La historia está plagada de negación científica. Desde la ley de la gravedad de Newton hasta Hanaoka Seinshu y el uso de la anestesia, no han faltado descubrimientos que han sido desdeñados, ridiculizados, y rechazados completamente por pensadores destacados antes de terminar instalándose en la narrativa humana. Pero muy a menudo, mientras los debates siguen su curso, han ocurrido daños significativos y pérdidas de vidas humanas. Luego de siglos de descartar descubrimientos científicos que terminan demostrando su validez, cualquiera pensaría que hay que tener más confianza en los expertos.
En la era de los medios sociales, de las noticias ininterrumpidas por cable, y de Donald Trump, uno de los mayores desafíos que enfrenta la comunidad científica es impedir que se disemine la mala información. Eso tiene particular importancia tratándose de la política. Esta semana, en el episodio del podcastInquiring Minds, el reportero científico y autor Dave Levitan destapa a algunos de los peores detractores de Washington.
En su calidad de antiguo colaborador del proyecto SciCheck de Factcheck.org –parte del Centro de Políticas Públicas Annenberg-, Levitan ha pasado incontables horas revisando pronunciamientos de políticos en el ámbito de las ciencias. A veces, nuestros dirigentes presentan los hechos correctos. Pero muy a menudo, intentan granjearse al público o promover su agenda. Tal es el tema del próximo libro de Levitan, Not a Scientist: How Politicians Mistake, Misrepresent, and Utterly Mangle Science.
Aunque la retórica engañosa no es novedad en la política, el peligro que representa para la salud ambiental y pública puede haber alcanzado niveles históricos. Y en una nación donde la alfabetización científica se encuentra en decadencia, la mala información sobre temas tan importantes como el cambio climático o las enfermedades infecciosas puede tener consecuencias devastadoras. No obstante, muchos políticos, de manera deliberada o no, persisten en presentar una ciencia errónea. Levitan señala al senador James Inhofe (republicano por Oklahoma) como un ejemplo del “negador en jefe”. El año pasado, Inhofe se presentó en el pleno del Senado llevando una bola de nieve, con la cual pretendió disputar la ciencia del calentamiento global. Su implicación fue: como hay nieve en el suelo, es imposible que la Tierra esté calentándose. Fue la exhibición clásica del político manipulador que utilizó un solo dato para disfrazar una tendencia indiscutible:
Hace dos años, mientras el senador Rand Paul (republicano por Kentucky) se preparaba para competir por la presidencia, la emprendió contra los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) por financiar investigaciones sobre las moscas de la fruta. “¿Han visto en qué gasta el dinero NIH?”, preguntó Paul, según el Washington Post. “Novecientos treinta y nueve mil dólares desembolsados para averiguar si los machos de las moscas de la fruta prefieren o no cruzarse con moscas de la fruta hembras más jóvenes”. Expuesto en esos términos, NIH sin duda resulta ridículo. Pero Paul pasó por alto el objetivo, completamente. Como escribió Levitan en su momento:
La caracterización del proyecto como una simple prueba para determinar “si la mosca de la fruta macho prefiere a las moscas de la fruta hembras más jóvenes” es engañosa. El estudio, de hecho, era parte de un proyecto en proceso para estudiar la olfacción y otras percepciones sensoriales, el proceso de envejecimiento, y cómo se relaciona con la actividad sexual y social. El artículo resultante de esa línea de investigación apareció en la prestigiosa revista Science, en 2013, y demostró que la exposición a las feromonas femeninas sin la oportunidad de apareamiento conducía a una disminución de la expectativa de vida de las moscas macho. En resumen, la gratificación sexual “promovió, específicamente, el envejecimiento saludable”, según [Scott] Pletcher [el científico cuya investigación criticaba Paul]. Su trabajo de laboratorio podría producir información sobre el envejecimiento humano y también sobre enfermedades relacionadas con el envejecimiento… Paul tiene el derecho de opinar en cuanto a dónde considera mejor asignar los fondos gubernamentales, pero el estudio de las moscas ha producido beneficios importantes para la salud humana”.
Tergiversar una investigación es “una manera de lograr que las personas se nieguen a que el gobierno gaste dinero”, argumenta Levitan. “Mas el efecto es que la gente no entiende la importancia de la investigación científica básica”.
Por supuesto, los científicos comparten la carga de comunicar con claridad sus resultados, aunque la mayoría no tiene los megáfonos públicos de que disponen los funcionarios electos. “Los políticos tienen una enorme responsabilidad”, acusa Levitan. “Son ellos los que legislan y rigen la asignación del dinero, y el tipo de ciencia que se hace finalmente. Ningún científico al azar puede decidir que dará un discurso y que todos van a escucharlo”.
En última instancia, Levitan ofrece a los votantes una solución simple para ir más allá de las idioteces: mantener un grado de escepticismo saludable cuando los políticos hablen de ciencias. “Si se burlan de las investigaciones básicas, es probable que estén equivocados”, dice. Y ofrece este consejo a los políticos: hagan que el consenso científico sea el punto focal de su discurso.
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Esta historia apareció originalmente en Mother Jones
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek