Psicólogos
de la Universidad de Lund, en Suecia, han mostrado que lo que caracteriza a
este tipo de personas, no es el ánimo de defender a su grey, sino la fuerte
tendencia a deshumanizar a las personas que no se parecen a ellos.
En
psicología hay un desacuerdo sobre lo que hace que alguien cometa una agresión,
que no sea en defensa propia. Algunos afirman que es la situación la que crea
al agresor. Otros –la que adopta el grupo de investigación de la Universidad de
Lund–, señalan que las características individuales hacen a ciertas personas
más propensas a agredir que otras.
Magnus
Lindén, líder del equipo, argumenta que existen dos tipos de personalidad que
hacen al individuo más proclive a aceptar la tortura, y que al parecer lo
predisponen a llevarla a cabo por sí mismo; quienes tienden a actuar con
autoritarismo y quienes perciben al grupo del que forman parte (etnia, cultura,
nación, religión, clase social) como socialmente superior.
Las
personas del primer grupo –Autoritarismo de Derechas– están dispuestas a
someterse a las autoridades y pueden ser agresivas si se les ordena; son políticamente
tradicionales y conservadoras. Las del segundo grupo –Orientación hacia la
Supremacía Social– ven a la sociedad como una jerarquía, en la que se asignan a
sí mismas una posición de alto nivel con el derecho a dominar a otros.
Lindén
y sus colaboradores revisaron actitudes agresivas de militares contra sus
prisioneros, en conexión con las operaciones actuales contra el terrorismo
islamista internacional. Los resultados mostraron que 18 por ciento de los
estudiantes de educación superior están de acuerdo en utilizar la tortura bajo
ciertas circunstancias.
Analizaron
más de cerca cuáles son las causas que conducen a mostrar anuencia hacia la
práctica de la tortura, por parte de aquellos individuos con tendencia al
autoritarismo y a la defensa de la supremacía social. Tomaron en cuenta
factores como identificación con su propio grupo (en este caso los suecos) y la
tendencia a deshumanizar a los musulmanes.
Lindén
considera que los resultados de su investigación deben interpretarse a partir
de que la tortura está convirtiéndose en una cuestión más actual desde los
atentados del 11 de septiembre de 2001. Los límites de lo “permitido” se han
desplazado; la tortura se acepta de forma más general que antes de del funesto
ataque terrorista. Qué miedo.