Una
de cada 20 personas registra alguna vez en la vida la poco grata sensación de
querer despertar y no conseguirlo, de ser incapaz de mover cualquier parte del
cuerpo o proferir palabra alguna; se le conoce como parálisis de sueño. Esa
parálisis convertida en condición de días, semanas o meses, es un drama que
tiene nombre y apellido: el síndrome de Guillain-Barré (SGB).
Lo
que se sabe del SGB es que se trata de la respuesta del cuerpo a una infección
que confunde al sistema inmune, así se goce de cabal salud. En otras palabras:
el sistema inmune cree que los nervios son la infección, y los ataca. El cuerpo
–en la confusión– está convencido de que hace lo correcto: defender, cuando en
realidad está dañando los nervios del paciente. El enfermo ya no puede enviar
señales nerviosas normales ni controlar las funciones de su humanidad.
Hasta
la fecha no existe cura para este padecimiento, las terapias ayudan a acelerar
el tiempo de recuperación, pero hay que señalar que lo que hacen en realidad es
apoyar a los órganos afectados, mantenerlos vivos hasta que el enfermo pueda
recuperarse.
El
caso de Terry es ya histórico. Un ingeniero galés de 31 años que padeció la
versión más severa de SGB, que significa estar despierto y consciente sin poder
hacer ningún movimiento, ni siquiera parpadear a voluntad; a este grado se le
conoce como Síndrome del enclaustramiento; aterrador desde el nombre. Pasó más
de 100 días antes de que estuviera lo suficientemente bien como para salir del
hospital.
Llamó
la atención con la rapidez que Terry perdió las habilidades básicas de
comunicación, lo que puede traer consigo, además, daños psicológicos temporales o
permanentes. La típica estrategia de un parpadeo para ‘sí’ y dos para ‘no’
quedaba fuera del mapa.
El único movimiento que Terry
controlaba era mirar hacia la izquierda o hacia la derecha, siempre y cuando
contara con la ayuda de alguien que le levantara el párpado. Entonces, el
equipo de terapeutas diseñó una tableta para la comunicación por contacto visual, lo que permitióa Terry formar palabras y frases para
comunicarse.
Con
el tiempo,el sistema
inmunológico de Terry, como el de los pacientes que sufren del SGB, dejó de
atacar a los nervios y el cuerpo empezó a
reparar el daño. Una vez que los músculos del pecho estuvieron mejor, se le
retiró el tubo de respiración, y pudo por fin hablar de nuevo, después de días
de silencio, y hasta con los ojos cerrados.
El
cuerpo de Terry continúa en
franca mejoría, gana fuerza a medida en que se aplica en el tratamiento de
rehabilitación, ya fuera del hospital.