Situada en Fez, Marruecos, forma
parte centro universitario que ha permanecido más tiempo en funcionamiento ininterrumpido
del mundo; la biblioteca de la Universidad al-Qarawiyyin, que inició sus
labores por allá en el año 859, ya está de nuevo en marcha y abierta a todos.
La universidad, biblioteca y
mezquita de al-Qarawiyyin fueron fundadas por Fatima El-Fihriya en 859 –más o
menos en la fecha en que se desarrollaron las primeras fórmulas del álgebra–.
Esta mujer árabe y musulmana heredó una fortuna tras la muerte de su esposo y
hermanos, y decidió –junto con su hermana Mariam– invertir los recursos recibidos
en un proyecto que contribuyera a impulsar el desarrollo de su comunidad. Lo
primero que edificaron fue una Madraza, en la que se comenzó a reforzar la
educación de jóvenes, que a la vuelta de los años se convirtió en uno de los
más importante motores intelectuales de su país.
La biblioteca, añeja construcción
que nunca ha perdido la dignidad de su oficio, guarda registro de varios
pequeños anexos y remodelaciones durante su milenaria existencia, leves todos.
Es hasta 2012 cuando el arquitecto canadiense Aziza Chaouni se propuso hacerle
un “lavado de cara completo”. Y lo llevó a feliz término.
El reto no era “traer a la luz un
cadáver embalsamado”, señaló Chaouni, sino hacer conjugar el pasado con el
presente, “encontrar el punto común entre la herencia y las necesidades de un
usuario contemporáneo, lustrar la historia pero también darle practicidad al
lugar, sin perder de vista la presencia de la ciudad de Fez, su entorno”.
Llegó la hora de presumir el nuevo
rostro de la biblioteca al-Qarawiyyin, razón suficiente para que la universidad
haya abierto un espacio que antes sólo estaba reservado a los académicos, los
teólogos de la época, nunca para el público en general, interesado pero lego al
fin.
El interior en una impresionante combinación de intrincados mosaicos y austeras
arcadas blancas. Belleza que invita a adentrarse en el mundo del conocimiento.
Posiblemente el mayor tesoro de la
biblioteca es un Corán original del siglo IX, la pieza más antigua de su
colección, pero que mantiene su esplendor, igual que el recinto que lo alberga.