Aniversario de Jack, el destripador

La fecha
aciaga recuerda la muerte de Mary Ann Nichols, víctima inaugural del la leyenda
de Jack el destripador, y su nada honorable título de asesino en serie. La
chica, que decían se dedicaba a la prostitución, apareció mutilada en el East
End de Londres, un barrio al que le tocó registrar cuatro víctimas más del criminal
durante los siguientes meses.

El
nombre de Jack el destripador se origina en una carta, escrita supuestamente
por quien se adjudicaba la autoría de los crímenes. La misiva fue publicada en
los medios de la época, y la fama le llegó al tipo de inmediato. Que perdura hasta
la fecha porque jamás se encontró al asesino.

No
todos se compraron el asunto de la carta; hay quienes pensaron que se trataba
de una broma de mal gusto, con la intención de aumentar el interés en la
nefanda historia, y recrudecer el escándalo. Al criminal se le conocieron otros
alias: El asesino de Whitechapel y Mandil de cuero.

Las
voces morbosas se encargaban de describir a Jack como alguien inteligente,
eficaz, burlón, frío y obsesionado por matar. Las víctimas eran prostitutas de
barrios pobres a las que estrangulaba, degollaba y les mutilaba el abdomen. Extrajo
las entrañas de al menos tres de ellas, lo que condujo a pensar que tenía
conocimientos anatómicos o quirúrgicos. Mató cinco mujeres de seguro, aunque se
le atribuyen más asesinatos.

El
área donde se movía Jack era el East End, un tugurio londinense ocupado por
casi un millón de ciudadanos pobres de la ciudad, de los que emergían muchas prostitutas,
dedicadas al oficio obligadas por las penosas circunstancias de vida; en 1888
se calcula que había más de mil en la localidad de Whitechapel.

El
verano de 1888 comenzó la serie de crímenes bestiales en Londres con Mary Ann
Nichols encabezando la lista. El 8 de septiembre apareció la segunda víctima,
Annie Chapman, y el 30 de septiembre dos prostitutas asesinadas y
descuartizadas en la misma noche: Liz Stride y Kate Eddowes.

La
policía de Londres determinó el patrón de los asesinatos; el criminal se
ofrecía a pagar por sexo, atraía a sus víctimas a una calle o plaza tranquila y
luego cortaba sus gargantas, y las mutilaba brutalmente con el mismo cuchillo
de seis pulgadas.

Las
autoridades recibieron decenas de cartas supuestamente escritas por el asesino,
y descartaron la mayoría como fraude, excepto dos que aludían a hechos del
crimen sólo conocidos por la policía y el asesino. Las firmaba Jack el destripador.
Y así empezó la leyenda.