Este ha sido el verano más cálido desde que existen
registros, por lo que es bueno saber que Elon Musk ha iniciado su gran plan
para transformar el negocio de los energéticos en una forma tan profunda que
existe la posibilidad de que Islandia no se convierta en la nueva Jamaica,
después de todo.
Un pequeño paso en el plan de Musk se relaciona con la
fusión de Tesla, su empresa de automóviles eléctricos, con SolarCity, el
fabricante de paneles solares de su primo. Ese acuerdo, anunciado en agosto, ha
recibido toda clase de contragolpes de papanatas miopes de Wall Street, que han
dicho que ambas empresas están perdiendo dinero y que la fusión no servirá de
nada. Tales dudas sobre Musk son como haber preguntado a los hermanos Wright en
1899 por qué experimentaban con refacciones de bicicleta.
Hay mucho más en riesgo que tan solo una empresa o el
precio de las acciones. El futuro de la energía está a la vista, impulsado por
Musk y un creciente número de inversionistas y emprendedores. En una década o
dos, la mayoría de las casas y edificios tendrán paneles solares baratos y
supereficientes en sus techumbres, y baterías de alto poder en sus sótanos y
cocheras. Las baterías almacenarán la energía generada mientras el sol brilla
para usarla cuando no lo haga. Cada construcción estará conectada a una red de
dos vías que permitirá que cualquier persona venda la energía sobrante o compre
la que necesite en un mercado estilo eBay.
La mayoría de los automóviles serán eléctricos y cada vez
menos personas necesitarán poseer uno, ya que un auto eléctrico, conectado y
autónomo, estará disponible para trabajar con Uber cuando el propietario no
esté usándolo, que es el 90 por cierto del tiempo. De esa manera, el transporte
sobre demanda estará disponible prácticamente en todas partes. Tus paneles
solares y baterías domésticas cargarán tu auto eléctrico, de manera que tu casa
proveerá la mayor parte de la energía limpia que tú y tu familia requieran. Es
posible que no tengas que adquirir electricidad de alguna central eléctrica
lejana y alimentada con carbón o que nunca tengas que volver a cargar el tanque
en una gasolinera.
Las redes eléctricas públicas se convertirán en
proveedores cada vez más pequeños y se usarán como último recurso, como hoy el
servicio postal o las empresas de telefonía fija. Algunas personas conducirán
autos de gasolina, pero ello será tan mal visto como montar un caballo que haga
sus necesidades en plena Quinta Avenida de Nueva York. Los automóviles de
gasolina también se volverán cada vez menos convenientes conforme las
gasolineras irán cerrando una a una o se convertirán en estaciones de carga
para automóviles eléctricos. El petróleo seguirá siendo necesario para fabricar
cosas como plásticos y combustible de aviones, aunque los avances en la
realidad virtual harán que los viajes de negocios resulten casi innecesarios, lo
que reducirá en gran medida la necesidad de las líneas aéreas. Conforme la
demanda de petróleo disminuya, la perforación de nuevos pozos se convertirá en
un mal negocio. En poco tiempo, la cantidad de carbono que emitiremos en el
aire deberá disminuir en forma muy notable.
¿Exagerado? Todas las tendencias apuntan a ese resultado,
probablemente en menos tiempo del que creemos.
La tecnología de los paneles solares en el techo está en
una trayectoria similar a la Ley de Moore, que, durante décadas ha descrito
cómo las computadoras se vuelven doblemente más poderosas por el mismo precio
cada 18 meses. El costo de la energía solar ha caído 95 por ciento desde la
década de 1980, al tiempo que su eficiencia se ha disparado. Con la tecnología
actual, unos paneles solares que cobran tan solo 0.6 por ciento de la masa
terrestre de Estados Unidos proporcionarán toda la electricidad que necesita el
país.
Mientras tanto, cuando Tesla presentó su primer automóvil
deportivo hace ocho años, un automóvil completamente eléctrico para la
comercialización masiva, parecía más inalcanzable que unos zapatos de tacón
alto que fueran muy cómodos. Pero en marzo, cuando Tesla comenzó a recibir
pedidos por adelantado de su sedán Modelo 3, logró captar medio millón de
compradores en unas cuantas semanas. Ahora, Mary Barra, la directora ejecutiva
de General Motors, seguida por casi todos los demás fabricantes de automóviles
más importantes, también apuesta al desarrollo de una flotilla de autos
eléctricos.
Las baterías domésticas viables serán de suma importancia
para lograr que todo esto suceda. Musk está a punto de inaugurar la Gigafactory
(Gigafábrica) de Tesla con un costo de 5000 millones de dólares en Nevada, y
por primera vez se fabricarán a gran escala baterías gigantes para autos y
hogares. Tesla ha declarado que esto deberá hacer que el costo de la energía
proporcionada por baterías se reduzca al menos 70 por ciento.
Y es aquí donde entra Musk y su “Plan maestro, segunda
parte”. Él escribió acerca de ello en julio y señaló que el objetivo de Tesla
nunca fue producir automóviles eléctricos atractivos. Tesla construyó estos como
un punto de entrada para acabar con la dependencia del petróleo. “El objetivo
de todo fue y sigue siendo acelerar el advenimiento de la energía sostenible,
de manera que podamos imaginarnos un futuro muy lejano en el que la vida siga
siendo buena”.
Los automóviles de Tesla serán parte de un sistema
eléctrico sostenible: los paneles solares, las baterías, el software
para manejar la energía y venderla a través de las redes. “Una sola
experiencia de pedido, una sola instalación, un solo contrato de servicios, una
sola aplicación en el teléfono”, pronosticó Musk.
Existe otro factor que convertirá las redes eléctricas de
una sola vía en intercambios de dos vías. Empresas nuevas como Gridco Systems y
Varentec están construyendo esa tecnología. Conforme más personas instalen
paneles solares y la demanda de electricidad generada mediante centrales
eléctricas tradicionales disminuya, es muy probable que las empresas públicas
adopten estas “redes eléctricas inteligentes”.
Este sistema tan completo es la razón por la que Musk
piensa que el acuerdo con SolarCity tiene sentido. Fundada en 2006, SolarCity
es la mayor empresa de paneles solares de Estados Unidos. Ha estado creciendo
inmensamente durante años, y para 2015 adquiría 12 000 clientes al mes y tenía
un valor de 6000 millones de dólares. Ahora, SolarCity se encuentra en un
bache, perdió quizá 200 millones de dólares en el trimestre anterior, de
acuerdo con Bloomberg. Pero este déficit se debe a decisiones políticas entre
los reguladores. Por ejemplo, a principios de este año los reguladores de
Nevada protegieron a las empresas públicas del Estado instituyendo reglamentos
que convertían la energía solar en un mal negocio para los propietarios de
viviendas. El mercado se secó, SolarCity se retiró de ese estado, despidió a
550 empleados y sus ganancias cayeron.
Musk aprendió algo importante de Tesla: no tiene que
cambiarlo todo él mismo; solo necesita mostrar el camino. No necesitó “perturbar”
a los fabricantes de automóviles. Solo necesitó lograr que consideraran los
automóviles eléctricos como un producto que rejuvenecería la industria y hacer
que desearan azotar el trasero de Tesla antes de que Tesla las dejara atrás. El
resultado: toda la industria automotriz se está reinventando.
¿Acaso no se dan cuenta, especialmente ustedes en Wall
Street, que ahora está haciendo lo mismo con la energía? Los acuerdos sobre el
cambio climático son maravillosos, pero la revolución energética ocurrirá
gracias a los emprendedores y a la tecnología. En este momento, Musk es el
único tipo con el descaro suficiente para mostrar el camino. Esto es lo más
importante que haya hecho jamás.
Esperemos que funcione. Escuchar reggae en Reikiavik
simplemente no parece adecuado.
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Publicado en cooperación con Newsweek/ Published in
cooperation with Newsweek