la ley, y luego se negó a cumplir con una citación congresista que buscaba algunos de esos correos electrónicos. “Es una doble moral tan increíble como las puede haber”, dice Eric Boehlert, quien trabaja con el grupo Media Matters a favor de Clinton. “Si uno ve los correos electrónicos de Bush, él era un presidente en funciones, y 95 por ciento de los correos electrónicos de sus principales asesores estaban en un sistema privado de correo electrónico montado por el CNR. ¿Se imagina si en el último año y medio hubiéramos estado hablando de correos electrónicos de Hillary Clinton montados en un servidor privado del CND?”

Más inquietante aún, los investigadores hallaron un patrón sospechoso en las censuras al sistema de correo electrónico de la Casa Blanca, incluidos períodos en los que no había correos electrónicos disponibles de la oficina del vicepresidente Dick Cheney. “Que la oficina del vicepresidente, ampliamente descrito como el vicepresidente más poderoso en la historia, no tuviera archivados correos electrónicos en sus cuentas por docenas de días —en especial días cuando se discutía si se invadía Irak— desafía la imaginación”, dice Thomas Blanton, director del archivo de seguridad Nacional con oficinas en Washington, una organización sin fines de lucro dedicada a obtener y desclasificar documentos de seguridad nacional. Es uno de los actores claves en la acción para recuperar los correos electrónicos supuestamente perdidos de la Casa Blanca de Bush.

Los medios de comunicación le prestaron algo de atención a las artimañas del correo electrónico de Bush pero gastaron considerablemente menos tinta y tiempo al aire de los que han dedicado a las comunicaciones digitales de Clinton en los últimos 18 meses. Según la firma bostoniana de análisis de medios sociales Crimson Hexagon, la cual realizó un estudio para Newsweek, ha habido 560,397 artículos que mencionan los correos electrónicos de Clinton entre marzo de 2015 y el 1 de septiembre de 2016.

En 1978, el Congreso aprobó la Ley de Registros Presidenciales (PRA, por sus siglas en inglés), la cual mandaba que todos los registros presidenciales y vicepresidenciales creados después del 20 de enero de 1981, fueran preservados y que el público, no el presidente, era dueño de los registros. Al año siguiente, la administración de Reagan instaló el primer sistema rudimentario de correo electrónico de la Casa Blanca.

A pesar de la PRA, ni la administración de Reagan ni la de George H.W. Bush conservaron registros de correos electrónicos, incluso cuando la cantidad de correos electrónicos de la Casa Blanca empezó a crecer exponencialmente. (La administración de Bush produjo alrededor de 200 millones.) En 1989, una demanda federal para obligar a la Casa Blanca a cumplir la PRA fue presentada por varios grupos, incluido el Archivo de Seguridad Nacional, que por entonces estaba interesado principalmente en desenterrar la historia secreta de la Guerra Fría. La demanda suscitó una orden de último minuto de la corte, emitida en las últimas horas de la primera presidencia de un Bush, la cual evitó que 6,000 cintas de respaldo de correos electrónicos de la Casa Blanca fueran borradas.

Cuando Bill Clinton se mudó a la Casa Blanca, sus abogados apoyaron al mayor de los Bush en su acción de sostener un acuerdo al margen al que él había llegado con la Administración de Archivos y Registros Nacionales de permitirle tratar sus correos de la Casa Blanca como personales. Al mismo tiempo, George Stephanopoulos —el entonces director de comunicaciones de la Casa Blanca— defendió la resistencia, diciendo que su jefe, como Bush, no quería que administraciones siguientes y potencialmente poco amigables hurgaran en correos electrónicos viejos.

La Casa Blanca de Clinton con el tiempo resolvió la demanda, y el asesor de la Casa Blanca John Podesta —ahora el jefe de campaña de Hillary Clinton— incluso invitó a miembros del Archivo de Seguridad Nacional a la Casa Blanca para demostrar cómo funcionaba el nuevo sistema. Si alguien trataba de eliminar un correo electrónico, saltaría un mensaje en la pantalla indicando que hacerlo sería una violación de la PRA.

“Nos contentamos con eso”, recuerda Blanton, quien editó un libro sobre la evasión de correos electrónicos de Reagan-Bush, White House E-Mail: The Top Secret Messages the Reagan/Bush White House Tried to Destroy.

Ocho años después, en 2003, un soplón dijo al Archivo de Seguridad Nacional que la Casa Blanca de George W. Bush ya no guardaba sus correos electrónicos. El Archivo y otro grupo observador, Ciudadanos por la Responsabilidad y Ética en Washington (que ha representado a Valerie Plame, la agente de la CIA cuya identidad fue revelada, en su caso contra la administración de Bush), volvieron a presentar su demanda original.

Los demandantes pronto descubrieron que los asesores de Bush simplemente habían apagado el archivo automático de correos electrónicos de Clinton, e identificaron la fecha de inicio de los correos perdidos como el 1 de enero de 2003. La Casa Blanca afirmó que se había cambiado a un servidor nuevo y en el proceso fue incapaz de conservar un archivo, una afirmación que muchos encuentran dudosa.

Los correos electrónicos de la administración de Bush pudieron haber ayudado en la investigación de un fiscal especial en la acción de la Casa Blanca para desacreditar a un diplomático quien no estaba de acuerdo con la evidencia inventada por la administración sobre las AMD de Irak mediante descubrir la identidad de su esposa agente de la CIA, Plame. El fiscal especial Patrick Fitzgerald, quien fue llamado para investigar el caso, dijo en 2006 que él creía que algunos correos electrónicos potencialmente relevantes enviados por asesores en la oficina de Cheney estaban en el sistema de la administración pero él no podía acceder a ellos.

Los correos electrónicos supuestamente perdidos también evitaron que el Congreso investigara por completo, en 2007, el despido con motivos políticos de nueve fiscales federales. Cuando el Comité Judicial del Senado, encabezado por demócratas, solicitó los correos electrónicos mencionados, el procurador general de Bush, Alberto Gonzalez, dijo que muchos eran inaccesibles o estaban perdidos en un servidor privado no gubernamental administrado por el CNR y llamado gwb43.com. Mientras tanto, la Casa Blanca se negó oficialmente a cumplir con la citación congresista.

Patrick Leahy (demócrata por Vermont), Presidente Judicial del Senado, llamó a las acciones del presidente como “obstruccionismo nixoniano” y en algún momento subió al estrado y gritó en exasperación: “Ellos dicen que no los han conservado. ¡No creo eso!” Su par en la Cámara de Representantes, el presidente judicial John Conyers (demócrata por Michigan), dijo que la aseveración de Bush de un privilegio ejecutivo no tenía precedentes y mostraba “un desdén terrible por el derecho de la gente a saber qué sucede en su gobierno”.

En la corte en mayo de 2008, abogados de la administración arguyeron que la Casa Blanca había perdido alrededor de tres meses de respaldos de correos electrónicos de los primeros días de la Guerra de Irak. Así, los asesores de Bush eludieron una fecha límite ordenada por la corte de describir los contenidos de respaldos digitales los cuales se creía que contenían correos electrónicos eliminados en 2003 entre marzo —cuando EE UU invadió Irak— y septiembre. Ellos también se negaron a darle al ASN sin fines de lucro cualesquiera correos electrónicos relacionados con la Guerra de Irak, a pesar de la PRA, culpando a una actualización del sistema que había eliminado hasta 5 millones de correos. Los demandantes finalmente arguyeron que la administración de Bush sabía del problema en 2005 pero no hizo nada para arreglarlo.

Con el tiempo, la administración de Bush admitió que había perdido 22 millones de correos electrónicos, no 5 millones. Luego, en diciembre de 2009 —ya en la administración de Barack Obama— la Casa Blanca dijo que halló 22 millones de correos electrónicos, fechados entre 2003 y 2005, los cuales afirmaba que habían sido mal etiquetados. Ese alijo fue entregado a los Archivos Nacionales, y este y otros demandantes acordaron, el 14 de diciembre de 2009, resolver la demanda. Pero los correos electrónicos todavía no se han puesto a disposición del público.

El Comité Judicial del Senado buscaba por una ruta diferente pero no tenía mejor suerte. En una votación bipartidista en 2008, el comité halló a los asesores de la casa Blanca Karl Rove y Joshua Bolten en desacato al Congreso por negarse a cumplir con citaciones en la investigación de los fiscales despedidos. Las penas por desacato son multas y un posible tiempo en prisión, pero no se dio ningún castigo porque una corte federal de apelaciones en D.C. suspendió el dictamen del Senado en octubre de 2008, mientras la Casa Blanca apelaba. El abogado de Rove afirmó que él no “eliminó intencionalmente” algún correo electrónico sino que sólo realizaba “el tipo de eliminaciones rutinarias que la gente hace para mantener sus buzones ordenados”, según la Associated Press.

Para entonces, Obama estaba a semanas de ganar la elección, por lo que la administración de Bush básicamente dejó que se agotara el tiempo. Y ni la administración de Obama ni el comité del Senado persiguieron el asunto.

El reporte final del comité sobre el asunto fue franco: “[E]sta subversión del sistema judicial ha incluido mentiras, engaños, obstruccionismo e ignorar al Congreso en nuestros intentos de descubrir lo que sucedió precisamente. Las razones dadas para estos despidos fueron planeadas como un encubrimiento, y el obstruccionismo por parte de la Casa Blanca es juez y parte de esa misma acción”.

Por entonces, algunos periodistas y editorialistas se quejaron de la falta de transparencia de parte de la Casa Blanca, pero The Washington Post, en un editorial, aceptó la explicación de la Casa Blanca de que los correos electrónicos pudieron haberse perdido a causa de defectuosos sistemas tecnológicos.

El misterio de qué había en los correos electrónicos perdidos de Bush y por qué se perdieron todavía está a años de resolverse, si se resuelve. No estarán disponibles al público antes de 2021, cuando terminen las restricciones de seguridad presidencial. Incluso entonces, con los métodos actualmente disponibles de archivamiento y clasificación, los investigadores todavía tendrán años de trabajo para descifrar si Cheney eliminó días enteros de correos electrónicos alrededor de la fecha en que se dio la campaña de propaganda de las ADM que llevó a la guerra.

“A su pregunta de qué hay allí, no lo sabemos”, dice Blanton, del Archivo de Seguridad Nacional. “No hubo un compromiso en la cima de guardarlo todo. Ahora bien, ¿esa resistencia tuvo motivos políticos? ¿O fue un ‘Tenemos que ahorrar dinero’?”

Como Leahy, Blanton tiene dudas de que los correos electrónicos se hayan “perdido” realmente, dado que todo correo electrónico existe en dos lugares, con quien lo envía y con quien lo recibe. Pero al contrario del grupo observador Judicial Watch, el cual ha tratado sin cesar de forzar al Departamento de Estado a hacer públicos los correos electrónicos de Hillary Clinton, Blanton y sus colegas investigadores han decidido no presionar en su lucha para que se hagan públicos los correos de Bush.

Blanton dice que no tiene idea de si el registro de correos electrónicos de Bush se hallará intacto después de 2021, cuando a su grupo se le permita hacer un proceso sistemático de búsqueda y recuperación en los Archivos Nacionales. “¿Ellos los encontraron todos? no lo sabemos”, dice él. “Nuestra esperanza es que para entonces, el gobierno y los Archivos Nacionales tendrán una tecnología mucho mejor y las herramientas para filtrar y ordenar semejante cantidad”.

Sin embargo, Blanton dice que él no espera ese tipo de actualización. “Todo su presupuesto es menor que el costo de un solo helicóptero Marine One”, dice él. “Es un huérfano con pocos fondos”.

Mientras tanto, el episodio ha sido casi olvidado por casi todos menos los litigantes. Una fuente involucrada con la investigación congresista obstaculizada recordó el período como “un momento intenso”, pero la administración de Obama no fomentó algún seguimiento, dedicando su capital político a la economía en quiebra en vez de investigar las actividades turbias que se dieron con su predecesor. Desde entonces, ningún canal mediático importante ha dedicado recursos significativos —o, en realidad, alguno— para obtener los correos electrónicos, o para descubrir qué había en ellos, o qué, exactamente la administración de Bush estaba ocultando (o perdiendo).

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek