Cada vez hay más pruebas de que la inflamación –causa conocida de muchos padecimientos en todo el cuerpo- también está implicada en enfermedades cerebrales, incluyendo trastornos psiquiátricos como la depresión.
La depresión es una enfermedad común e incapacitante que afecta a 350 millones de personas en todo el mundo. Alrededor de 20 por ciento de la población del Reino Unido sufrirá de depresión en algún momento de su vida, con síntomas que abarcan desde sentimientos de tristeza y desesperanza hasta ideaciones suicidas. La enfermedad puede ser una respuesta al duelo o a otros acontecimientos importantes de la vida, o bien puede aparecer sin causa evidente. Y muy a menudo persiste, a veces toda la vida.
A pesar de su alta prevalencia, este trastorno no se ha esclarecido del todo. Suele atribuirse a una alteración de la química cerebral y se trata con prueba y error, recurriendo a terapias verbales y fármacos diseñados para reequilibrar la química cerebral. Para muchos pacientes, semejantes estrategias pueden resultar, eventualmente, mas todos concuerdan en que hacen falta mejores tratamientos, y en que dichas terapias deben entender mejor la naturaleza de la enfermedad.
Cómo combatir dos trastornos con una misma pastilla
La inflamación es la respuesta del cuerpo a una lesión o infección. Para combatir una lesión, el organismo “moviliza” células y proteínas para que hagan su trabajo y luego, las “desmoviliza”. No obstante, si la inflamación no se controla debidamente, puede causar daños y enfermedades, como la artritis reumatoide. Y este tipo de padecimientos suele controlarse con medicamentos antiinflamatorios.
Hace poco se sugirió que la depresión también es una enfermedad inflamatoria. Las primeras evidencias se obtuvieron de individuos con padecimientos como artritis reumatoide y psoriasis, quienes además presentaban depresión profunda. Al tratar a estas personas con antiinflamatorios, sus problemas de artritis y depresión mejoraron, lo que sugirió que la inflamación del cuerpo estaba afectando al cerebro y causando la depresión.
Por supuesto, la depresión pudo haber mejorado debido a que sus otros trastornos físicos se resolvieron, mas la evidencia fue fortalecida cuando se demostró que algunas personas con depresión, y sin otra enfermedad, tenían niveles elevados de marcadores sanguíneos de inflamación. Al estudiar sus cerebros con las máquinas de tecnología de imágenes más recientes, se detectaron signos reveladores de inflamación.
Todas estas pruebas llevaron a los científicos a ver la depresión desde otra perspectiva: como una enfermedad que afecta a todo el individuo, cuyos síntomas son más evidentes en el cerebro, y en que los tratamientos dirigidos a combatir la inflamación del cuerpo podrían resolver los problemas cerebrales. No obstante, es probable que la inflamación no siempre sea la causa de la depresión, y sabemos que la inflamación puede ser de distintos tipos, por lo que requiere de diferentes tratamientos. De modo que el problema actual es cómo identificar cuáles de los muchos pacientes con depresión tienen una inflamación como causa subyacente, y exactamente cuál tipo de inflamación es la que presentan. Si podemos desarrollar pruebas sanguíneas sencillas para analizar la inflamación en pacientes deprimidos, podríamos elegir los mejores fármacos para tratar a los pacientes de manera individual.
Medicina estratificada
Un grupo de científicos del Reino Unido hizo equipo con investigadores de varias compañías farmacéuticas para determinar si los trastornos del ánimo, como la depresión, y los padecimientos neurodegenerativos, como la enfermedad de Alzheimer, podrían tratarse con medicamentos dirigidos al sistema inmunológico. Este grupo recibe el nombre de NIMA (siglas en inglés de Neuroinmunología de Trastornos del Ánimo y Enfermedad de Alzheimer).
La primera etapa del trabajo de NIMA (aún en proceso) consiste en desarrollar pruebas sanguíneas y pruebas con imágenes cerebrales que identifiquen con precisión a los individuos que tienen depresión asociada con inflamación corporal y cerebral. La prueba serológica final analizará múltiples marcadores de inflamación en la sangre y dará al clínico no solo información de que el paciente presenta inflamación, sino el tipo de inflamación de que se trata. Así será posible elegir el mejor antiinflamatorio para ese paciente, lo cual mejorará las posibilidades de éxito terapéutico.
Y esta es la mejor parte del programa NIMA: producir nuevos medicamentos cuesta enormes cantidades y demora años, pero las farmacéuticas asociadas ya tienen muchos antiinflamatorios en reserva que han probado y han demostrado ser seguros en pacientes, pero que aún no están disponibles en el mercado. Los científicos de NIMA podrán seleccionar fármacos de estas reservas, probarlos para confirmar que tienen la actividad deseada y entonces, emprender pequeños ensayos clínicos acelerados con pacientes altamente seleccionados que presenten justo el padecimiento a tratar.
La nueva estrategia de identificar pacientes específicos y tratarlos con medicamentos específicos –llamada “medicina estratificada”- ya se utiliza en muchos campos de la medicina, pero la labor de NIMA significa que uno de sus primeros logros podría ser una de las enfermedades más difíciles de tratar: la depresión. Aunque administrar ibuprofeno no resolverá la depresión de todos, existe el potencial real de que muchas personas deprimidas que tienen inflamación asociada muy pronto se beneficien de tratamientos antiinflamatorios hechos a la medida.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek