Luis Videgaray… ¿Cómo evaluarlo?

En materia de finanzas, la mejor manera de evaluar a un estratega financiero es a través de la variable de generación de valor. En el argot se dice que cuando un alto directivo financiero deja su cargo, la mejor manera de medir su desempeño es valorando si la organización que está dejando atrás vale más de lo que valía en el mercado cuando él asumió el cargo.

Esta misma analogía puede aplicarse sin problema para los funcionarios que manejan las finanzas públicas del país, pues si bien es cierto que la nación no posee un valor de mercado como tal, también lo es que existen múltiples indicadores para aquilatar su desempeño, tales como: la calificación crediticia, el nivel de deuda, el déficit público, la eficiencia del sistema tributario y la gestión del presupuesto, entre muchos otros temas que de manera integral reflejan la salud financiera de un Estado como el mexicano.

En columnas anteriores he comentado sobre el importante deterioro que reflejan las finanzas del país durante este sexenio, en particular por el crecimiento constante del déficit público y el consecuente impacto en los niveles de deuda, situación que se ha visto agravada por la problemática financiera y de producción de Pemex, así como por la crisis global que todos los países enfrentamos.

He escrito que, lejos de tomar medidas efectivas de contingencia, el gobierno del presidente Peña Nieto no fue capaz de detener este ciclo nocivo, y que ahora se encuentra destinado a entregar un país con mucho peor salud financiera de la que existía cuando lo recibió en 2012.

Considero que este gobierno realizó una planeación financiera muy optimista al inicio del mandato, lo cual lo llevó a tomar decisiones holgadas o erróneas, las cuales ya no se pudieron revertir cuando se volvió bolas el engrudo. Todo ello ha decantado en que los recortes presupuestales han asfixiado aún más a nuestro endeble mercado interno, a la par de condenar al país a un sexenio más sin el crecimiento económico suficiente.

Si sumamos a esto la comodidad con que el gobierno federal ha tratado a los gobernadores financieramente irresponsables, a esos que incurrieron en grandes desastres para el erario, podemos concluir que el presidente Enrique Peña Nieto ha encabezado una administración indisciplinada en lo propio, además de tolerante al desorden, ineficiencia y elevada corrupción en las entidades federativas.

Y por eso tenemos una situación financiera más débil y adversa de la que se observaba cuando concluyó el sexenio calderonista. Ahí están la prensa internacional especializada, las agencias calificadoras, y hasta el propio gobernador del Banxico, entre otros, que han dado certeza de ello con sus declaraciones emitidas.

En síntesis, me parece que este es el saldo con el que resulta posible efectuar una evaluación objetiva sobre el paso del Dr. Luis Videgaray Caso por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Y permítame retomar las líneas de inicio: hoy, al recibir nuevamente la titularidad de la SHCP, José Antonio Meade Kuribreña se encontrará con una situación financiera mucho más deteriorada de la que él mismo le entregó a Luis Videgaray en diciembre de 2012. Vaya, sucede que le desordenaron el changarro, que le hicieron tiradero, pero no se lo recogieron.

Como se quiera ver: ya sea por falta de voluntad política o de prudencia técnica, el hecho es que Luis Videgaray no le agregó valor a las finanzas públicas durante su paso por la SHCP. México no tiene hoy una mejor salud financiera que hace cuatro años. Por muy complejas que sean las causas, la conclusión es así de simple. Así son las finanzas, no dan mucho chance de equivocarse y, además, cobran caros los errores.

Su escribidor no duda de los talentos técnicos y políticos que se le atribuyen al doctor Videgaray, los cuales incluso ha demostrado en su trayectoria profesional previa a su paso como responsable de las finanzas nacionales; pero el caso es que en esta vuelta los resultados nomás no se dieron. El secretario Videgaray no logró agregarle valor financiero a nuestro país. Es lo que dice la realidad.

Ahora que se concretó su salida, y más allá de si se debió a la tremenda tontería sobre lo de Donald Trump o no, el mensaje es muy claro: el presidente Peña trata de iniciar un nuevo gobierno. Y lo digo porque nada de lo hecho en estos cuatro años se entiende sin la participación de Videgaray; por lo mismo, supongo que lo que se haga de aquí en adelante será bajo nuevas directrices y liderazgos.

Su columnista piensa que Peña Nieto se tardó mucho y que ya no tiene tiempo de recuperar ni imagen ni resultados, y que por ello su saldo histórico será negativo y grisáceo. Pero bueno, ¿usted cómo la ve?

Amable lector, recuerde que aquí le proporcionamos una alternativa de análisis, pero extraer el valor agregado le corresponde a usted.