“Nuestra guerra”

UN VETERANO del cuerpo de infantes de marina de Estados
Unidos, de Carolina del Norte, un activista italiano y un guardaespaldas sueco
pelearon en la misma guerra, en el mismo bando, para las Unidades de Protección
del Pueblo (YPG, por sus siglas en inglés), una milicia kurda en el norte de
Siria alineada contra el grupo miliciano Estado Islámico. Ellos se conocerán
por primera vez en la alfombra roja enfrente de un cine en Venecia, Italia, el
9 de septiembre, porque son los personajes de Our War, un documental que se
estrenará en el Festival de Cine de Venecia.

Esa guerra siria, ahora en su sexto año, ha atraído más
combatientes extranjeros que cualquier otro conflicto en la historia moderna,
rebasando al conflicto entre soviéticos y afganos de la década de 1980, del
cual se piensa que atrajo alrededor de 20 000 extranjeros. Más de 30 000
personas de por lo menos 86 países se han unido al Estado Islámico en Irak y
Siria, según Soufan Group, una consultora domiciliada en Estados Unidos y
cientos de otros extranjeros han dejado sus patrias para unirse a otras
facciones en la guerra, incluidos alrededor de 400 quienes se han enrolado con
las YPG.

Los gobiernos alrededor del mundo continúan luchando con
el cómo evitar que sus ciudadanos se unan al conflicto. Su preocupación
principal es qué hacer con los yihadistas que regresan, quienes podrían
representar una amenaza a la seguridad nacional. Ellos, por lo general, les han
prestado menos atención a los voluntarios quienes han tomado las armas en
nombre de los kurdos sirios, un pueblo sin estado en una región semiautónoma
conocida localmente como Rojava, o “el Oeste”. Los combatientes kurdos luchan
para proteger a Rojava del Estado Islámico, pero también sueñan con forjar un
estado kurdo en el norte de Siria.

Our War sigue a los tres hombres —el estadounidense Joshua
Bell, de 31 años; el italiano Karim Franceschi, de 27 años, y el sueco Rafael
Kardari, de 28 años— quienes pasaron varios meses con los kurdos entre 2014 y
2015. Combina entrevistas en Estados Unidos, Italia y Suecia con metraje
telefónico de los campos de batalla kurdos de Kobane y Tel Abyad. Bell es un
descarado fumador compulsivo quien sirvió tres veces en Irak y Afganistán;
Franceschi es un boxeador comunista italo-marroquí sin experiencia en combate a
quien le gustan los videojuegos de conflictos y el ajedrez; Kardari, hijo de
padres kurdos iraquíes, nunca había peleado con los militares y viajó a Rojava
después de ver un video de propaganda del Estado Islámico. “Todos ellos tienen
algo dentro de sí que los hace querer pelear, pero a ellos en verdad les empezó
a importar eso por lo que luchan los kurdos, no solo el Estado Islámico, sino
toda la ideología detrás de Rojava”, dice Benedetta Argentieri, una de las tres
codirectoras de la película.

En la película vemos a Franceschi y Kardari en tanques y
posiciones de francotirador. Ellos describen el interrogatorio de yihadistas
capturados y el miedo que sintieron al mirar hacia la oscuridad a pocos pies de
las líneas de frente del Estado Islámico. (No hay metraje de Bell en la zona de
guerra; él es filmado de vuelta en Carolina del Norte y la Ciudad de Nueva
York.)

Bell, quien dejó Siria en octubre de 2015, tiene la
intención de vestir el tradicional atuendo dorado kurdo en la proyección en
Venecia. Él espera regresar a Siria algún día para ayudar a los kurdos en su
guerra. “La lucha”, dice él, “no ha terminado”.

Publicado en cooperación con Newsweek/ Published in
cooperation with Newsweek